María de la Luz, mujer maltratada: «Por mí, por las demás»
Una viguesa narra en primera persona su experiencia como víctima de violencia machista

Miles de vigueses participan en la manifestación por el centro de la ciudad convocada por Plataforma Resposta Feminista con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género / José Lores
FDV
Ayer, mientras le explicaba a mi hijo lo que era el amor entre lágrimas, entendí que quizá nada es suficiente para lograr acabar con esos seres inmundos que viven entre nosotros. Pero entendí también que no me podía rendir.
Por mi hijo.
Por mí, por las demás.
No solo me maltrató a mí, maltrató a mi familia y a mis amigos. El maltrato era físico y psicológico. El físico fue fácil de ocultar en ocasiones.
Lo disimulaba todo, pero el interior no se cura fácilmente. Tras casi tres años de terapia grupal, he de decir que gracias a ellas estoy mejor. He aprendido a quererme, respetarme y entenderme. He aprendido las bases de la vida para ser feliz, para seguir adelante.
Pero durante muchos años estuve en la miseria, y no económica, aunque también, sino en la miseria a la que alguien quiso llevarme con sus continuas faltas de respeto.
«Eres una puta». «¿A dónde vas así vestida?». «¿Con quién te acostarías para conseguir tu trabajo?». «Tus amigos se ríen de ti». «Puto desastre».
Yo, sin estereotipo de mujer maltratada, lo fui. Estudios superiores y un trabajo estable, en el cual no he tenido ni un solo problema. Y guapa, sí, hoy puedo decirlo. Me siento muy guapa.
Mantengo mis amistades desde pequeña, y por suerte tengo una familia perfecta, para mí. Sin ella, esto tampoco hubiera sido posible. Son mi fuerza y mi apoyo siempre.
Pero… dio igual todo esto. El ser inmundo apareció y me conquistó como a todas, por sus palabras, sus encantos, todo eso que logra hacerte sentir especial, diferente, pero también el mayor engaño.
Es ese proceso mental el que te confunde cuando recibes el primer empujón, puñetazo o insulto, ya que tu mente no inmunda no está preparada para entender cómo alguien que te tiene en un pedestal, de pronto te lleva al inframundo.
Esa es su fuerza y tu debilidad. Tu mente comienza a confundirse de tal manera que sólo quiere complacer a ese ser para que no te lleve al subsuelo, para que te siga tratando «bien».
En ese proceso te olvidas de cómo eres, de lo que sientes, del bien y del mal. Te olvidas de ti, de tus valores, de tus necesidades, y te conviertes en lo que él quiere. Llegas a creer que conoces su mente, que lo controlas y que, estando a su lado, vas a evitar que su mente atroz cometa faltas…
Pero es mentira. Te engañas a ti misma de tal manera que todo -y cuando digo todo es todo- llega a ser normal.
¿Normal?
Es normal que alguien te diga que si nos juntamos con tu familia prepárate para lo que pueda suceder, ya que tú me los vas a poner delante y por tu culpa tendré un problema con ellos.
Normal es que te echen de casa embarazada.
Normal es que te llamen un montón de veces al día para controlar dónde estás o con quién estás y que si no coges el teléfono el castigo es acusarte de puta o apagar su teléfono durante horas para hacerte sentir culpable mientras lees sus mensajes de «no has cogido el teléfono, ¿con quién estarías ocupada?», mientras tú a lo que te dedicabas era a estar en un cumpleaños con tu hijo.
Normal es verme al espejo con un ojo morado, con la nariz sangrando y escuchar que es por mi culpa. Yo lo provoqué, porque hablé, porque hice, porque no hice, porque estaba allí, porque no estaba allí. Daba igual; la cuestión es que la culpa siempre era mía y merecía esa actitud, merecía que él me tratase así. ¿Quién merece eso? Ni un animal, ¿verdad?
Esa culpa hace que sólo sientas miedo; el miedo no te deja reaccionar; no te deja ver con claridad. Es como cuando un niño ve una sombra e imagina un fantasma. El miedo no te deja ver que es sólo una sombra. A mí el miedo no me dejaba ver esa realidad y la culpa me hacía sentir cada vez más pequeña.
Dejé de ser yo, me convertí en lo que él quería, hasta que me vi al espejo un día y alguien me dijo: «Si tú no lo haces lo haré yo; yo le denunciaré».
Ahí cambió todo, pero empezó otro proceso más duro, el de enfrentarte a la realidad, tu realidad personal y la realidad social que nos tiene engañadas a las mujeres maltratadas.
El discurso es muy bonito. «Denuncia», «Hazlo por ellos», «Violencia o…». Me río de esos eslóganes. Sí, me río y mucho.
Tres años después de denunciar al que es el padre de mis hijos, él ha sido absuelto.
El parte de lesiones
Todo acabó y empezó aquel día, mi cara y mis piernas tenían las marcas de un día más. El parte de lesiones confirmó ese estado. Una psicóloga que me dice «debes ir a que te vean esos golpes» y una médica de cabecera preocupada por mi estado de salud y que me indica cuál es el procedimiento a seguir, empezaron esta parte de mi vida en la que aún sigo.
A pesar de aquella médica sin conocerme de nada, se ofreció acompañarme a la policía, yo no pude denunciar ese día y me fui a casa. Era duro…
¿Cómo iba yo a hacer eso?, ¿Denunciar? ¿Al padre de mis hijos? ¿Y qué le pasaría? ¿Yo sería la culpable de lo que le pasase?
Otra vez la culpa, esa que él me enseñó a sentir y el miedo.
¿Qué clase de mujer sería yo? ¿Qué buena mujer denuncia al padre de sus hijos?
Ahora puedo responder.
Yo y otras muchas. Eso nos hace buenas, nos hace valientes.
Familia
Pero volví a casa e intenté seguir, creía que eso era lo correcto. ¿Intentar una vez más conseguir una familia… pero qué familia? ¿Soy culpable por ello? En ninguna familia se debe permitir ese tipo de faltas de respeto.
Él mismo se sentenció ante mí cuando una vez más dijo esas palabras mágicas que en otras miles de ocasiones funcionaron, «perdona», «no volverá a suceder», «todo cambiará». Pero esa vez esas palabras provocaron en mí el sentimiento contrario.
Salí de mi casa sin mirar atrás. Dejé a mis hijos con ese ser inmundo. Llovía, llovía mucho, pero por fin tenía fuerzas para dar un paso más.
Durante esos días, había recibido ayuda psicológica del 016, CIM y demás instituciones, pero tampoco sirvió para que alguien entendiese por qué tardé en poner la denuncia. «¿Cómo es posible que no lo hicieras ese día, esos días en los que eso sucedía?, aún me lo preguntan hoy y sé que es difícil de entender para quién no ha vivido este proceso de transformación.
Quien está en este lado sabe que nuestra mente confusa y culpable no ve la maldad con la que ellos nos tratan. Si la viésemos no seríamos mujeres maltratadas. Si la viésemos no lo hubiéramos permitido, no necesitaríamos ayuda, no existiría el eslogan «denuncia»… pero qué curioso… «eres o no eres maltratada? Pues sí...y como tal, no estás preparada para reaccionar como una personal normal, ya que él ha enseñado a tu mente a complacer a una persona que te pega y te humilla… No puedes defraudarle.
Además en tu mente no inmunda, lo que aún queda de tu mente normal, le estarías dando la razón: serías mala y culpable por denunciarle… pero realmente él se lo merece.
Policía
Aquel día aquellas palabras hicieron que saliese de mi casa. Me quedé en el coche durante unos minutos. No sabría decir cuántos, necesitaba hablar, explotar, ¿con quién? ¿con mi familia una vez más?, ¿para qué? ¿para volver a preocuparles y no reaccionar? No, ese día no. Ese día me fui a la policía y hablé. Conté todo a aquella persona que me escuchó y me entendió, pero lo más importante fue que me dijo que aquello no era normal. Aquella persona vestida de calle que yo pensé que era un psicólogo era de la UFAM y me estaba diciendo que tenía que detener al padre de mis hijos.
En aquel momento se me vino el mundo encima, ¡¡¡¿cómo?!!!, ¡¡¡¿qué dices?!!!, le dije yo y me volvió a repetir: «Eso es un maltrato y tengo que detenerle».
Entre lágrimas le dije: «No puedes, él está con mis hijos. No puedes ir a buscarle delante de mis hijos». Él me dijo: «Te doy 24 horas, si tú no denuncias actuaré de oficio e iremos a por él en cualquier momento, así que mañana te llamo. No puedo como policía permitir que después de todo lo que me has contado, dejarte ir a casa sin preocuparme».
Al día siguiente me llamó, claro que me llamó. Dejé el puesto de trabajo sin decir adónde iba, fui a la policía y puse la denuncia, los protocolos se activaron y fueron a buscarle. ¡Qué duro fue!.
Esa tarde le conté todo a mi familia; mi mejor amigo ya lo sabía, le había contado mis pasos en todo momento, él se limitaba a escuchar y apoyarme una vez más.
El ser inmundo pasó la noche en el calabozo y yo en mi condena personal de culpa y miedo.
El juicio
Al día siguiente valiente de mí me fui sola al juicio rápido. ¿Rápido? Entré a las 9 y salí sobre las 20 horas entre esperar y declarar. Mi cara estaba desencajada. Él, muy bien acompañado. Yo sola porque yo había querido y con una abogada de oficio que me decía que no teníamos nada que hacer, ya que era su palabra contra la mía.
Yo no entendía nada. Me dijo que el parte de lesiones no estaba en el juzgado. Menos mal que en la policía me lo advirtieron y yo llevaba una copia conmigo.
Mi abogada ni me había preguntado mi nombre ni lo que había sucedido. A ella yo le daba igual; simplemente le toqué ese día ya que ella estaba de oficio pero no tenía ni idea de mi vida. ¿Cómo iba a defenderme?, ¿Cómo van a defendernos de esa forma?
Al enseñar el parte, entramos a juicio y salimos sin nada, las conclusiones después de miles de preguntas que te hacen un estado de ansiedad tremendo, en un estado de presión, de incertidumbre, indefensión, en un estado en el que te sientes pequeña porque en eso te han convertido. En ese estado debes afrontarlo para denunciar lo que ha pasado sin llorar pero con credibilidad. Pero eso, ¿cómo se hace si durante mucho tiempo han hecho que no creyeses en ti misma? Él ha hecho ese trabajo. Pues sí, se hace lo mejor que se puede.
Debes justificarte y justificar por qué has aguantado esa situación ante alguien que no ha vivido eso y que no está preparado para entender por qué tú has consentido. Igual que no lo entenderéis muchos de los que estáis leyendo esto. ¿Cómo pueden juzgar si nunca van a entender el por qué?
Salí de allí acompañada de mi fortaleza, mi madre, sin orden de alejamiento, sin medidas con mis hijos y más perdida que nunca.
No volví a mi casa pues él podría estar allí. Yo tenía un policía custodio y sólo me quedaba CURARME PARA PODER VOLVER A SER YO Y CUIDAR DE MIS HIJOS. Fue lo que hice.
Apoyo
Busqué ayuda en mi familia, amigos y en Rede de Mulleres Veciñais contra os Malos Tratos de Vigo. El conjunto fue mi salvación. Gracias a todos hoy tres años después soy la mujer que siempre quise ser, simplemente yo misma con mis defectos y virtudes pero yo. Tres años después de que aquella jueza dijese que debía investigar para saber si fue un maltrato puntual o continuado os podéis imaginar cómo transcurrió ese tiempo.
Él, por su parte, publicó de todo sobre mí en las redes sociales sin mi nombre; así no podemos culparle. Manejó a mis hijos a su antojo y presentó documentación falsa en el juicio, pero una vez más la justicia lo debió considerar algo normal, ya que mentir en los juzgados es lo que hace la gente ¿verdad? Pues yo no he mentido nunca.
Del juicio de violencia de género, resultó absuelto. ¿El motivo? Mi parte de lesiones inicial coincide con las lesiones que describe el perito judicial y coincide exactamente con mi declaración.
Esta, tal y como dice la fiscal ha sido la misma desde el principio, pero existe un problema. La médico de cabecera ve todas mis heridas, ve de lo que yo me quejo, piernas brazos y cara. Cuando me ve la forense judicial unos días más tarde, --pues como conté no fui capaz de denunciar ese mismo día de las agresiones- esta forense me desnuda y ve marcas en mi espalda que coinciden con el relato de los hechos que yo describo, pero que no habían sido vistas por la médica de cabecera.
Esto fue un arma arrojadiza para el abogado de él. ¿Cómo podía ser posible que yo tuviera esas marcas días después? ¿Cómo no me las habían visto? Fueron insinuaciones que entiendo que desvirtuaron mi versión, ya que debe ser más creíble que yo me hice las marcas, que yo planeé mi discurso y que yo mandé a alguien que me pegase.
Me pregunto una y otra vez ¿cómo puede ser posible que coincidiendo mi relato, la verdad, con el de hace tres años y coincidiendo mis golpes con lo que yo describí que viví y la fiscal declarándole culpable precisamente porque todo esto coincide, al final se considere que no está claro y que quede absuelto.
Pero entonces ¿de qué eran esos golpes?
Él me pegó, esa es la verdad, la única verdad. ¿Y ahora qué? ¿Denunciar para qué? ¿Para que duden de ti, de por qué tienes las marcas?
Tres años de recuperación, superación, justificación y lucha para que alguien vuelva a hacerte sentir pequeña, para que ese sistema que te dice «Denuncia» te dé la espalda y vuelva a cuestionarte como él lo hacía.
Triunfo
Tu mente tiene que ser muy fuerte para superarlo y lo es.
Oigo sus risas en mi cabeza; sueño con él casi todas las noches y no por algo bueno; lo veo en todas partes y sigo teniendo miedo.
Su mayor triunfo sería mi locura, pero no lo conseguirá.
Mi mayor triunfo es seguir adelante todos los días con la cabeza alta a pesar de que me sigan cuestionando.
Mi mayor triunfosería conseguir que de verdad se acabase con esos seres inmundos para que las mujeres que hoy son pequeñas no se encuentren con ellos.
Pero no será posible mientras el sistema siga dudando de nuestras palabras, unas palabras que el mismo sistema ha querido que gritásemos para denunciar el maltrato.
Es fácil denunciar a un maltratador cuando la situación es extrema como una muerte, lo difícil es culpar al ser inmundo que se disfraza de príncipe encantado y vive entre nosotros buscando su siguiente princesa a la que destruir.
- Hacienda tumba en masa las reclamaciones de marineros por la exención de IRPF
- Un muerto y tres heridos en una colisión frontal en Redondela
- El Celta cae por aplastamiento
- Revés para un desarrollo urbanístico clave en Vigo, al exigir la Xunta un examen ambiental más riguroso
- Ordenan investigar la fuga de gases cancerígenos en el IEO de Vigo
- Portugal se engalana de Natal: diez ciudades de cuento por Navidad
- La nueva empresa estatal de vivienda elige Vigo para estrenarse: 67 pisos saldrán al mercado de manera inmediata a precio «asequible»
- Así crecerá el nuevo «gigante» en Bouzas: Puerto de Vigo, Stellantis y constructoras estudian levantar el nuevo silo en una fase
