Cirugía bariátrica: más allá del quirófano
Luisa Fervenza se sometió a un baipás gástrico hace dos años. El primer año trató de gestionar cómo pudo su nueva vida tras el paso por el quirófano, pero se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Lucía Terzi, Vanesa Hernández y Eva Abadín han creado el programa LUVE Bariátrica para atender en el área de Vigo a estos pacientes

Luisa Fervenza, en la consulta de la nutricionista Lucía Terzi. / Pablo Hernández Gamarra

El exceso de peso es uno de los problemas de salud más urgentes a escala mundial. Más de la mitad de la población del planeta sufrirá sobrepeso y cerca de una cuarta parte obesidad en 2035, según un estudio realizado por la World Obesity Federation. En España, según advierte la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), la obesidad (cuyo día mundial se conmemora este 4 de marzo) y el sobrepeso se han multiplicado en los últimos años y afectan ya al 55% de las personas adultas y a un tercio de niños y adolescentes.
En este contexto, la cirugía bariátrica se presenta como una de las opciones más efectivas para tratar la obesidad grave cuando otros métodos, como dieta y ejercicio, no funcionan. Existen diferentes tipos de intervención, como el baipás gástrico, la gastrectomía en manga o banda gástrica, pero los estudios recientes destacan que entre el 20 y 30 por ciento de los pacientes recuperan peso tras la intervención si no reciben el seguimiento adecuado.
«El problema no es la cirugía en sí, sino lo que viene después. Los pacientes necesitan una estructura de apoyo que les ayude a mantener los resultados y evitar recaídas», subraya la nutricionista clínica Lucía Terzi, cofundadora junto a la psicóloga Vanesa Hernández y la entrenadora personal Eva Abadín del programa LUVE Bariátrica, diseñado para dar cobertura y acompañamiento a estos pacientes en el área de Vigo.
La moañesa Luisa Fevenza, operada hace dos años, constata la necesidad de este acompañamiento tras la operación. En el primer año tras el paso por quirófano trató de gestionarse ella sola, según las indicaciones que recibía en sus consultas de seguimiento médico. «Fue muy difícil porque tienes que cambiar mucho los hábitos de comida y a nivel emocional te cuesta porque yo seguía viéndome gorda; iba a las tiendas de ropa, pero seguía viendo las tallas grandes», reconoce: «Te operan el estómago, pero no te operan el cerebro y, para mí, es lo más complicado, porque necesitamos acompañamiento psicológico antes y después de la operación».

Luisa Fervenza,en la consulta de la nutricionista Lucía Terzi. / Pablo Hernández Gamarra
En este programa es la psicóloga Vanesa Hernández la que se encarga del apoyo psicoemocional de los pacientes a través de estrategias basadas en terapia EMDR, mindfulness y terapia cognitivo-conductual, diseñadas para abordar la relación emocional con la comida, fomentar la autoestima y gestionar la ansiedad. «Son pacientes que se sienten un poco perdidos, un poco solos y desorientados también», destaca. «Suelen ser perfiles que arrastran mucho malestar a nivel psicológico y si eso no se aborda funciona como un lastre de cara a mantener, después de la cirugía, los hábitos que deben adquirir para evitar recuperar el peso perdido. Hay ahí una especie de demanda un poco silente y el objetivo es cubrirla», añade sobre la creación de este programa (de 18 meses de duración), que no solo busca mantener la pérdida de peso, sino mejorar la calidad de vida a nivel físico, emocional y social.
«Creo que el mayor miedo que tenemos es volver al peso que teníamos antes»
«Para que los pacientes puedan coger las riendas de lo que va a ser su nueva forma de vida y para que lo tengan todo perfectamente integrado e interiorizado se requiere tiempo, porque el cerebro no va tan rápido como queremos», insiste Vanesa Hernández. «Además de hacer una historia emocional de la obesidad, en la que ver cómo hemos llegado hasta aquí, cómo nos hemos relacionado con la comida y qué estrategias de regulación disponemos, también está la parte en la que deben adaptarse a su nueva imagen corporal, porque hay casos en los que, si han experimentado una bajada de peso significativa, no se reconocen en el espejo».
«Yo creo que el mayor temor de todos los que estamos operados es volver al peso que teníamos antes», constata Luisa Fervenza, que pesaba 111 kilos cuando se operó y que llegó a perder la mitad de su peso.
«El abordaje de la obesidad debe ser global. Ningún cambio es sostenible si solo se trabaja en un aspecto», dice Lucía Terzi, que planifica planes alimenticios individualizados enfocados en la educación emocional y el control de hábitos perjudiciales.
Y en este abordaje integral, la parte del ejercicio físico («cuando el cuerpo se lo permita») es fundamental, apostilla Eva Abadín, entrenadora personal especializada en readaptación física y entrenamiento funcional. «No solo va a cambiar cómo se ven, sino que hará que se sientan mejor, que tengan más energía, que mejoren, en general, su calidad de vida», expone: «Muchos pacientes llegan con muchos miedos, nunca han practicado deporte, son gente totalmente inactiva, pero yo siempre les digo que no necesitan entrenar como atletas. Se trata de progresar poco a poco».
«Hay que tener en cuenta que son personas que llegan ya a la cirugía mermadas a nivel emocional, porque han tenido que verse con la estigmatización a nivel social, con una autoestima bastante mermada y es importante empoderarlos y motivarlos para que se convenzan de que sí pueden mantener una vida con unos hábitos saludables para no volver a recuperar ese peso», apuntan.
«Está documentado que, a largo plazo, sin una correcta reeducación en hábitos saludables es posible una recaída y volver a recuperar el peso», dice la nutricionista. «Se trata de crear hábitos saludables y generar adherencia a cada uno de ellos, que cada persona pueda sentirse bien no solo por los kilos perdidos, sino porque ha aprendido a cuidarse de una manera consciente y sostenible», concluye Eva Abadín.
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