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Los defensores del «Colón gallego» ven «reforzada» su teoría por el ADN

«Pudo haber sido un judío de origen mediterráneo que vino a Galicia», sostiene el presidente de la asociación

Científicos cuestionan la investigación mostrada en TVE

El investigador José Antonio Lorente (derecha), en una imagen promocional del documental.

El investigador José Antonio Lorente (derecha), en una imagen promocional del documental. / RTVE

Rafa López

Rafa López

Vigo

La emisión de la película documental «Colón ADN. Su verdadero origen», en la noche del sábado en TVE1, está trayendo cola. No tanto por haber reescrito la historia universal, como prometía, sino por el debate que suscita entre los científicos y los defensores de las teorías españoles sobre su origen, atribuido por el forense granadino José Antonio Lorente a un judío sefardí del Mediterráneo occidental, probablemente de Valencia. Desde la Asociación Cristóbal Colón Gallego, su presidente, Eduardo Esteban, ve el vaso medio lleno y opina que la teoría gallega «sale reforzada desde todos los puntos de vista». Esteban apunta a FARO que en la asociación están «muy contentos» con el documental. «Supongamos que era judío. Pudo haber sido un judío de origen mediterráneo que se vino para Galicia, donde había unas juderías impresionantes: Ribadavia, Betanzos, Tui, Pontevedra... No queda descartado el Colón de Pontevedra, ni tampoco que fuera un Sotomayor, habría que ir a la línea materna en ese caso», dice a FARO.

En lo televisivo, el documental, narrado al estilo del género «crimen real», fue todo un éxito: lo vieron 2.091.000 personas y logró una cuota de pantalla del 21,5% (11,3 puntos más que la siguiente opción). Después de Murcia y Comunidad Valenciana, Galicia fue la tercera comunidad en la que más se vio, con un 25,8% de cuota.

Sin embargo, en el aspecto científico, varios genetistas, como el gallego Antonio Salas, han señalado que ofrece una información genética muy limitada y arroja una hipótesis de masiado aventurada en base a los datos disponibles. «La escala que se pretende analizar excede la capacidad informativa de la cantidad de ADN que supuestamente se recuperó de los restos óseos», señala a FARO Salas, que subraya que «si el objetivo es determinar si una persona pertenece a una u otra comunidad autónoma dentro de un país, puedo asegurar que el ADN no tiene la capacidad de ofrecer ese nivel de precisión».

La conclusión del catedrático de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, José Antonio Lorente, es que «la teoría gallega, tal y como está planteada, queda descartada». Así se lo comunicó a Eduardo Esteban, presidente de la Asociación Colón Gallego, que colaboró en la investigación e interviene en el documental producido por RTVE.

Según el estudio liderado por el doctor Lorente a lo largo de 23 años, y cuyos pormenores se harán públicos en noviembre, además de publicarse en una revista científica internacional, Cristóbal Colón era de origen judío y procedía del Mediterráneo occidental, no de Génova, como sostenía la teoría histórica generalizada.

Retrato de Cristóbal Colón, anónimo datado en 1530, que la asociación considera propia del Cristóbal Colón gallego

Retrato de Cristóbal Colón, anónimo datado en 1530, que la asociación considera propia del Cristóbal Colón gallego / FDV

Respecto a la teoría del Colón gallego, una de las 8 «finalistas» que barajó el estudio, Lorente explica en el documental que, en el análisis de los restos exhumados en San Salvador de Poio, de enterramientos de “colones” que vivieron allí, “no se pudo extraer ADN”. Sin embargo, de los restos de un supuesto primo de Colón (Juan o Xohán Mariño de Sotomayor, fundador de Vilaxoán, y pariente por línea paterna de los Sotomayor y de Pedro Álvarez de Sotomayor, Pedro Madruga), exhumados en la iglesia de San Martiño de Sobrán, en Vilaxoán, sí se obtuvo “un ADN de gran calidad”. Pese a todo, no se halló coincidencia de dicho ADN con el de Cristóbal Colón ni con el de su hijo Hernando, cuyos restos presentaban un estado de conservación mucho mejor que el del descubridor de América.

Sin embargo, el presidente de la Asociación Colón Gallego, Eduardo Esteban, considera que la teoría gallega «sale muy reforzada desde todos los puntos de vista», y que el director del documental, Regis Francisco López, periodista especializado en historia, «la valora como una teoría muy sólida, aunque no utiliza ni el 10% de los argumentos que la respaldan».

Esteban considera que el documental es «divulgativo, no científico», y que está «muy bien montado», aunque tuvo que ser terminado para ser emitido el 12 de octubre, por lo que «el final es un poco forzado». Cree que los datos científicos, que presentará Lorente en noviembre en Granada, pueden «sentar las bases para nuevas teorías».

Esteban destaca, además, que la constatación por el ADN de que el supuesto hermano de Cristóbal Colón, Diego, no era tal, sino un familiar lejano, posiblemente un primo segundo, «quita un lastre» a la teoría del Colón gallego.

Por su parte, quien fue director de las excavaciones arqueológicas realizadas en Poio y Sobrán (Vilagarcía), en busca del ADN de Colón, Antonio Castro Rozados, considera que la expuesta en el documental no le parece «una teoría exótica ni desconocida». «Mi profesor del colegio, Manuel Fariña Verdura, nos decía en clase que Cristóbal Colón era un judío converso pontevedrés», señala, y añade que «en la villa medieval de Pontevedra existía un reducido contingente judío». Para respaldarlo menciona el «Lampán dos Xudeos», un supuesto cementerio medieval judío existente en la villa del Lérez, y dos laudas pétreas con caracteres hebraicos aparecidas en un solar de la Rúa Alta de Pontevedra, esquina Dona Tareixa.

El documental emitido el sábado sigue la estela de otro de 2004, «El enigma y origen de Cristóbal Colón», narrado por Imanol Arias para Discovery Channel. Coinciden algunos protagonistas –Lorente y el catalán Fracesc Albardaner, expresidente del Centre d’Estudis Colombins de Barcelona– y llega a similar conclusión, pero no por el ADN, sino por las vírgulas (señales de puntuación) utilizadas por Colón en sus textos, que le atribuirían un origen judío catalán.

En cualquier caso, Eduardo Esteban –que el pasado jueves presentó en la Casa de Galicia en Madrid el documental de la asociación, «Los caminos de Colón»– remarca que la teoría gallega «por suerte, es mucho más que la atribución del origen de un personaje, es toda la historia y las figuras que tiene detrás, como Emilia Pardo Bazán, Castelao, Valle-Inclán... y la cantidad de archivos que se han abierto en esta búsqueda».


Antonio Salas
Investigador líder del grupo de Genética de Poblaciones en Biomedicina en la Universidad de Santiago

“No existe un perfil genético que identifique de manera inequívoca a un judío sefardí”

Antonio Salas durante una conferencia

Antonio Salas / Iñaki Abella

El científico gallego Antonio Salas, catedrático de la USC y director del grupo Genética de Poblaciones en Biomedicina en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS), señala que el ADN no permite extraer conclusiones definitivas sobre el origen geográfico exacto de una persona, por la manera en la que las poblaciones se mueven y se mezclan a esa escala geográfica. «Basta con investigar nuestro árbol genealógico para comprobar que, en tan solo dos o tres generaciones, ya tendríamos antepasados provenientes de diferentes comunidades autónomas o incluso países», apunta.

¿Es posible determinar el origen geográfico de una persona por su ADN?

El ADN relata una historia evolutiva que no siempre guarda una relación directa con el origen geográfico de una persona. Por ejemplo, si una familia de Santo Domingo se establece en Galicia y sus descendientes nacen allí, el ADN de esos descendientes no necesariamente reflejará un vínculo directo con su nuevo entorno geográfico. Además, la capacidad del ADN para determinar un origen geográfico depende del volumen de material genético que se analice y de qué partes específicas del genoma se estudien. El cromosoma Y, el ADN mitocondrial y otras porciones del ADN narran historias demográficas y genealógicas diferentes. El potencial del ADN para determinar este origen geográfico tiene límites, y no siempre permite establecer con precisión un nivel de resolución específico. En el caso del estudio sobre Colón, la escala que se pretende analizar excede la capacidad informativa de la cantidad de ADN recuperado de los restos óseos. En investigaciones policiales, la inferencia del origen geográfico se realiza a nivel continental, con el propósito de orientar la investigación; nunca se hace una inferencia a escala autonómica/regional.

«No existe un ADN exclusivo de un grupo étnico»

¿Es posible deducir características étnicas (origen judío, en este caso) por el ADN?

No existe un ADN exclusivo de un grupo étnico. Es posible encontrar variantes genéticas más frecuentes en ciertos grupos poblacionales, pero estas solo explican aspectos específicos de la historia demográfica de dichos grupos. Esto no implica que esas variantes sean exclusivas, ya que también pueden estar presentes en otras poblaciones. Todos los grupos étnicos comparten cierta variabilidad genética con otras poblaciones que están geográfica o evolutivamente relacionadas. En el caso que nos ocupa, no existe un perfil genético que identifique de manera inequívoca a un judío sefardí, ya que estos grupos comparten su genética con muchos otros con los que han estado en contacto a lo largo de siglos.

«Las regiones no representan compartimentos estancos. No hay una definición genética de lo que significa ser gallego, vasco o catalán»

Si se recuperara el ADN completo de los restos de la cripta de la Catedral de Santiago, atribuidos tradicionalmente al apóstol, ¿sería posible determinar si el sujeto procedía de la actual Palestina, o si era judío?

Se puede hacer una evaluación probabilística sobre si un ADN es más característico de Oriente Medio o de Occidente, ya que la inferencia que me pregunta es a escala continental. Dicha inferencia nunca podría ser del 100%. Esto es casi una máxima tabú en el mundo de las inferencias poblacionales: si alguien dice estar seguro al 100% de una inferencia, debemos sospechar de la fiabilidad de dicha afirmación. Si el objetivo es determinar si una persona pertenece a una u otra comunidad autónoma dentro de un país,puedo asegurar que el ADN no tiene la capacidad de ofrecer ese nivel de precisión. Por ejemplo, yo nací en Galicia, y mis padres también, pero si retrocedemos dos generaciones más, tengo antepasados en Madrid, Portugal y el País Vasco. Mi ADN es un reflejo de todas esas ancestralidades y de mucho más atrás en mi historia genealógica/evolutiva. Por otro lado, para poder identificar estas influencias regionales de manera precisa, necesitaríamos modelos de clasificación poblacional que no existen: no hay barreras biológicas al flujo genético y la variabilidad se mueve de manera gradual (clinal), las regiones no representan compartimentos estancos. Dicho de otra manera, no hay una definición genética de lo que significa ser gallego, vasco o catalán. Por lo tanto, es muy difícil clasificar a alguien de forma inequívoca en uno de estos grupos basándose únicamente en su ADN. En el mejor de los casos, podríamos hacer inferencias probabilísticas prudentes sobre qué porcentaje de un perfil genético es probable que sea más o menos afín a uno u otro grupo poblacional, siempre que dispongamos de una gran cantidad de información genética de la muestra problema (por ejemplo, de Colón).

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