Carmen López: «No podemos permitir que se lleven las pantallas a la cama»
La experta en educación familiar desaconseja que los menores dispongan de un dispositivo móvil propio | Aboga porque los progenitores revisen los teléfonos de sus hijos

Beatriz Martínez y Carmen López, ayer, en Club FARO. | | PABLO H. GAMARRA

La doctora en pedagogía y experta en educación familiar Carmen López Suárez lanzó ayer en Club FARO un mensaje claro: «No podemos permitir que los menores de 18 años se lleven las pantallas a la cama, al dormitorio» .
Explicó que los expertos de Sillicon Valley que diseñaron primigeniamente las redes sociales «han conseguido que la gente se enganchara a las redes y también han logrado que no duerma. Los adolescentes han dejado de dormir porque les permitimos que se lleven el teléfono a su dormitorio».
Reflexionó acerca de que «la adicción al móvil está socialmente aceptada. La ruta neuronal por donde pasa el uso abusivo de las pantallas es la misma que cuando nos tomamos una raya de coca o nos tomamos bastantes cubatas. La adicción al móvil, a las pantallas y al alcohol va por el mismo lado. Eso quiere decir que es la misma adicción solo que una está socialmente aceptada y otra no».
Presentada por la profesora y periodista Beatriz Martínez, planteó una cuestión controvertida a la audiencia: ¿revisar es fisgonear el móvil del menor?
Reconoció que hay personas que así lo creen y que defienden que consultar el terminal de los hijos menores de 18 años es «faltar al derecho a la intimidad» de los vástagos.
No obstante, indicó que consultó con dos jueces. Uno le señaló que el Tribunal Supremo «ha dicho que no es ilegal. El otro me dijo algo muy similar». Defendió López Suárez que «hasta los 16 es necesario revisar el móvil, necesitan dar las claves, hay que velar por su seguridad».
Es más, añadió que tampoco se debería ver la televisión en familia al mediodía cuando se está comiendo, ni siquiera para ver el telediario. Dejó claro que los adultos deben predicar con el ejemplo y que tampoco deben llevar el móvil al dormitorio ni tenerlo sobre la mesa cuando comen.
Se mostró muy crítica con permitir las pantallas interactivas a edades tempranas. Para esta experta lo ideal sería que los menores de 18 años no tuviesen acceso a un dispositivo móvil propio, si bien reconoció que otras expertas abren la posibilidad a que sí lo puedan tener desde los 16.
Para ella, de cero a seis años no debe haber ningún tipo de exposición al móbil o tablet (sí estaría permitida la televisión). Entre los seis y los 11 años, podrían ver a diario entre 45 y 60 minutos de televisión pero nada de redes sociales. Tampoco las permitiría hasta los 16 o 18, aunque de 12 a dicha edad podrían ver 60 minutos de tele al día. A partir de los 16 el contacto con las redes sociales podría realizarse pero de forma gradual y nunca entre semana. En el fin de semana no debería pasar de las dos horas.
Por su parte, recalca en el libro que «las pantallas crean adicción» bien a través de las redes sociales, YouTube o los videojuegos. Señala al respecto que «son los motores de acomodación más eficientes jamás inventados. Son capaces de moldear en tiempo récord la ‘personalidad’, los gustos y la forma de pensar de un adolescente».
Añade que el algoritmo sabe mucho de «cómo funciona nuestro cerebro. Esta es la razón por la que tantas personas tienen un uso compulsivo de su teléfono móvil».
En este punto recuerda el contenido de «los papeles de Facebook» cuando una trabajadora de la empresa filtró cómo esta red social enganchó de forma intencionada a los adolescentes mediante técnicas conductuales.
«Sabían perfectamente que el cerebro adolescente no madura hasta pasados los 20 años y mientras esto ocurre lo que principalmente impulsa las decisiones y la conducta son las emociones, la intriga, la curiosidad por la novedad y las recompensas».
Un libro con utilidad urgente para las familias
Carmen López Suárez es doctora en Pedagogía y también experta en educación familiar para el uso responsable de las tecnologías. Además de ser conferenciante así como formadora también es especialista en educación en sexualidad, acoso escolar, abuso sexual y violencia de género.
Con el libro Pon límites, no pantallas ha aprovechado para compartir herramientas y estrategias aprendidas a lo largo de treinta años como docente e investigadora.
En esta publicación el primer capítulo sirve para apuntar la importancia de la disciplina, las normas y los límites a la hora de educar a los hijos. En el segundo presta especial atención a cómo mejorar la comunicación y la convivencia durante la adolescencia.
Ya en el tercero el eje lo constituyen los hábitos de estudio así como las estrategias que se pueden seguir encaminadas al éxito escolar. En este punto se volvó en resaltar la importancia de realizar los deberes y tareas escolares sin tecnología.
En el cuarto capítulo explora más el uso consciente y responsable de las tecnologías. Rematan el libro el epílogo y los recursos. Entre estos últimos incluye el proyecto Pantallas amigas o Cyberscout.
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