Entrevista | Rosa Gasa Arnaldich Investigadora del IDIBAPS de Barcelona
«Una terapia celular, si funciona bien, podría ser una ‘cura’ para la diabetes»
Alrededor de 1.500 profesionales relacionados con el estudio y abordaje de la diabetes se citan en el XXXVI Congreso Nacional de la Fundación de la Sociedad Española Diabetes (FSED), en A Coruña

La investigadora Rosa Gasa / FdV

El contenido científico del XXXVI Congreso Nacional de Diabetes, que tiene lugar hasta el 25 de abril en A Coruña, está organizado en tres itinerarios diferenciados (científico, clínico-formativo y psicoeducativo), con 12 mesas redondas, 10 sesiones de comunicaciones orales y 8 encuentros con el experto. Uno de esos encuentros corre a cargo de Rosa María Gasa Arnaldich, investigadora del Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS) de Barcelona: «¿Estamos cerca de una terapia celular para la diabetes?».
-¿Qué es la terapia celular para la diabetes y qué ventajas ofrece?
-La terapia celular se refiere, en este contexto, a un tipo de terapia en el que lo que se quiere es restituir, de alguna manera, la producción de insulina del cuerpo, para que la persona con diabetes pueda prescindir de la administración de insulina exógena, que su propio cuerpo la produzca.
-¿Y en qué punto está esa terapia celular?
-La terapia celular en diabetes empezó ya hace muchos años. Una de las primeras aproximaciones fue el trasplante de islotes pancreáticos de donante, pero ha sido una terapia con muchas limitaciones, entre ellas la escasez de donantes y las dificultades que tiene la extracción de los islotes. Además, también hay que tener en cuenta que el receptor tiene que llevar un tratamiento inmunosupresor y que estos trasplantes no son duraderos, por lo que igual sería necesario más de un trasplante en la vida.
-¿Qué paciente sería el candidato idóneo para esta terapia?
-En general, son pacientes con diabetes tipo 1 que tienen unos controles glucémicos muy malos, o que tienen muchas hipoglucemias inadvertidas, o a los que les van a trasplantar, por ejemplo, un riñón y, como ya van a necesitar un tratamiento inmunosupresor, se puede aprovechar y trasplantar también los islotes. Pero es un número muy reducido de pacientes que lo han recibido.
-¿Y cómo se plantea el futuro?
-Las nuevas terapias celulares están encaminadas a buscar otras maneras de generar estas células sustitutas que se puedan trasplantar, que las podamos generar en el laboratorio para que sea mucho más fácil y podamos llegar a una mayor cantidad de personas con diabetes.
-¿Sería esa la gran esperanza para muchos pacientes?
-Sin duda. De hecho, donde se ha avanzado más es en la creación de estas células a partir de células madre pluripotentes. Hay ya ensayos clínicos en este sentido y los resultados que tenemos hasta el momento son buenos. Parece que las personas trasplantadas prescinden de la administración de insulina, lo que quiere decir que son funcionales. Esto ha sido un gran avance, pero queda mucho por hacer porque falta ver si al cabo de cuatro, cinco o seis años estas células van a seguir siendo funcionales.
-Suena prometedor.
-La diabetes es tan heterogénea que habrá pacientes a los que les vaya ideal tener un páncreas artificial o un sensor con un infusor con algoritmo, pero habrá otros a los que esto no les funcione y podrán tener la solución o perspectiva de una terapia celular. Igual no será una terapia para todos, pero la idea es que pueda ser para aquellos que realmente la necesiten.
-¿Y nos acerca más a la cura de la diabetes?
-Una terapia celular, si funcionara bien, podría ser una «cura», porque en el momento que funcione te olvidas de la monitorización que tiene que hacer el paciente cada día de su enfermedad. Casi sería lo más próximo a una «cura», si llega a funcionar correctamente.
-¿Falta muchas claves por alcanzar para eso?
-Lo que tenemos hasta ahora es muy esperanzador. Los retos que tenemos por delante son mantener estas células funcionales durante mucho tiempo en el organismo, idealmente, durante toda la vida del paciente. También llegar a protocolos que sean menos costosos de los que hay en la actualidad para que puedan llegar a un mayor número de pacientes.
-En cuanto a la inmunopresión, ¿el autotrasplante es una opción?
-El futuro sería pasar a células pluripotentes inducidas (iPSC), que derivan del propio paciente. Otras alternativas que están en etapas más iniciales, pero en las que también se está avanzando, sería generar estas células sustitutas para trasplante a partir de células del cuerpo, sin pasar por el estado pluripotente.
-¿Por ejemplo?
-En nuestro grupo, por ejemplo, estamos intentando diseñar protocolos a partir de células de la piel. Esto está aún más lejos de la clínica, pero serían protocolos más fáciles, más sencillos. Además, estos estados de pluripotencia se asocian, a veces, al riesgo de tumores. Las terapias con células madres siempre tienen este peligro que se tiene que tener muy controlado.
-Otro reto es el de encontrar las causas de la enfermedad.
-Claro, todo esto tiene que ir acompañado con el desarrollo de terapias relacionadas con el sistema inmunológico porque, de alguna manera, estas células que trasplantemos se tienen que proteger del ataque autoinmune. ¿Cómo vamos a inducir tolerancia a estas células trasplantadas?
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