El conde portugués Francisco de Calheiros recibe en Madrid la Medalla Richard H. Driehaus por su defensa del patrimonio
El galardonado, figura clave en la recuperación del Camino Portugués a Santiago y muy vinculado a Galicia, reivindica que «la mejor forma de conservar el patrimonio es usarlo, permitir que siga vivo y habitado»

Francisco Calheiros. / FDV
M. C.
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acogió este jueves en Madrid la entrega de la Medalla Richard H. Driehaus a la Conservación del Patrimonio 2025, uno de los reconocimientos internacionales más prestigiosos en el ámbito de la arquitectura tradicional y la protección del legado histórico. El galardón recayó este año en el portugués Francisco de Calheiros, conde de Calheiros, por su extensa labor en la recuperación del patrimonio arquitectónico, cultural y paisajístico del norte de Portugal, así como por su compromiso con la preservación de las tradiciones y modos de vida que sostienen ese legado.
La ceremonia reunió a destacadas personalidades del ámbito institucional, diplomático y cultural. Entre los asistentes figuraban varios representantes de la comunidad gallega, que mantienen desde hace décadas una estrecha relación con el homenajeado. Participaron, entre otros, Juan Vieites, presidente de la patronal gallega; el diputado nacional Pedro Puy; el también diputado nacional y exconselleiro de Economía de la Xunta, Francisco Conde; el eurodiputado Francisco Millán Mon; la exalcaldesa de Vigo, Corina Porro; la abogada Cristina Herrero; el periodista Josemi Rodríguez Sieiro; la viguesa Lucía Molares, actual teniente de alcalde de Pozuelo; el arquitecto José Baganha, representante en Portugal de la Fundación Culturas Constructivas Tradicionales; y Pedro Cardona, exdirector de la Escuela Naval de Marín. También acudieron los embajadores en España de Portugal, José Augusto Duarte, y de Eslovenia, Tadej Rupel. No es un vínculo casual: Calheiros ejerce como cónsul honorario de este último país.

Francisco de Calheiros con su galardón (cuarto por la izquierda), acompañado por Pedro Puy, Corina Porro Juan Manuel Viéitez o Francisco Conde, entre otros. / FDV
El galardonado mantiene, además, un lazo histórico con Galicia. En 1998 la Xunta le concedió la Medalla de Galicia por su decisiva contribución a la recuperación y promoción del Camino Portugués a Santiago, así como por su colaboración en el impulso inicial del turismo rural durante el gobierno de Manuel Fraga. «Entre el norte de Portugal y Galicia existe una continuidad natural, cultural y afectiva», recordaría más tarde en su discurso.

El conde portugués Francisco de Calheiros, en su pazo en Ponte da Lima. / Ricardo Grobas
Un referente de la conservación viva del patrimonio
Nacido en una antigua familia del Minho, Francisco de Calheiros ha dedicado más de cuarenta años a la protección del Paço de Calheiros, un solar del siglo XVIII situado sobre el valle del Lima, que rehabilitó con criterios respetuosos con los materiales y técnicas tradicionales. Esa restauración no solo devolvió la armonía arquitectónica a la propiedad, sino que permitió preservar los jardines históricos, las prácticas agrícolas, los oficios locales y la vida comunitaria que dan sentido al lugar.
Su visión se expandió después al ámbito colectivo. En los años ochenta impulsó la asociación TURIHAB y creó la red Solares de Portugal, que hoy agrupa más de 120 casas históricas y constituye uno de los modelos más exitosos de turismo patrimonial en Europa. A la vez, como presidente de ADRIL, la Asociación de Desarrollo Rural Integrado del Vale do Lima, promovió durante tres décadas la aplicación del programa europeo LEADER, financiando proyectos agrícolas, turísticos y culturales para mantener la vitalidad del territorio.
Su labor ha inspirado iniciativas internacionales y ha tejido redes entre propietarios e instituciones de España, Irlanda, Francia, Italia, Alemania o Eslovenia. También promovió el Festival Internacional de Jardines de Ponte de Lima, hoy un referente nacional.
«Conservar no es guardar; es devolver vida»
Durante su discurso en Madrid, Francisco de Calheiros mostró una profunda emoción al recibir una distinción que, dijo, simboliza «una causa que me ha acompañado toda la vida: la de preservar, valorar y dar nueva vida al patrimonio histórico que heredamos».
El conde articuló su intervención en torno a una idea central que ha guiado su trayectoria: la conservación activa. «Esta medalla valora no solo las piedras y los muros, sino las historias, los gestos constructivos, las tradiciones y la identidad que habitan dentro de ellos», afirmó. Recordó que cuando emprendió la recuperación del Paço de Calheiros comprendió que la restauración debía ir más allá del edificio: «No se trataba solo de reparar paredes. Se trataba de devolver vida, de permitir que aquel espacio continuara a ser vivido, visitado, sentido».

Francisco de Calheiros, durante su discurso. / FDV
Reivindicó el turismo como herramienta de conservación y no como amenaza. «Creo que la mejor forma de conservar el patrimonio es usarlo, permitir que sea habitado, que sea fuente de encuentro, de economía y de cultura», defendió ante un auditorio que siguió su intervención con especial atención.
El homenajeado subrayó asimismo el papel decisivo del trabajo colectivo y la cooperación internacional. «El patrimonio, cuando es vivido y compartido, supera fronteras y se convierte en un lazo de identidad entre pueblos», dijo, aludiendo a su labor en redes europeas como «Europa de las Tradiciones».
Compromiso renovado
Calheiros cerró su intervención con un mensaje de continuidad: «Esta medalla no es un fin, sino un compromiso renovado: seguir luchando por la conservación viva de nuestro patrimonio, por la valorización del territorio y por la hospitalidad como marca mayor de Portugal».
La Fundación Culturas Constructivas Tradicionales destacó que el premio reconoce a aquellos gestores públicos o privados que realizan contribuciones significativas a la conservación y puesta en valor del patrimonio arquitectónico, con especial atención a España y Portugal. En el caso del conde portugués, subrayaron, se trata de «una figura pionera que ha sabido conciliar memoria y desarrollo sostenible, tradición e innovación».
El acto concluyó con un cóctel en el que asistentes y representantes institucionales felicitaron al premiado, poniendo el broche a una jornada que celebró no solo una trayectoria individual, sino también un modelo ejemplar de gestión del patrimonio compartido entre Galicia y el norte de Portugal.
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