Parejas rotas
Hijos que rechazan a uno de los progenitores tras un divorcio: no es rebeldía sino una "respuesta emocional"
Los psicólogos recomiendan a las familias acudir a terapia para tratar el conflicto de lealtades en el menor y buscar, sin juzgar, las causas del rechazo

Páginas del cuento infantil 'Cuando mi corazón tiembla' / / Editorial Sentir
Olga Pereda
“¿Quieres saber un secreto? Mis padres discuten mucho, incluso delante de mí, parece que no me ven. Me hace mucho daño verles discutir”. El que habla es Koke, protagonista de ‘Cuando mi corazón tiembla’, un cuento infantil escrito por el psicólogo clínico José Luis Gonzalo Marrodán, experto en tratar el duelo en la infancia. Editado por Sentir, el libro habla sobre una situación muy frecuente en las consultas psicológicas: el dolor, la incertidumbre y la sensación de pérdida que tienen los menores tras la separación o el divorcio conflictivo de sus progenitores. Al igual que los abogados de familia, los psicólogos afirman que cada vez hay más menores que, en esas tesituras complicadas y delicadas, optan por permanecer fieles a uno de los dos adultos y rechazan al otro. Es un asunto que se puede, y debe, tratar con psicoterapia.
"Cada vez más menores eligen temporalmente a uno de los dos progenitores, es el llamado conflicto de lealtades"
La experiencia de los abogados de familia demuestra que, en España, uno de cada cuatro divorcios no llega a acuerdo amistoso y uno de cada 10 es altamente conflictivo. “Cada vez vemos más en consulta a menores que, tras un juicio por divorcio o una situación de conflictividad interna en la pareja, se sienten abandonados y eligen temporalmente a uno de los dos progenitores. Es lo que llamamos un conflicto de lealtades. El menor, por supervivencia y sentido de pertenencia, busca la alianza con uno de los dos adultos. No es una actitud que podamos achacar a la rebeldía, sino una respuesta emocional a una situación complicada, dolorosa y alargada en el tiempo”, afirma Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria y directora de Sentir.
Los expertos apelan a madres y padres q tener una "cultura del divorcio responsable" en beneficio de sus hijos e hijas
La experta recuerda que los divorcios puede ser experiencias traumáticas en función de la etapa evolutiva y las circunstancias de cada menor y pide a los progenitores que, una vez hayan decidido dejar de ser pareja, mantengan su responsabilidad hacia sus hijos e hijas. Es lo que los expertos llaman "cultura del divorcio responsable".
Sufrimiento
“El mundo adulto a menudo minimiza la repercusión que la separación de los padres tiene en los niños y adolescentes. Se les exige funcionar y adaptarse rápido a una nueva vida que ellos no han elegido, sin ser conscientes de que muchas de las manifestaciones valoradas como síntomas de trastornos son, en realidad, la expresión de un sufrimiento por su situación personal”, explica el psicólogo José Luis Gonzalo Marrodán en otro libro, también de la editorial Sentir y dirigido a adultos: ‘Cuando el corazón calma. Una alianza de divorcio con buenos tratos’.
El adulto con el que el menor sí quiere estar debería fomentar la reconciliación, siempre que sea viable
La directora de Sentir asegura que, a veces, los menores se sienten influenciados por uno de los dos progenitores después de escuchar sus constantes críticas a la otra parte en presencia del niño o la niña, algo que los padres deberían evitar. El adulto con el que el niño sí quiere estar debería, según Bermejo, brindar apoyo emocional, no descalificar al otro y fomentar la reconciliación. “También debe trabajar junto al terapeuta para ver si es viable esa reconciliación porque, a veces, se trata de un problema ‘más sencillo’ de abordar en terapia como una dificultad en la comunicación”.
Los expertos avisan de que si hay maltrato o negligencia, todo cambia
Bermejo recomienda psicoterapia para poder superar las situaciones enquistadas. No se busca, sin embargo, la conciliación inmediata con el progenitor rechazado. Más bien, el trabajo del profesional es buscar las causas del rechazo y, sin juzgar, brindar un espacio seguro para expresar emociones y vivencias. La psicóloga sanitaria recuerda que el objetivo de las sesiones consiste en promover la comunicación y el diálogo con la parte rechazada, pero añade que si hay maltrato o negligencia todo cambia. En esos casos, el trabajo del terapeuta consiste en “ayudar a los menores a entender que hay adultos negligentes o violentos de los que hay que protegerse, aunque sean su padre o su madre”.
La psicóloga destaca que el objetivo fundamental es el bienestar de los menores, no de los adultos. De ahí la importancia de que los niños y las niñas no reciben presiones y se sientan validados en sus emociones (entender lo que están pasando y no restarle importancia). El trabajo del terapeuta especializado es también ofrecer psicoeducación a los adultos para que entiendan el duelo del menor y les acompañen.
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