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El pulpo, ¿de tapa o de mascota?

La constatación de que es un animal muy inteligente y sensible abre el debate, por ahora solo en las élites, sobre si es ético consumirlo

Un pulpo cocido durante la Festa do Pulpo de O Carballiño, en Ourense, este verano.

Un pulpo cocido durante la Festa do Pulpo de O Carballiño, en Ourense, este verano. / BRAIS LORENZO

Rafa López

Rafa López

Vigo

Los humanos hemos dejado de consumir prácticamente carne de ballena, por estar cerca de la extinción y porque la consideramos una especie extremadamente inteligente. El consumo de conejo, antaño corriente en la dieta española, ha caído en picado, y muchas personas –especialmente los jóvenes– consideran este roedor una mascota y no un animal comestible. ¿Ocurrirá algo similar con el pulpo? El protagonista del plato totémico de la gastronomía gallega, el pulpo á feira, es un ser vivo extremadamente inteligente y sensible, por lo que algunas voces rechazan que sea ético consumirlo y, sobre todo, criarlo en cautividad. De momento este debate se plantea únicamente en las élites y no a nivel popular: el consumo de pulpo sigue aumentando, y de ahí su precio, cada vez más elevado. Pero hay señales de que la tendencia podría cambiar.

Durante una visita a la Ribeira Sacra, en 2019, a la actriz y cantante australiana Olivia Newton-John le ofrecieron un plato de pulpo en un restaurante. La protagonista de “Grease”, defensora de los animales, lo rechazó amablemente, aduciendo que el pulpo es una criatura muy inteligente. La anécdota, contada por su hermanastra al diario “El Mundo” en 2022, poco después de la muerte de la artista, ilustra este posible cambio de paradigma. Y el pasado jueves, el futbolista Lamine Yamal dijo en “El Hormiguero” que le gustaría tener un pulpo en su casa como mascota. El joven crack culé no había nacido cuando en España se popularizó un anuncio de televisión que planteaba como broma que el pulpo fuera un “animal de compañía” ; 28 años después, ya no parece tan inconcebible.

Otros modos de ver este cefalópodo

Más allá de las anécdotas, la ciencia ha constatado que el pulpo es un animal muy inteligente, algo que resulta antiintuitivo, al no tratarse de un mamífero, sino de un molusco, un invertebrado. Algunas investigaciones sugieren que los pulpos poseen una inteligencia equiparable a la de los gatos, una de las principales mascotas de los humanos.

El biólogo Antonio Figueras, colaborador de FARO, ha dedicado varios artículos a la inteligencia de los pulpos, las sepias y los calamares, “los invertebrados más inteligentes y un ejemplo importante de la evolución cognitiva en animales”, destaca. “En cautividad, algunas especies de pulpo han resuelto puzles, recordado pistas y aprobado test asociados típicamente con vertebrados más evolucionados incluyendo a los seres humanos. Por ejemplo, son capaces de levantar las tapas de los acuarios pasando a otros tanques como demostrando cierta capacidad de gastar bromas”, resalta en uno de sus reportajes divulgativos el profesor de investigación del CSIC. “Los pulpos se suman a los chimpancés y los delfines, y a algunas aves como los cuervos, en el grupo de animales no humanos que usan herramientas”, añade.

Algunos científicos defienden tratar a los cefalópodos como a otras especies protegidas

Con estas premisas, algunos científicos defienden tratar a los pulpos como a otras especies protegidas. Es el caso de la veterana exploradora submarnia Sylvia Earle, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, que sostiene que hay que proteger “a los atunes y a los pulpos” como lo hacemos con las aves. “Antes matábamos a muchas porque solo eran comida. Hoy empatizamos con ellas y las consideramos algo valioso para el ecosistema”, declaró a “El Mundo”. La célebre etóloga Jane Goodall, famosa por su trabajo con primates, ha subrayado también la inteligencia de los pulpos.

“Nuestros descendientes se sorprenderán al reflexionar sobre el hecho de que obtuvimos nuestra carne criando y matando criaturas sensibles”, decía hace un año Steven Pinker, científico cognitivo de la Universidad de Harvard (EE UU) y uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo. Comentaba así un tuit de Peter Singer, filósofo pionero del movimiento por los derechos de los animales, en el que contaba que había probado carne de pollo después de 52 años, pero pollo fabricado a partir de células, sin que se hubiese sacrificado ningún ave de granja.

Una larva de pulpo. 
  | // INSTITUTO ESPAÑOL
DE OCEANOGRAFÍA

Una larva de pulpo. / INSTITUTO ESPAÑOL DE OCEANOGRAFÍA

La posibilidad de que haya granjas de pulpos, un viejo anhelo de la industria pesquera, parece cada vez más cercana. Cuando a finales de los 60 Ringo Starr compuso la canción “Octopus’s Garden” (“El jardín del pulpo”) para los Beatles, la idea era una mera ensoñación psicodélica. Hoy está cerca de ser una realidad. El Grupo Profand ha presentado un proyecto de cultivo larvario de pulpo para explotación industrial, que tendrá instalaciones propias en Meira (Moaña), como ha informado FARO. Criar pulpos en cautividad es un desafío científico descomunal en el que han trabajado durante años científicos del Instituto de Investigaciones Marinas, dependiente del CSIC. Este y otros proyectos, como el de Nueva Pescanova en Canarias, tienen como objetivo reducir la presión pesquera sobre un recurso cada vez más escaso y demandado, no solo en España y en Japón, tradicionales consumidores de pulpo, sino también en Estados Unidos y otros países del mundo, por mor de la creciente popularidad de las tapas, el sushi y el poke.

Grupos de activistas de bienestar animal se han manifestado contra la cría de pulpos en cautividad

El grupo de activistas de bienestar animal Compassion in World Farming (CIWF) pidió por carta al Gobierno de España que detenga la cría industrial de pulpo tras publicarse el informe “La cría industrial de pulpos: una receta para el desastre”. Esa misma organización, cuya principal asesora científica es la bióloga marina española Elena Lara, publicó hace un mes una carta en la prestigiosa revista “Science” firmada por 99 científicos para pedir al Congreso de EE UU que apruebe una prohibición de la cría de pulpos.

“Personalidad” de los pulpos

Uno de los científicos que más ha investigado los cefalópodos es Ángel Guerra Sierra (Madrid, 1947) doctor en biología y profesor de investigación emérito del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, del CSIC. Además, preside la Asociación Gallega de Bioética (AGABI).

Preguntado por FARO por esta cuestión, Guerra se remite a dos artículos firmados por él en los últimos años. En uno de ellos, escrito para la desaparecida revista “Investigación y Ciencia” en 2019, el científico afincado en Vigo describe la “inteligencia fascinante” de los cefalópodos. “Despliegan asombrosos cambios de coloración y textura de la piel, de forma y postura, y muestran una excelente capacidad para resolver problemas y para aprender –destaca–. Sus capacidades se deben al desarrollo de unos excelentes órganos de los sentidos y de un cerebro formidable, cuyo estudio ha abierto nuevas líneas de investigación en neurología y etología”, subraya.

Pulpeiras preparan
pulpo en la Festa do
Pulpo de O Carballiño. | // IÑAKI OSORIO

Pulpeiras preparan pulpo en la Festa do Pulpo de O Carballiño / IÑAKI OSORIO

El otro artículo, de 2017, se titula “La ‘personalidad’ de los pulpos”, y en él pone por delante que no está de acuerdo en que los animales tengan personalidad, aunque ciertas especies, como el pulpo y la sepia, posean capacidad cognoscitiva. “La persona es un ser único, y dicha unicidad se manifiesta en atributos de los que carecen los animales: sus dimensiones espiritual, ético-moral y estética”, sostiene el científico y experto en bioética, que concluye que “utilizar el término personalidad para referirse al comportamiento individual que muestran la mayoría de los animales introduce un error y una ambigüedad en la ciencia”.

Bajo esta polémica subyace el debate sobre el llamdo “especismo”, término acuñado en 1970 por el psicólogo y filósofo británico Richard D. Ryder, uno de los pioneros del moderno movimiento de liberación animal. El diccionario de la RAE define el especismo como la discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores, o la creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio.

“La frontera entre nosotros y los animales es cada vez más borrosa –dice a “El Periódico” el biólogo británico Tom Mustill, defensor de los cetáceos–. Cada día crece la incomodidad que sentimos con la destrucción de las vidas de animales, de la que nos sentimos responsables. Y eso alimenta la comprensión de que tienen emociones, sentimientos y derechos”, sostiene.

Sea como fuere, el porcentaje de población vegana –que no come productos animales– ronda en España un exiguo 0,7%, por lo que no parece que el nada vulgar Octopus vulgaris desaparezca de las preferencias de los consumidores, al menos no en un futuro próximo.

Una imagen de la película
documental ‘Lo que el pulpo
me enseñó”.   | // NETFLIX

Una imagen de la película documental ‘Lo que el pulpo me enseñó” / NETFLIX

La “amistad” entre un pulpo y un hombre que ganó un Óscar

“Un cineasta forja una amistad inusual con un pulpo que vive en un bosque de algas en Sudáfrica y aprende mientras el animal comparte los misterios de su mundo”. Esta es la sinopsis de “Lo que el pulpo me enseñó” (“My Octopus Teacher”), documental estrenado por Netflix hace ahora cuatro años y que ganó los premios Óscar y BAFTA. Dirigido por Pippa Ehrlich y James Reed, documenta el año que el cineasta Craig Foster pasó forjando una relación con un pulpo común salvaje. La película fue también un éxito de público y cambió la percepción que muchos tenían sobre animal aparentemente anodino pero increíble.

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