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Vicus, a cuatro días en carro de Lucus Augusti

A pie, a caballo, en carro o con animales de carga. Elaborado por un equipo internacional de investigadores, el mapa más completo de calzadas del Imperio romano revela tiempos y distancias recorriendo las vías principales y secundarias que atravesaban Gallaecia. De Vigo a Santiago se tardaban dos días en carro de bueyes, y una jornada más si el destino era Ourense o A Coruña.

Recreación digital de un carro de bueyes transitando la antigua Hispania por una calzada romana.

Recreación digital de un carro de bueyes transitando la antigua Hispania por una calzada romana. / Itiner-e

EFE

Vigo

Punto de partida: Vicus Spacorum. Destino: la gran Lucus Augusti. A 183,4 kilómetros de distancia, el recorrido entre ambas ciudades romanas era posible realizarlo antaño en cuatro días en carro de bueyes tras recorrer el entonces vial secundario que conectaba los actuales Vigo y Redondela para, una vez en la villa de los viaductos, incorporarse a la calzada principal que conectaba Bracara Augusta-Iria Flavia-Lucus Augusti. Con animal de carga, el mismo trayecto se reducía en tiempo en más de la mitad, y a caballo era posible realizarlo en menos de jornada y media, mientras que a aquellos que no tuvieran otra alternativa que viajar a pie les quedaba por delante un itinerario de 49 horas. Eso sí, todo ello sin contabilizar los descansos naturales de tan largo camino.

Tras más de cinco años de trabajo, un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, ha logrado reunir y digitalizar en alta resolución el trazado de todas las antiguas calzadas romanas que conectaban a un imperio que, en el siglo II después de Cristo, contaba con 55 millones de habitantes y se extendía desde la actual Gran Bretaña hasta Egipto y Siria, un enorme territorio que estaba comunicado por una inmensa red de vías principales y secundarias que fueron esenciales para abastecer las ciudades fundadas y preservar el dominio.

Este «mapa de carreteras» del Imperio romano fue presentado el pasado jueves en la revista Nature Scientific Data y en él se incluyen prácticamente 300.000 kilómetros de calzadas que pueden consultarse de manera gratuita a través de la herramienta digital «Itiner-e», un nuevo atlas digital en el que también es posible revisar las vías principales y secundarias que atravesaban la antigua Gallaecia, itinerarios que se pueden imaginar a través de los distintos medios de transporte de la época gracias a los filtros que permite precisar «Itiner-e».

Mapa de «carreteras» del Imperio Romano en Galicia

Mapa de «carreteras» del Imperio Romano en Galicia / Hugo Barreiro

Tomando como punto de partida a la antigua Vicus es posible cotejar las antiguas distancias entre Vigo y las grandes ciudades gallegas de hoy en día. Así, para desplazarse a Assegonia, población romana en la actual Santiago de Compostela, el trayecto en carro de bueyes podía realizarse en dos días, en menos de una jornada en animal de carga, en medio día a caballo y en 19 horas a pie. Si el destino era Brigantium (A Coruña), los tiempos era muy similares al desplazamiento entre Vicus y Auriensis (Ourense), puesto que se superaban las tres jornadas en carro, un día y medio en animal de carga, uno a caballo y unas 40 horas a pie. En cuanto a Pontevedra, identificada como Ad Duos Pontes en el «mapa de carreteras», era posible alcanzarla en carro en 20 horas, en 10 a pie, en 9 en animal de carga y en tan solo 6 a caballo.

Otro aspecto interesante del atlas digital de calzadas romanas es que permite comparar el trazado de antaño con el de los viales actuales y en el caso concreto de Galicia es posible comprobar, por ejemplo, cómo el esquema de la AP-9 es prácticamente es idéntico. Sucede lo mismo con las infraestructuras que conectan A Coruña y Ourense con Lugo, mientras que la conexión que mayor variación presenta con respecto al trayecto romano es la establecida entre Santiago y la capital lucense.

En el trazado revelado recientemente es posible consultar que no figura ninguna vía principal ni secundaria romana en la Península do Morrazo ni en el entorno de A Lanzada, lo que contrasta con la cantidad de segmentos secundarios que se dibujan en la Península do Barbanza. Asimismo, otro punto desangelado en la red de carreteras del Imperio romano a su paso por Galicia que llama la atención es el área más septentrional de la comunidad, entre Ferrol y Foz.

Una red esencial para el mantenimiento del Imperio

La red de carreteras fue esencial para el desarrollo económico y para el mantenimiento del Imperio romano, pero también constituyó un elemento clave para canalizar aspectos menos tangibles de la historia como las migraciones, la expansión de las ideas y creencias (como el cristianismo) o epidemias «como la de Justiniano o la de Antonino», según apuntó a EFE el investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del estudio Pau de Soto.

En concreto, el investigador aseguró que «si no conocemos estas carreteras es muy difícil saber cómo se movían los productos, la migración o las enfermedades. Contar con este mapa permitirá a otros científicos hacer nuevos estudios mucho más complejos y completos sobre cualquier aspecto de la Antigüedad e incorporar el factor de la movilidad a todo el imperio».

El equipo internacional de trabajo utilizó registros arqueológicos e históricos, mapas topográficos e imágenes satelitales y la ayuda de cientos de colaboradores, que se ocuparon de aglutinar todos los mapas existentes hasta entonces. En este sentido, los investigadores efectuaron una adaptación de cada tramo a las peculiaridades geográficas del territorio, arrojando así nuevas vías en la península ibérica, Grecia y el norte de África, entre otras regiones, y tramos de carretera que cruzan montañas en trazados sinuosos que antes figuraban como líneas rectas. En total, «Itiner-e» contiene 299.171 kilómetros de carreteras frente a los 188.555 kilómetros conocidos anteriormente, y distribuidos en 103.478 kilómetros (34,6 %) de carreteras principales y 195.693 kilómetros (65,4 %) de vías secundarias.

La importancia de las calzadas romanas ha sido documentada a lo largo de la historia y para poder desarrollar este proyecto los investigadores recurrieron a documentos oficiales romanos como el «Itinerario de Antonino», que recopilaba las rutas del Imperio, o a la «Tabula de Peutinger», un mapa medieval que ilustraba la red de carreteras de la época.

El diseño de estas vías no solo permitía conectar las ciudades importantes, sino que además servía para unir «grandes ejes como el del Mediterráneo o la vía de Plata» –la antigua calzada romana que en la actualidad es una de las principales rutas de peregrinación del Camino de Santiago– que han inspirado o servido de base a muchas rutas actuales en Europa y Oriente Medio, apuntó en declaraciones a EFE Pau de Soto.

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