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Los comedores escolares gallegos, sin opción vegana

Los menús en los colegios públicos se adaptan solo a personas con intolerancias alimentarias, lo que deja desprotegidas a las familias que no comen animales

Imagen de un comedor
escolar en Galicia.   | // ALBA VILLAR

Imagen de un comedor escolar en Galicia. | // ALBA VILLAR

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Alba Prada

Santiago

Nuestro país cuenta, según datos de 2023 de la Unión Vegetariana Española, con casi un 12% de adultos que se identifican como veggies (veganos, vegetarianos o flexitarianos), no obstante, la discriminación que existe hacia las personas que optan por vivir sin crueldad animal sigue patente en muchas situaciones diarias. Uno de los grandes problemas que las familias veganas gallegas llevan años sufriendo es la ausencia de un menú adaptado en los comedores escolares públicos. La imposibilidad de que estos niños puedan comer en el colegio no solo les hace sentir diferentes por el simple hecho de no consumir animales, sino que agrava la ya complicada conciliación familiar.

Según explica Noelia Estraviz, presidenta de FEUMVE (Familias Unidas por un Menú Vegano Escolar), solo en la Comunidad Valenciana es obligatorio que se oferte menú vegano a demanda en centros y eventos en los que haya menores en virtud del artículo 82 de la Ley 26/2018, de 21 de diciembre, de derechos y garantías de la infancia y la adolescencia. “En Cataluña y País Vasco se ha conseguido implementar un menú vegetariano, pero con el vegano están muy cerrados”, indica Estraviz.

FEUMVE es una asociación sin ánimo de lucro que lleva años luchando por eliminar esta discriminación en los comedores escolares españoles y cada vez son más las familias que piden ayuda. De momento van ya más de 800. Su presidenta incide en que no hay una ley nacional que obligue a instaurar un menú vegano, pero sí especificaciones al respecto. “Si nos atenemos a los artículos 14, 16 y 27.3 de la Constitución Española vemos que sí. También el artículo 9 de la Convención Europea sobre Derechos Humanos lo recoge. Hay bastantes artículos más. De hecho, yo misma demandé al antiguo colegio de mis hijas y estamos a la espera de sentencia”, dice. “Si se gana, sería un gran paso. En Reino Unido y Dinamarca se ganó y a raíz de esas sentencias, las personas veganas tienen derechos”, recuerda.

Muchas familias veganas no pueden conciliar por este motivo

La Observación General número 18 del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas esclarece el término discriminación como toda “distinción, exclusión, restricción o preferencia que se basa en determinados motivos, como la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole...”. Teniendo esto en cuenta, la directora de FEUMVE denuncia que “en este caso es una discriminación directa porque se trata a esos menores veganos de manera menos favorable que a otro en una situación análoga, por razón de sus convicciones”.

Desde FEUMVE dejan claro que “hace falta voluntad política” para lograr un cambio. En 2022 se estuvo cerca. Y es que la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) publicó un período de información pública sobre un nuevo decreto cuyo objeto sería fomentar una alimentación sostenible y saludable en los centros escolares. “Se suponía que en este decreto se especificaría la obligatoriedad de ofertar menú vegano a demanda. No obstante, a día de hoy no se ha materializado. En su momento fue debido al cambio de gobierno, pero no se hizo avance alguno al respecto durante esta legislatura”, explica Noelia Estraviz.

Este periódico se ha puesto en contacto con la Consellería de Educación para interesarse por la normativa de comedores por la que se rigen los colegios públicos gallegos y, a la vez, adivinar si existe voluntad de cambio. Desde la Xunta han dejado claro que la ley a la que se ciñen los comedores escolares de los colegios públicos dependientes de la Consellería establece en su artículo 17.2 que “el menú será único para todos los usuarios del comedor escolar, excepto en los casos de alumnos que padezcan cualquier tipo de intolerancia o alergia alimentaria, justificada mediante certificado médico”. Por otra parte, insisten, “la norma básica de aplicación en el caso de menús escolares, que es la Ley 17/2011, del 5 de julio, de Seguridad Alimentaria y Nutrición, solo exige menús especiales en los casos de alergias e intolerancias medicamente acreditadas”.

La ley solo exige menús especiales en los casos de alergias e intolerancias

Desde la Xunta indican que la aplicación de esa ley estatal atañe a todos los comedores gestionados por la Consellería y cuando se le pregunta si sería muy costoso adaptar el menú para veganos, al igual que se hace con las personas con intolerancias, responden que “no se trata de una cuestión de ese tipo”. A pesar de que desde la Xunta dan a entender que un centro público no puede optar por ofrecer menú vegano, desde FEUMVE aclaran que “si tiene cocina propia, puede elaborar menús adaptados. La otra opción es que se provea de un catering, y en este caso puede solicitar menú vegano a la empresa que suministra comidas. No está prohibido, pero va a depender de la voluntad del centro”.

Guarderías

También en las guarderías los niños veganos tienen problemas a la hora de comer. Las Galiña Azul, que dependen de la Xunta, adaptan el menú, según indicaciones de la Consellería de Política Social, solo a personas con intolerancias justificadas médicamente y también, a diferencia de lo que pasa en la educación obligatoria, eliminan la carne de cerdo por motivos religiosos.

El hecho de que la Administración pública gallega tenga en cuenta en el comedor escolar solo las intolerancias, pero cierre la puerta a los niños que no comen animales, está suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para muchas familias gallegas que abrazan el veganismo o el vegetarianismo (estos últimos a diferencia de los veganos sí toman lácteos, huevos y miel). Y es que tienen que recurrir a las escuelas privadas para garantizar que sus hijos puedan comer con los demás compañeros. Y cuando por motivos económicos no pueden hacerlo, no les queda más remedio que suplicar en su trabajo una adaptación horaria.

“Hemos preguntado en el centro escolar que le tocaría y nos han dicho que tenemos un año para conseguir que la Xunta cambie de parecer respecto a los niños veganos...”

Gemma es vegana, y también su hija, y empezó a sufrir las consecuencias de esta discriminación desde que la niña cumplió un año. “Cuando dejé de teletrabajar no tuve más remedio que buscar una guardería para mi hija. Mi intención era llevarla a la escuela infantil municipal Coelliño Branco, en Santiago, pero la sorpresa fue que no adaptaban el menú. Sí lo hacían, en cambio, por motivos religiosos, lo que no tiene ningún sentido”, cuenta. “Finalmente tuve que cambiar mi horario para poder conciliar y no fue a ninguna guardería”. Ahora vive en Teo, y por suerte allí encontró una, eso sí, privada, en la que adaptaron el menú. Para el año su hija cumple 3 años y vuelven los problemas. “Hemos preguntado en el centro escolar que le tocaría y nos han dicho que tenemos un año para conseguir que la Xunta cambie de parecer respecto a los niños veganos...”.

Otros pequeños afectados son los hijos de Raquel, que vive en Santiago. “Soy vegetariana desde los 12 años y yo misma a esa edad tuve que dejar de ir al comedor escolar”, cuenta. Veinte años después sus hijos siguen sufren lo mismo. No ha cambiado nada. Raquel tiene cuatro hijos de 14 años, 11, 4 y año medio. “Cuando intenté que acudiesen a una escuela pública me dejaron claro que no podían elaborar menús distintos porque se trataba de una elección personal”. De hecho, se atrevieron a comparar el veganismo y vegetarianismo con las preferencias personales hacia determinados alimentos. “Me dijeron que era como si al que no le guste el pimiento, le tengan que quitar el pimiento a sus platos”.

A Raquel no le quedó más remedio que buscar un colegio de pago. “Las mayores fueron primero a un colegio concertado próximo a Santiago porque adaptaban el menú, pero como a nivel educativo dejaba bastante que desear, tuvimos que quitarlas y matricularlas en un centro público cercano a casa. Ello implicó que no tuviesen comedor y llegaron las reducciones de jornada laboral hasta que finalmente, coincidiendo con el nacimiento de mi tercera hija, no tuve más remedio que dejar de trabajar”.

Ahora, excepto la mayor que está en un instituto público y come en casa, las niñas de 11 y 4 años estudian en Vilas Alborada. “Ofrece menús veganos, vegetarianos y sin cerdo. Estamos muy contentos, pero me da rabia que no puedan acceder a una educación pública”. También la más pequeña tuvo que acudir a una guardería privada.

El problema con el hermetismo en Galicia hacia los menús veganos y vegetarianos va más allá del comedor escolar. Y es que Raquel tampoco puede llevar a sus hijas a los campamentos de la Xunta porque no les ofrecen comida para ellas. “No pueden asumir ese trabajo y coste extra que supuestamente les supone, pero yo tengo que pagar a los médicos y profesionales sanitarios que atienden a personas con problemas de salud derivados de una mala alimentación o por consumo de tabaco, alcohol o drogas. Algo que también es una elección personal y que trae consecuencias para las arcas públicas. Pero esto no se cuestiona”, denuncia.

El colegio acaba de arrancar este miércoles y los niños gallegos que no comen animales siguen sin tener hueco en el comedor junto al resto de compañeros. ¿Cambiará la situación más pronto que tarde? Las familias tendrán que seguir luchando por el derecho de sus hijos a ser tratados con igualdad.

Fuente: El Correo Gallego

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