Adolescencia: las emociones se multiplican

Vergüenza, ansiedad, envidia y apatía son los nuevos personajes elegidos por Disney para el próximo estreno de “Inside Out 2”, con los que se intenta retratar esta etapa del desarrollo

Una de las escenas “Inside Out 2”, que se estrena en España el próximo miércoles.  // Disney

Una de las escenas “Inside Out 2”, que se estrena en España el próximo miércoles. // Disney

M. González

M. González

Ansiedad, envidia, enuii (apatía, hastío) y vergüenza son las cuatro nuevas emociones que experimenta Riley, la protagonista de la película de Disney “Inside Out 2”, que se estrenará en España el próximo miércoles. La primera entrega de esta película resultó todo un éxito y puso el foco en el mundo de las emociones, pero ahora Riley ha crecido, es una adolescente, pero ¿encajan realmente la ansiedad, la envidia, la apatía o la vergüenza en la radiografía de los adolescentes de hoy en día?

“La adolescencia es una etapa de revolución hormonal que dispara al máximo las emociones de los chicos y las chicas. Esto conlleva a que se produzcan cambios a nivel biológico, psicológico y social, explicando de esta manera el por qué los adolescentes piensan, sienten y actúan de manera diferente a los adultos y por qué a menudo se pueden ver desbordados por las emociones ya que las viven con una mayor intensidad”, indica la pedagoga Adela González. “Por eso, estas nuevas emociones entran cuando la protagonista de la película llega a la adolescencia; porque, aunque en muchas ocasiones también se viven en etapas más tempranas, es en este periodo cuando se experimentan con una mayor intensidad”, añade.

Para la psicopedagoga Andrea Fernández, “la ansiedad, la envidia, la apatía y la vergüenza sí se corresponden a la etapa de la adolescencia”: “Es una etapa de muchos cambios y de búsqueda de nuestro yo y hay que comprenderla y acompañar a la expresión emocional. No debemos olvidar que el adolescente busca aprobación de sus iguales y eso también le genera mucha ansiedad, angustia, miedo”.

Por su parte, Paula Suárez, pedagoga y presidenta de la Asociación Copegal, apunta que “el mundo de las emociones es universal y todas las personas sentimos todas las emociones”. “Lo importante en el trabajo emocional”, prosigue, “es aprender a identificarlas y a aprender a vivir con ellas, en el sentido de rescatarlas, no eliminarlas o huir de ellas”.

“Partiendo de esa emoción universal que todos sentimos y que, dependiendo de la etapa en la que nos encontremos, unas pueden sucumbir más que otras, estamos en un mundo en el que tendemos a etiquetarlo todo otra vez, aunque es cierto que saber identificarlas y verte reflejado a través de una película como esta, en la que cuestiones, sentimientos o emociones que tú puedes estar viviendo también las viven otras personas, o que entran dentro de un cauce inherente a nuestra persona, ayuda”, afirma.

“La adolescencia es proceso del desarrollo muy olvidado”, destaca la presidenta de Copegal. “Es una etapa muy bonita, de ruptura del mundo infantil, de crecimiento, donde el cerebro experimenta un cambio estructural y, dentro de todo eso, entra también ese cambio emocional”, explica. “Películas como ésta les pueden ayudar, más que a etiquetarse, a aprender a conocerse”.

¿Se corresponden entonces la vergüenza, la apatía, la envidia y la ansiedad a la adolescencia? “Depende”, contesta Paula Suárez. “Hay adolescentes felices, entrañables que hacen miles de cosas... También depende mucho de la infancia. La apatía, por ejemplo, la relaciono con el desarrollo del cerebro”, apunta: “La neurociencia y la neuroeducación lo que indica es que, dentro de ese proceso de cambio hacia el pensamiento formal, hacia el pensamiento abstracto, la etapa adolescente es una etapa de mucho cansancio. De hecho, siempre decimos que en esa etapa la escuela debería empezar a partir de las once de la mañana. Madrugar va contra los biorritmos de ese proceso evolutivo”.

Analizando una a una las nuevas emociones que pasan a formar parte del universo interior de Riley (la protagonista), Adela González apunta que “la ansiedad en adolescentes es uno de los problemas psicológicos más frecuentes entre los jóvenes con consecuencias negativas para su etapa como adultos”. Así, afirma que “durante la adolescencia se manifiesta por medio de la ira, las rabietas, la inseguridad, la dependencia de los adultos o el aislamiento social; y entre sus síntomas están: palpitaciones, sensación de ahogo, cambios en la ingesta de alimentos, molestias estomacales, nerviosismo, inquietud, cansancio, fatiga, preocupación excesiva, miedo, sensación de angustia, dificultad para tomar decisiones, entre muchos otros”.

Para Andrea Fernández, “la ansiedad es una emoción básica y que todo el mundo la va a sentir en algún momento de su vida. Se relaciona con el miedo. Es adelantarse a una situación, a lo que va a ocurrir yt esta emoción nos limita, nos incapacita”, afirma.

“La ansiedad es un mal social y la afectación entre los adolescentes es preocupante y va mucho más allá de la complejidad como emoción. El final del proceso ansioso ya no es un estado emocional, es un estado disfuncional”, destaca Suárez, que apunta que “las emociones son abstractas, no las vemos, por lo que, a través de películas o libros con las que ponerles nombre, visualizarlas, hace que pasen de ser abstractas a manipulativas: si yo tengo una emoción que puedo manipular, eso me va a ayudar mucho a gestionarla”, destaca.

En cuanto a la envidia, Adela González destaca que “se establece como un proceso “natural” que todos hemos sentido alguna vez y que surge en varias partes del cerebro indicando “qué debemos hacer socialmente”. De esta forma, suele ser una emoción común en esta etapa que hace que se compare nuestra vida con la de otros, admirar lo que otros tienen y que nosotros no tenemos y, por lo tanto, hace que sientan que están menos preparados”, expone.

“La envidia es un sentimiento que daña nuestra imagen, dado que tenemos que asumir que “deseo algo que no tengo y el otro sí”, y esto nos hace sentir vulnerables”, constata Andrea Fernández.

En el caso de la apatía (enuii en la película), Andrea Fernández, la califica como “estado de indiferencia que nos hace sentir sin fuerzas, sin ganas y sin ningún tipo de motivación”, mientras que Adela González apunta que “es una emoción que está asociada a la falta de “pasión”, de deseos de hacer cosas, lo que en muchos casos se le llama tener pereza, cuando en ese proceso hormonal que fluctúa de forma tan rápida podemos estar con mucha energía y, de repente, presentar falta de ganas o interés por algo”.

Finalmente, el cuarto nuevo protagonista, vergüenza, es “una emoción clásica en la etapa de la adolescencia”, dice González. “En esta etapa de cambios, sobre todo físicos, los adolescentes ven que su cuerpo está cambiando y no quieren que otras personas (otros adolescentes) sean conscientes de ello”. Por su parte, Andrea Fernández indica que “la vergüenza surge cuando se da una evaluación negativa del propio yo. Tienes ganas de esconderte”.

Y, ¿cómo se mezclan todas estas nuevas emociones en la coctelera de la adolescencia? “Cada vez observamos a más adolescentes con niveles de ansiedad más altos dado que vivimos en un momento que todo es para ya: la inmediatez, la rapidez, el caos...”, expone Andrea Fernández. “No tienen tiempo para pararse y tener tiempos de calma en este mundo tan frenético. Además, el uso de las redes sociales les hace compararse y competir y es ahí donde “la vergüenza, la apatía, la envidia se reflejan en esa etapa”: “El adolescente busca su yo y tiene que lidiar con sus intereses y defenderlos”.

“Se ha generalizado mucho visualizar la adolescencia como una etapa con grandes desventajas, sin embargo, puede traer consigo grandes aspectos positivos, ya que es una etapa de búsqueda de novedades, nos llama a probar cosas nuevas y experimentar la vida plenamente, permitiéndonos salir del mundo familiar que nos hace sentir seguros”, afirma Adela González. “Entender que todos pasamos por esta etapa y establecer una fuerte comunicación con ellos es crucial para entenderlos y que sientan que si tienen alguna problemática pueden contar con los adultos para solucionarla”, indica.

“Desde mi punto de vista profesional, cuando llega esa etapa las familias tienen miedo, pero es esencial que desde la niñez se hable con ellos, se les valide, se les escuche y se trabaje la confianza, la comunicación, la expresión”, aconseja Andrea Fernández.

De este modo, esta película, como lo fue en su día la primera parte, es una forma de reconocer las emociones “y expresarlas, para sentirnos más ligeros”, dice Fernández. “Es importante que nos validen cómo nos sentimos y esas frases inconscientes, como “esto es una tontería” o “deja de llorar”, son frases que no les ayudan y lo que provocan es más bloqueo emocional”, advierte: “A las personas no se les permite llorar, enfadarse, gritar...; enseguida intentan cortar esa emoción y reprimirla, en vez de sacarla e intentar canalizarla”.

“No podemos quedarnos solo en triste, alegre, aburrido..., debemos ir más allá”, subraya Adela González. “Es por eso que el aprendizaje emocional desde la infancia tiene una especial importancia, ya que permite entender lo que uno siente y cómo trabajarlo”. Así, sostiene que “no etiquetar las emociones impide analizarlas, observarlas y entenderlas para poder salir de ellas si es que nos están provocando sensaciones muy negativas”. Y añade: “Otra ventaja es explicar cómo nos estamos sintiendo cuando queremos fortalecer una relación con otra persona”.

Pero, evidentemente, no todas las etiquetas son positivas, ya que, por ejemplo, solemos tildar a los adolescentes de hoy en día como “la generación de cristal”. “Esas etiquetas provocan que ellos se bloqueen más emocionalmente”, advierte Andrea Fernández: “Los adultos podemos acompañar, escuchar y validar esas emociones sin caer en una sobreprotección y que se les permita que comentan sus errores para que tengan un aprendizaje”.

“Las familias debemos aprender a comunicarnos con nuestros hijos adolescentes, para acompañarlos en el proceso”, sostiene Paula Suárez. “Cambiar las formas de comunicación ayudan en ese proceso empático, porque la función de la familia en la etapa adolescente es el acompañamiento”: “Primero está la observación y la escucha –tenemos que saber escucharlos aunque no nos guste lo que nos dicen, es una etapa en la que no hay que juzgar–. Lo siguiente es el acompañamiento, ¿para qué? Para negociar y establecer normas y límites. ¿Y esto a qué nos va a llevar? A las emociones, en forma de empatía y de asertividad”.

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