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Las personas con dislexia exigen igualdad de trato en las oposiciones

Ana González, con un diagnóstico de dislexia, lucha por conseguir la adecuación en tiempo y modo de su examen de oposición. Ha recurrido también a la Valedora do Pobo y colabora con la iniciativa de Plataforma Dislexia solicitando que se reconozca el derecho de las personas con dislexia a recibir las adaptaciones necesarias en los procesos selectivos de acceso a la Función Pública.

Las personas con dislexia exigen igualdad de trato en las oposiciones

Las personas con dislexia exigen igualdad de trato en las oposiciones / FDV

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M. González

M. González

Vigo

Ana González Rivera está preparando una oposición y ha solicitado, sin éxito hasta ahora, la adecuación en medios y tiempos de su examen alegando un diagnóstico de dislexia. Incluso ha recogido firmas sumándose a la iniciativa de Plataforma Dislexia, amparada también por Agadix (Asociación Galega de Dislexia), para remitir al Gobierno una solicitud para que «se reconozca el derecho de las personas con dislexia a recibir las adaptaciones necesarias en los procesos selectivos de acceso a la Función Pública, garantizando la igualdad de condiciones frente a los demás aspirantes».

En su caso, Ana González, natural de Redondela, acudió a la especialista Claudia Fernández para que le hiciera un informe de su diagnóstico. «Primero fui a mi médico de cabecera y me derivó al psiquiatra. Éste me dijo que no me haría el informe ni por un millón de euros», rememora: «Fui con el informe de la primera psicóloga que me diagnosticó y me hizo leerlo en voz alta; me dijo que lo leía perfectamente y que yo no tenía problema alguno. Lo que pasa es que ese informe me lo he leído tantas veces que podría decírselo de memoria». 

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Ana González, con la solicitud que presentó para la adecuación de su examen. / FDV

Agadix la fue asesorando: «Me hablaron de esta especialista en Santiago, pagué el informé de mi bolsillo y regresé a mi médico de cabecera, que me hizo un informe específico para solicitar la adaptación del examen de la oposición». Sin embargo, su solicitud fue desestimada. El recurso también, remitiéndola al Tribunal Superior de Xustiza de Galicia en el caso de que quisiera seguir apelando.

«Cuando te inscribes a las oposiciones tienes un apartado que indica: adaptación de tiempo y medios», destaca para precisar que es una opción que está contemplada en el proceso. Aportó todos los informes que tenía en su poder, pero, en su caso, «alegan que la dislexia no es una discapacidad y solamente a las personas con discapacidad se les hacen las adaptaciones de tiempo y medios».

Valedora do Pobo

En la resolución de su requerimiento —también denegado— indican, sin embargo, que «toda persona que se presente a una oposición pública tiene que acceder en igualdad de condiciones que el resto de participantes»: «Yo, entonces, no estoy en igualdad de condiciones». También ha solicitado la mediación de la Valedora do Pobo. «Llevo desde julio sin recibir respuesta de la Consellería de Educación», se lamenta.

Ana González se ha presentado ya dos veces al examen de oposición, las dos sin adaptación y con el hándicap que en la última convocatoria uno de los supuestos prácticos fue un examen tipo test de respuesta múltiple, un reto «bastante considerable» para una persona con dislexia. Aunque recuerda que ni durante su etapa escolar ni durante la carrera tuvo ningún tipo de adaptación, a base de mucho esfuerzo y clases particulares consiguió terminar el Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. «Recuerdo un examen tipo test, de anatomía, asignatura que arrastré durante cinco años. No había manera de poder sacármela. Hablaba con el profesor y le contaba mi situación, pero nada, no había manera». En la selectividad, en cambio, se presentó a través de la ONCE y logró, al menos, que le adaptasen el tiempo del examen.

En cuanto a la carta remitida al Gobierno se apunta que «la dislexia es una Dificultad Específica de Aprendizaje (DEA) que afecta aproximadamente al 10% de la población». «Esta condición implica dificultades en la lectura, la escritura y la decodificación de palabras, lo que afecta a las personas tanto en su vida académica como en cualquier otra situación evaluativa. Aunque durante su vida académica las personas con dislexia cuentan con adaptaciones, estas no se extienden a los procesos selectivos para acceder a la Función Pública, generando una clara desventaja», subrayan en el escrito.

«Desde la federación Plataforma Dislexia hemos mantenido reuniones con el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública para que, en la nueva Ley de Función Pública, se tenga en cuenta a las personas con dislexia”, destaca Esther López, presidenta de Agadix y de Plataforma Dislexia, una federación que aglutina 17 asociaciones de toda España.

Trastorno persistente

«Se trata de un trastorno persistente y hablamos de personas que llevan con adaptaciones toda la vida, tanto en Primaria, en Secundaria, en la EBAU o en la Universidad —donde también existen gabinetes de atención a la diversidad y que aplican medidas a personas con dislexia—; y, de repente, llegan a la Función Pública y se encuentran con un examen en el que no existe ningún tipo de adaptación», destaca.

De este modo, en sus observaciones sobre el proyecto de orden por la que se establecen criterios generales para la adaptación de medios y tiempos y la realización de ajustes razonables en los procesos selectivos para el acceso al empleo público de personas con discapacidad, publicado el 3/10/2024, solicitan «ampliar el título» de dicha orden «para que sea realmente inclusivo, incluyendo, además de las personas con discapacidad, a personas con otros trastornos de neurodesarrollo (dificultades específicas de aprendizaje, por ejemplo la dislexia) tal y como se contempla en la LOMLOE».

«Es importante destacar que estas dificultades no están relacionadas con el nivel de inteligencia, formación o capacidad profesional, pero se ven agravadas en situaciones de evaluación bajo presión de tiempo, como los procesos selectivos. Por lo tanto, es necesario que las personas con dislexia tengan acceso a las adaptaciones necesarias para competir en igualdad de condiciones», dice el escrito.

Reclaman «eliminar las barreras» que impiden que las personas con dislexia demuestren sus capacidades en «condiciones equitativas»

También destacan que «estas adaptaciones no otorgan ventajas competitivas, sino que buscan eliminar las barreras que impiden la igualdad real de oportunidades, permitiendo que las personas con dislexia demuestren sus capacidades en condiciones equitativas».

Actualmente, en el proceso de oposición a la Función Pública está regulado el tratamiento a la diversidad «en un turno especial de acceso», indica la docente de Secundaria Paula Medín. «Si tienes un porcentaje reconocido de discapacidad puedes acceder a ese turno, pero todo lo que no llegue a ese porcentaje mínimo estaría fuera y entra en el turno libre, donde no tiene derecho a ningún tipo de adaptación», explica.

«No tiene sentido que una persona que a lo largo de su trayectoria educativa ha tenido sus necesidades cubiertas debido a su diversidad y que, de repente, cuando quiera optar a una plaza pública no pueda solicitar cambios estructurales en el examen para poder participar en el proceso en igualdad con los demás», insiste.

«La diversidad se ha convertido en una norma, ha dejado de ser una excepcionalidad», reflexiona Medín: «Antes era un grupo y había algunos alumnos diferentes, pero ahora debemos entender que hay un grupo donde todos son diferentes». 

Esther López, presidenta de Agadix y de Plataforma Dislexia: «Es un problema puramente educativo»

«La Constitución dice que todos tenemos derecho a la educación, que tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana, debiendo ser garantizada por los poderes públicos», destaca Esther López, presidenta de Agadix, quien puntualiza que «nosotros defendemos como asociación que la dislexia es un problema puramente educativo». «Si no se trata o no se identifica, los niños pasan por procesos emocionales también muy relevantes y, al final, puede acabar siendo un problema sanitario o de salud, pero realmente es un problema educativo, que se debe identificar e intervenir en la escuela».

Pero lo que se encuentran habitualmente en la asociación es que «la identificación es tardía». «Los padres nos llaman cuando ya los niños tienen problemas: repiten curso, suspenden varias asignaturas... Eso es un indicativo de que algo va mal, porque la dislexia no es un problema de inteligencia, con lo cual no debería haber problemas para que un niño saque el curso sin problemas; sin embargo, no es así, son niños que van arrastrando asignaturas, que suspenden, que pasan por calvarios toda su vida escolar, con las consecuencias emocionales que eso conlleva», subraya: «Hay que explicarle al profesorado que hay que preguntarse que pasa algo cuando un niño aparentemente sin problemas de inteligencia o cognitivos no responde como debería frente a lo que se esfuerza».

En Galicia, además del Decreto 229/2011 que regula la atención a la diversidad del alumnado y de la Orden del 8 de septiembre de 2021 que desarrolla dicho decreto, existe un protocolo específico de dislexia. «Agadix formó parte de la comisión que lo elaboró y debería aplicarse a cualquier niño que tenga un problema de comprensión lectora y, posteriormente, hacer una valoración psicopedagógica en el colegio para saber si, efectivamente, tiene dislexia y se puede aplicar alguna otra medida, un poco más específica».

«Las medidas ordinarias de atención a la diversidad, las adaptaciones no significativas que se llaman, o medidas no curriculares, no cuesta mucho aplicarlas y son una gran diferencia para un niño con dislexia», subraya: «Cada profesor debería evaluar de manera individual al niño y ver qué medidas se le adaptan mejor».

De la «guerra con los estudios» al éxito profesional

El caso de la viguesa Alba Iglesias García es también un ejemplo de superación por todas las dificultades que ha tenido que afrontar a lo largo de su vida a causa de la dislexia. «Me diagnosticaron cuando tenía 12 años. Tenía bastante dificultad para rendir en los exámenes, no entendía muy bien las cosas, tenía dificultades a la hora de leer en alto... En cuanto a la escritura, me costaba mucho expresar en el papel lo que estaba en mi cabeza, desde bastante pequeña siempre he tenido una guerra con los estudios». A partir del diagnóstico fue más consciente del problema. «Saber que tienes un problema o una condición hace que sea mucho más sencillo abordarlo; hasta entonces yo siempre me preguntaba si era tonta, o por qué no tenía el coeficiente intelectual de mis compañeros...». El entorno tampoco ayudaba: «Muchas veces los profesores decían que no me esforzaba, o me comparaban con mis compañeros; en realidad, me ponían más trabas que ayudas», se lamenta. «A partir de la ESO, ’todo fue muchísimo más duro». Pese al diagnóstico y a los informes aportados, en 1º de la ESO «me hicieron cursar francés, cuando debería estar exenta»: «Sí que me hicieron una adaptación: te leían los textos o te los subrayaban con un color. También, durante un trimestre, venían conmigo a revisar los exámenes, pero una vez hechos, pues era algo que tampoco servía para mucho».

De la «guerra con los estudios» al éxito profesional

La diseñadora e ilustradora Alba Iglesias. / FDV

Y, pese a las dificultades, sacó la ESO y el Bachillerato. «Ha sido mucho estrés. He pasado toda mi vida estudiando casi las 24 horas del día para sacar un 4 o un 3. Llegar al 5 me costaba horrores porque no era capaz de plasmar lo que sabía en el papel».

Gracias a su profesora particular Mónica, pudo ir avanzando en los estudios. «Me ayudaba a organizarme, me daba estrategias... A mí no me valía chapar; si no lo comprendía, mi cerebro no lo procesaba». Pero toda esa presión tuvo consecuencias: «En la ESO tuve un ataque de ansiedad muy gordo y acabé 2ª de Bachillerato medicada y con otro ataque de ansiedad más grande todavía».

«No hay que juzgar a nadie por tener un trastorno», dice la viguesa Alba Iglesias, diagnosticada a los 12 años

Aprobó en septiembre y se presentó a selectividad, con el sueño de entrar en Bellas Artes, pero ese sueño se esfumó. «En selectividad me dieron 20 minutos más y criterio de corrección, que dependía de quién me corrigiera el examen», expone.

Un Ciclo Superior de Diseño Gráfico fue entonces su opción. «La verdad es que saqué muy buenas notas porque era lo mío. Los profesores, además, sí entendieron mi condición y lo que ello conlleva, y felizmente encontré trabajo a los seis meses de acabar. Tuve bastante suerte», festeja.

Entró en la agencia de publicidad Koolbrand. «Al principio no les dije nada. Yo no tengo aptitudes en algunas cosas, pero las suplo muy bien con otras, como la creatividad, el dibujo... Además de diseñar, yo soy ilustradora», explica. A partir de llevar un tiempo en la empresa fue cuando se lo comenté a sus jefes. «Lo entendieron muy bien y, en ese sentido, he tenido suerte; me he metido dentro de este grupo creativo que funciona muy bien y me ha permitido poder estar dentro de dos premios (el primer premio por el branding del centro comercial Zenia Boulevard y el segundo premio por la campaña publicitaria integral del relanzamiento de Toke)», explica.

«Muchas veces es frustrante porque ves que no tienes resultados, pero hay que seguir luchando, hay que seguir adelante porque hoy no sale, pero mañana saldrá», proclama: «No somos gente tonta, tenemos muchas virtudes y no hay que juzgar a una persona por tener un trastorno».

Adaptaciones solicitadas

  1. Tiempo adicional

    Se concederá tiempo extra para realizar cada ejercicio. En las pruebas que duren más de dos horas o con varias partes, se incluirá un descanso.

  2. Formato accesible

    Tipografía como Verdana o Arial, tamaño 12 o mayor, con interlineado 1,5. Las palabras clave en los enunciados deben estar en negrita y subrayadas, y las instrucciones no deben encadenar varias órdenes.

  3. Medios correctores

    Se permitirá el uso de materiales correctores, como típex o bolígrafos borrables, tanto para las personas con dislexia como para el resto de aspirantes.

  4. Lectura en voz alta

    Un miembro del tribunal podrá leer las preguntas en voz alta a quienes lo requieran.

  5. Accesibilidad en pruebas tipo test

    Las respuestas no deberán trasladarse a otra hoja distinta de la que contiene la pregunta; deberán estar directamente debajo del enunciado.

  6. Valoración del contenido sobre la forma

    Se priorizará la valoración del contenido sobre la expresión escrita y oral, sin penalizar las faltas de ortografía naturales, arbitrarias y regladas.

  7. Adaptaciones en pruebas de lenguas extranjeras

    No se penalizarán las faltas de ortografía de carácter fonético, priorizándose el contenido sobre la forma.

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