El perfil del ciberdelincuente: del tópico del «pirata» solitario a los «muleros bancarios» y las bandas organizadas
La facilidad para acceder a internet ha «democratizado» el acceso a la criminalidad en línea a ciudadanos de todos los estatos sociales, aunque se pueden trazar ciertos patrones

Pablo Hernández Gamarra / Edgar Melchor
El cine, las novelas y las series de televisión han generado un cierto estereotipo del ciberdelincuente: un adulto joven, varón, solitario, inteligente, obsesivo, ególatra... Pero la realidad, hoy en día, es muy diferente y, sobre todo, muy diversa. Tanto es así que en el marco del XII Congreso de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Delito y Justicia Penal, celebrado en 2015, ya se apuntaba a que probablemente no exista un perfil estándar para este tipo de criminal.
Y es que la democratización de internet también implica que las estafas y fraudes en línea estén al alcance de cualquiera que sepa manejar, aunque sea de forma rudimentaria y a nivel usuario, un dispositivo, como apunta el doctor en Derecho penal y Criminología Sergio Cámara Arroyo, de la UNED, autor de un ensayo sobre la cuestión. Los datos oficiales sí indican un sesgo de género, con un 76% de hombres de detenidos e investigados. A partir de ahí, el abanico se abre.
Conviene realizar, en primer lugar, una primera distinción en tres jerarquías: un grupo relativamente reducido de programadores y piratas informáticos altamente cualificados; aquellos que, gracias a la facilidad de acceso a programas maliciosos, ya no requieren de conocimientos avanzados; y la presencia de un gran número de «soldados rasos».
Un ejemplo de este último estrato lo pusieron ayer, en un encuentro en FARO, tres altos mandos de la Guardia Civil de Ourense. «Hemos visto a muchos jóvenes que, por 100 euros, abren cuentas bancarias destinadas al envío de dinero estafado», explicó Alfonso Pampín Iglesias, del equipo Arroba. Mencionó, por ejemplo, el caso concreto de un chico de 18 años de Xinzo de Limia que «abrió 14-15 cuentas».

Guardias civiles expertos en ciberdelitos mantienen un encuentro con suscriptores de FARO /
Este joven ourensano se conoce en el argot como «mulero bancario» o «cibermulero». Las mafias cibercriminales los captan mediante una oferta de trabajo con apariencia más o menos real, aunque con unas condiciones laborales muy sugerentes. «Son una pieza clave en el entramado de la estafa informática conocida como phising: son los que reciben la transferencia proveniente de la cuenta corriente de la víctima y reenvían parte del dinero a los delincuentes», expone Sergio Cámara Arroyo.
En su exposición de ayer, los guardias civiles especializados también señalaron que muchas redes de estafas maniobran desde «salas con 30-40 personas en la India, China, Israel, etc.». El dato coincide con los estudios citados por el profesor de la UNED, que apuntan a un predominio de la criminalidad organizada frente a los ciberdelincuentes que actúan de manera individual. «El 50% de las bandas dedicadas al cibercrimen se componen de seis o más personas», y el mismo porcentaje de grupos han operado por más de seis meses.
Procedencia
En cuanto a las localizaciones, además de las referidas China y la India, en los últimos años África es la región en la que la actividad delictiva cibernética está creciendo más rápidamente, con Sudáfrica, Nigeria y el norte del continente como principales focos. Los que llegan a ser detenidos e investigados en España, de todos modos, son en un 85% de nacionalidad española.
Como se explicaba antes, la creciente facilidad de acceso a las herramientas con las que cometer los estafas marca que los perfiles sean más difusos en ámbitos como el social o el educativo. «Los ciberdelincuentes pueden provenir de cualquier estrato social y pertenecer a cualquier clase socioeconómica. Aunque algunas investigaciones indican que los delitos informáticos como la piratería informática son más frecuentes en las clases sociales altas, lo cierto es que el ciberespacio es un lugar, hasta cierto punto, libre de los condicionamientos de las clases sociales tradicionales o, al menos, ejerce un efecto nivelador», argumenta Sergio Cámara Arroyo.
Con todo, si se trasladan los criminales «de cuello blanco» a la red se podrían encuadrar en la categoría de «cibercriminales económicos», en la que sí es posible afinar algo más: destacan por provenir de un entorno social y demográfico diferente al de los delincuentes comunes, son en su mayor parte varones de edad más avanzada (entre los 40 y 50 años o más), tienen fuertes vínculos sociales, ser económicamente estables, tener trabajo y un nivel educativo superior a la población general.
Nivel de formación
Sin embargo, el experto en Criminología de la UNED incide en que «el ciberespacio iguala las desigualdades sociales y económicas, por lo que será frecuente encontrar perfiles de jóvenes y cada vez más presencia femenina en el ámbito de la cibercriminalidad económica».
En cuanto a su nivel educativo, tampoco existe homogeneidad. «Si bien la mayor parte de los cibercriminales son curiosos y están dispuestos a aprender, esto no significa necesariamente que quieran hacerlo a través de los medios tradicionales. Muchos cibercriminales han tenido altas cotas de fracaso escolar o, directamente, han abandonado sus estudios formales para dedicarse a aprender sobre lo que realmente les interesa. En los estudios realizados hasta la fecha, los datos arrojan la evidencia de que, en la mayor parte de los casos, los hackers tienen un nivel de estudios algo superior a la media de la población».
Los rasgos psicológicos tampoco ofrecen un retrato estándar, ya que hay muchos tipos diferentes de personalidades presentes entre los cibercriminales, aunque los más especializados en el dominio de la informática «son extremadamente creativos, brillantes, agudos y audaces, rebeldes y soñadores. Les resulta más satisfactorio tratar de aprender experimentando que mediante el estudio tradicional».
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