Fermín Muguruza | Músico, cantante y productor, actuará en Galicia en marzo de 2025

“Somos gente del pueblo; no hemos podido construir un castillo de cristal que nos aislase de las luchas diarias”

“Esta afluencia masiva a los conciertos es una respuesta popular a los ataques y al bombardeo mediático”

Fermín Muguruza.   | // IKOR KOTX

Fermín Muguruza. | // IKOR KOTX

Cantante, músico, productor, director y ante todo, pionero. Fermín Muguruza, fundador de la legendaria Kortatu y de Negu Gorriak e icono del rock radical vasco, anuncia gira internacional, que le llevará a Europa, Asia y Latinoamérica y que hará parada en el Fontes do Sar Santiago de Compostela el 25 de marzo. El anuncio del tour ha generado una gran expectación, a la que ni él mismo ha sido ajeno. “Me han dicho que se ha puesto Galicia patas arriba”.

-Así es. Sus giras siempre han tenido parada obligatoria en Galicia. ¿Qué tiene este territorio?

-Desde la época de Kortatu, siempre ha habido una motivación político cultural. Incluso antes de formar el grupo, ya teníamos esa atención por las naciones sin estado que están dentro del Estado español. Siempre ha habido mucha relación. Me acuerdo mucho de toda la comunidad gallega del País Vasco, sobre todo la de Trintxerpe. Siempre ha habido una alianza muy estrecha con la gente de Galicia; la emigración gallega ha sido parte activa de todas las luchas del País Vasco. Yo viajo a Galicia por primera vez con Kortatu como teloneros de La Polla Récords. Ahí empezamos a tejer redes de complicidades, contactos, amigos, que sigue hasta hoy, no solo a nivel musical. Pudimos editar el cómic de la segunda película de Black is Beltza en gallego con la editorial Demo. En este caso, no tenía pensado hacer una gira, iba a hacer un concierto en País Vasco de celebración de los 40 años alrededor del cumpleaños de mi hermano, que falleció hace cinco. La demanda popular fue tan inmensa desde los dos sold out del Miribillas, que juntamos 16.000 personas en Bilbao, que me di cuenta de que si hacía una gira tenemos que pasar por Galicia. Me puse en contacto con Iván, que es el manager de Sés, con quien colaboré en el festival de Poesía de Salvaterra do Miño, y él se ha encargado de asesorarme. Elegimos Santiago porque está en el centro y, ya conocía el Fontes do Sar.

-La gira no estaba en sus planes. Iban a ser dos conciertos de despedida, que se vieron desbordados por la grandísima demanda. ¿Por qué le costó tanto dar el paso?

-Me costó porque desde que muere mi hermano, me distancio completamente de los escenarios. Sí que tengo ese objetivo de hacer Black is Beltza II: Ainhoa, que está dedicada a mi hermano, y después no encuentro el momento de subirme al escenario. A principios de este año, cuando veo que se acerca la efeméride, que también da un gran vértigo al pensar que llevo 40 años en esto, pienso que tengo que organizar algo, pero que tampoco estaba preparado física y mentalmente para hacer un concierto como a mí me gustaba, como yo era. Antes de la muerte de mi hermano yo era un león, el león asmático, pero un león. Era entregarme totalmente, como si fuese un sacrificio proletario. Decidí hacerlo a finales de año. Ha sido para mí todo un proceso, con mucha gente apoyándome para hacer este concierto, uno, que iba a ser un viernes, y al final hice uno sábado también. Me abrumó tanto la acogida, y también el enfado de muchas miles de personas que se habían quedado sin entrada, que me puse a pensar qué hacer. En estos meses, hemos estado trabajando siempre desde la autogestión y la independencia. Decidimos anunciar el paquete de conciertos del año que viene para que no hubiese ese agobio de quedarse sin entrada. En Fontes do Sar entran 8.000 personas, el WiZink de Madrid y el Palau Sant Jordi de Barcelona son inmensos, y tenemos el estadio de la Real Sociedad, que no lo ha hecho nadie que cante en euskera. Me están llamando loco, pero una vez en la vida me tengo que animar. Si no se llena, esperemos que lleguemos a cubrir. En el resto de Europa vamos a salas, que es donde yo siempre me he movido, pero en Latinoamérica vuelven a ser sitios enormes.

-A los que hacen música combativa se les suele situar en los márgenes de la industria, fuera de los circuitos de masas. Agotó 16.000 entradas en pocos minutos y va a llenar un estadio. ¿Qué nos dice esto del legado de Kortatu y de Muguruza?

-Cuenta varias cosas. Una de ellas es la transversalidad generacional. Yo empiezo con Kortatu a los 20. La gente que me empieza a seguir tiene 10 o 20 años más que yo. Ya venía de la resistencia cultural de los cantautores, pero nuestra nueva manera de expresarnos les atrae, y se sienten arrastrados por ese huracán del rock radical vasco. Algunos de ellos, que viven todavía y tienen 70 u 80 años, no quieren perderse esos conciertos. Luego está la gente que se fue incorporando a distintos grupos que montamos, a Negu Gorriak, o los que lo hicieron a mi carrera en solitario en los 2000 a partir de Brigadistak Sound System. Un dato curioso es que mucha gente joven de hoy tampoco quiere perderse este concierto. El segundo tema es hacer un esfuerzo para los que están cansados en su casa, que han abandonado muchas luchas por decepción, por desgaste, porque no tiene esa energía de antes, o los que siguieron una etapa y no otra, y que de repente dicen: pero si a esta persona la han perseguido siempre. Esto es una celebración de la vida, de la libertad de expresión. Luego está esa ceremonia de los abrazos, de gente que se va a reconocer en los otros, en esas nuevas generaciones, que va a salir del concierto y va a ver esa solidaridad y dirá: somos muchos, somos más, y tenemos que reactivarnos. Una de esas formas de reactivarse es la música y la fiesta, que siempre crean comunidad.

-Celebran su resistencia. Siempre ha vivido con cierta tensión por sus posiciones, pero ha sido objeto de nuevos ataques desde la nominación al Goya de Black is Beltza. ¿Creen que se intenta resignificar el rock radical vasco o su propia figura agitando el fantasma del terrorismo?

-Creo que sí hay siempre un intento de manipulación que vuelve de repente otra vez con la misma obsesión de remarcar el relato oficial de las cosas, que si esta gente estuvo a favor de la violencia, que si tal... Es un raca-raca cíclico al que nos hemos acostumbrado, pero como soy un superviviente, me toca siempre. Esta afluencia masiva a los conciertos es una respuesta popular a los ataques y al bombardeo mediático. Siempre hemos tenido una gran batalla con los medios de comunicación, es muy importante llegar a ellos, por eso hago entrevistas. Hay gente que no se siente identificada con determinados medios, pero que tiene alcance por medios alternativos o redes y que está harta de que se nos difame.

-Hay cierta distorsión: por un lado, cada vez que dan un paso se les criminaliza, por otro, está la contestación popular: 16.000 entradas vendidas en minutos, Itziar Ituño cantando Sarri Sarri al recoger un premio, los jugadores del Athletic usándola para festejar la Copa...

-Sí. Remontándonos incluso a los 80, cuando salimos, había una versión oficial que se intentaba imponer sobre la Transición. Nosotros cantábamos la cara B de todo eso, mostrando otro tipo de realidad. Nunca tuvimos esa repercusión que tuvo la Movida Madrileña, pero llenábamos conciertos porque la gente se identificaba con lo que decíamos. Sabían que eso que cantábamos era lo que ellos estaban viviendo y sufriendo. Ahora está pasando algo parecido: hay medios masivos que siguen intentando transmitir una visión, y nosotros no tenemos esa capacidad mediática tan apabulladora, pero a la gente le sigue llegando el mensaje. El año pasado hice muchas visitas a Galicia. En todas, siempre tuve un montón de gente, fue precioso. Cuando Sés hizo una versión de mis canciones, Gora Herria, había 10.000 personas. Era el concierto de Sés, claro, pero todo el mundo estaba eufórico. No salió en la TVG, por supuesto.

-El momento político es completamente diferente al de hace 40 años, los ídolos son cada vez más efímeros. ¿Cómo consigue mantener la coherencia y el compromiso sin caer en posturas reaccionarias, como sí les ha pasado a otros?

-Como les ha pasado a los de la Movida Madrileña, totalmente. Para empezar porque nosotros surgimos del pueblo, somos gente del pueblo, que estamos conectados a la realidad. Nunca hemos podido construir un castillo de cristal en el que estuviésemos aislados de las luchas cotidianas, de la gente que sufre. Yo soy de Irún, sigo viviendo allí, he trabajado en autogestión, y hay un tejido social, una comunidad muy poderosa que siempre está apoyando. Los músicos no somos equilibristas sin red. Esa red es nuestra comunidad, que nos baja a tierra. Eso es importante. En un momento de grandes promotoras, vuelvo a aliarme con esos cómplices que tengo alrededor del mundo para que organicen mis conciertos. No me reconocería en otro tipo de élite musical. En Galicia tengo a Sés, a Xurxo Souto, a los Diplomáticos y a toda esa gente con la que me quedaré celebrando después.

-Sarri Sarri es un himno que ha pasado a la historia, pero su canción más versionada es Zu atrapartu arte, que en pocas líneas fue capaz de sintertizar la realidad de las calles del País Vasco en los 80. Si la versionase hoy, ¿de qué hablaría?

-Pues tengo que decirte que tienes razón: la canción que más se ha versionado en euskera ha sido Zu atrapartu arte. En esta gira la cantaremos, porque todo lo que decimos, lamentablemente, sigue siendo de actualidad. Hay una burguesía que sigue sin entender nada. La canción hay que convertirla en una amenaza. Por supuesto que la reinterpretaremos, porque vamos a ser una banda de diez músicos con sección de vientos, pero la tocaremos lo más enfurecida posible, porque tiene que ser una canción que vuelva a inquietar.

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