Entrevista | Alberto Gracia Director gallego de cine premiado en la Seminci
«Hacer la película ‘La Parra’ fue para mí un infierno del que no podía salir»
"No tenía un duro; me ayudó mucho la gente cuando no podía ni comer", explica el director ferrolano, premiado en la Seminci, la Semana Internacional de Cine de Valladolid en la categoría de películas arriesgadas

Alberto Gracia (izquierda), con el premio de la Seminci. / A.G.

El ferrolano Alberto Gracia entiende siempre el cine como el desafío de lo difícil. Su último trabajo, "La Parra", logró el premio de la categoría "Alquimias", reservado a las películas más arriesgadas en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Este último trabajo lo liga a su ciudad natal, donde rodó , y a su padre. El protagonista del filme vuelve a la urbe y a una pensión de marginados. Para salir del hoyo, acude a un programa de televisión.
Tras ganar en la Seminci, el director gallego Alberto Gracia ni ha deshecho la maleta. Ahora se encuentra en la Viennale, Viena, contento y exhausto con el tour de «La Parra». «Es el quinto festival seguido. Vengo de Bogotá, Toulouse, Santiago, Valladolid... Y aún quedan festivales», señala para agradecer el galardón castellano. «El premio me va a permitir hacer otra película. Mucha gente no lo sabe pero los filmes que no son del mainstream son muy difíciles de levantar. Sin los premios, no se ven. La estructura montada en España no es favorable para los autores. Es difícil ganarse la vida con esto», reflexiona.
-Algunas personas se preguntan por qué insistir en este cine fuera de «los márgenes».
-Pienso que se trata de honestidad profesional. No es ideología, ni querer destacar. Yo no podría hacer cine de otra forma. Yo no me formé en él por lo que necesito entenderlo desde mi punto de vista. No sé si la próxima película será narrativa o algo más loco. Copiar es fácil y hacer películas tendenciosas también. Esa es la forma de ganarse la vida para muchos, pero hay que arriesgarse un poco más.

Alberto Gracia, en la Seminci. / A.G.
-¿Cómo dio el salto de la Facultad de Bellas Artes, con la especialidad en escultura, al cine?
-Yo comencé a pintar y después pasé a la escultura. Empecé a hacer esculturas que morían en el tiempo; me interesaban los mecanismos que no perduraban. Empecé a grabarlos porque sin registro no tenía manera de vender los productos y desde ahí llegué al cine. Por otro lado, en 2007, ayudé a Óliver Laxe a hacer un corto en Marruecos y me enganchó el mundo del cine como lugar donde expresarme con libertad.
-De hecho Laxe apareció en su película «O quinto evanxeo de Gaspar Hauser» como actor.
-Sí, ahí estaban actuando Óliver; la codirectora del Play-Doc de Tui, Sara García; yo también aparezco vestido de Batman y el ilustrador Nando Vázquez, más un chico enano que contratamos para cerrar el elenco de los cinco gaspares. Era una película muy gótica y arty.
-En «La Parra» manda el componente autobiográfico, ¿apostar por él fue complicado para superar heridas o cicatrices?
-Mis películas son muy sintomáticas o traumáticas. El cine es un lugar donde puedes buscar cosas que realmente te mueven sin saber por qué. Yo hago cine porque lo necesito. Me fijo en la singularidad de las personas, una cosa que el capitalismo trata de eliminar para hacernos iguales. Al homogeneizar puede controlarnos y convertirnos en policías para que nos controlemos unos a otros. En este mundo, todo es una pantomima.

Fotograma de "La Parra", con Alfonso Míguez. / La Parra
-¿Por qué retratar la marginalidad en Ferrol?
-Para mí, Ferrol es un paradigma de la vieja Europa: un resto del racionalismo, machismo... Ahora se busca recuperar esos viejos valores con el fascismo en alza porque la incertidumbre da miedo al igual que la oscuridad. Mi película parte de la premisa contraria; parte de la oscuridad y la falta de certeza para encontrar la belleza. Estamos marginados por un sistema que no entendemos. La ciudad es un reflejo de ese malestar.
-La película muestra la vida de personas apartadas. Algunas incluso actuaron en ella.
-Yo quería darles la oportunidad de actuar, de aparecer en una película y ser felices, apareciendo en la pantalla y siendo uno más. Al final es muy buena gente pero con unos problemas muy gordos, muchos con enfermedades mentales, otros, sin trabajo, marginales y sin oportunidad de hacerse un nombre. En cierto sentido yo me siento así; lo que pasa es que tengo más fuerza y deseo y no me dejé a la deriva. Pero ellos están a deriva. Mucha gente querrá que estén simplemente en la pensión La Parra en un limbo en el que no molesten.
Cada vez hay más problemas mentales y cero herramientas de ayuda"
-En muchos casos es difícil salir de ahí, no reciben herramientas.
-No, porque no le conviene al sistema capitalista. Se basa en la anarquía absoluta; es el anarcocapitalismo. No permite que nadie haga comunidad ni salga de su hoyo. Tiene que ser una persona que no se deje anular y que no caiga en una depresión absoluta si no tiene una buena cuna . La tecnología y la forma de ganar dinero están pensados para la violencia. El dinero es volátil. Cada vez hay más problemas mentales y cero herramientas para superarlos porque estas personas son alimento para los que sí pueden ganar pasta fácilmente.
-En su discurso indicó que hacer una película es una aventura, ¿temió no rematarla?
-Sí, en todo momento. Tendría que estar lista en 2020. Para mí, fue un infierno del que no podía salir, no tenía un duro. Fue algo heroico. Me ayudó mucho la gente cuando no podía ni comer.
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