Trampas para velutinas: ¿más daño que beneficio?
Científicos gallegos alertan de que el trampeo masivo contra la avispa asiática es ineficaz y dañino
Avispas velutinas atrapadas en una trampa casera en Ourense. / Iñaki Osorio
Cerveza, azúcar, jabón de lavavajillas, zumo... Muchos son los ingredientes que el ingenio gallego ha probado como cebo para elaborar trampas caseras para las velutinas. Pero, ¿de verdad sirven para atajar el daño de este insecto invasor? Investigadores de la Universidade da Coruña advierten que el empleo masivo de estas trampas para combatir la Vespa velutina no sólo es ineficaz, sino que puede tener consecuencias negativas sobre la biodiversidad.
En un estudio publicado en la revista científica «Pest Management Science» y difundido esta semana en el portal divulgativo «The Conversation», los científicos analizaron el impacto de esta especie invasora en viñedos gallegos. «Esta avispa es muy conocida por predar sobre las abejas melíferas, provocando grandes daños en la apicultura, y por consumir diferentes alimentos, como productos hortofrutícolas. Además, puede ser peligrosa para las personas porque sus picaduras son capaces causar reacciones alérgicas graves, lo que genera mucha preocupación en la población», admiten los investigadores.
El estudio concluye que los daños en los viñedos varían según la zona, pero no dependen ni del contenido de azúcar de la uva ni de la colocación de trampas. El problema, subrayan, es que estas trampas no son selectivas: hasta un 90% de los insectos capturados pertenecen a otras especies, muchas de ellas polinizadoras en declive. En otras palabras, la colocación masiva de dispositivos no reduce las pérdidas agrícolas.
El artículo, firmado por Yaiza R. Lueje, Jaime Fagúndez y María J. Servia, apunta a un preocupante efecto colateral sobre la biodiversidad: ninguna trampa, ni casera ni comercial, es totalmente selectiva. El impacto real sobre los insectos polinizadores es difícil de evaluar, pero los datos disponibles apuntan a un riesgo elevado.
Los autores recuerdan que el principio de precaución aconseja no aplicar medidas con efectos negativos potenciales cuando no existe evidencia científica de su eficacia. En este caso, aseguran el trampeo no protege a los cultivos ni a las personas, y además amenaza a insectos beneficiosos.
El llamamiento de los investigadores es claro: las administraciones, el sector agrícola y a la población afectada deben replantear esta estrategia y apostar por alternativas basadas en ciencia sólida. Como señalan, «los problemas ambientales son complejos y rara vez pueden solventarse con soluciones rápidas y fáciles».