Entrevista | Alfonso Soto Médico endocrino

“La enfermedad renal crónica tiene un gran impacto humano y económico”

“Hasta hace poco no teníamos herramientas terapéuticas y esta patología era el patito feo. Hoy contamos con fármacos eficaces que ralentizan su avance”

Alfonso Soto, durante la presentación de la nueva molécula para tratar la ERC.

Alfonso Soto, durante la presentación de la nueva molécula para tratar la ERC. / Limbo Agency

Se calcula que 1 de cada 7 adultos españoles presenta algún grado de enfermedad renal crónica (ERC), es decir, el 15,2% de la población adulta. Este impacto es especialmente significativo entre los pacientes diabéticos, ya que se estima que un tercio de éstos acaban desarrollando enfermedad renal. Expresado en años de vida, una persona con ERC y diabetes mellitus tipo 2 vive de media 16 años menos que la población general. Además, el inicio de la terapia renal sustitutiva, en la fase más avanzada de la enfermedad, conlleva un gran estrés emocional y psicológico para el paciente. “El manejo integral del paciente con ERC y diabetes tipo 2 es crucial. Para lograrlo debemos actuar precozmente desde la perspectiva cardiovascular y renal con una aproximación multidisciplinar”, afirmó ayer el doctor Alfonso Soto, médico adjunto en el servicio de Endocrinología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC), durante la presentación en Madrid de una nueva molécula, la finerenona, que, según este especialista, puede suponer un importante cambio en el pronóstico de la enfermedad renal crónica asociada a diabetes tipo 2.

–La enfermedad renal crónica es muy prevalente, aunque no es demasiado conocida. ¿Por qué?

–Es cierto. La ERC es una enfermedad muy silente. Hay poca consciencia de ella y de que es una enfermedad muy prevalente, y con un gran impacto económico y de pronóstico en cuanto a la morbimortalidad cardiovascular en los pacientes que la padecen. Es, además, una patología cuya prevalencia va en aumento y la clave está en los factores que contribuyen a su etiopatogenia, especialmente la diabetes mellitus tipo 2, la obesidad y la hipertensión, patologías que también están en continuo crecimiento en la sociedad actual, y la ERC y estas enfermedades juntas son amistades peligrosas.

“Es una enfermedad silente, sobre la que se tiene poca conciencia”

–¿Se puede prevenir?

–La clave está, sobre todo, en tener conciencia social, conciencia de los sanitarios y conciencia de la administración sanitaria. Es importante que ésta última asuma e instaure en las analíticas de los pacientes con obesidad, diabetes o hipertensión, de forma anual y automatizada, un cociente albúmina/creatinina y un filtrado glomerular con el fin de diagnosticar y tratar de forma precoz esta enfermedad tan silente.

–¿Qué le sucede al riñón? ¿Por qué enferma?

–La etiopatogenia es multifactorial. En principio, intervienen mecanismos hemodinámicos, sobre todo interviene ese aumento de presión arterial dentro de lo que es la maquinaria del riñón, del glomérulo. Y también mecanismos metabólicos, que serían la toxicidad de la azúcar en el diabético, la toxicidad de la grasa en el paciente con obesidad. Y luego también algo muy importante, sobre todo en el pronóstico luego cardiovascular, son la inflamación y la fibrosis.

–Dice que es una enfermedad silente. ¿Cuándo aparecen los síntomas?

–Los síntomas son muy tardíos y ya la evolución es mucho más rápida y el pronóstico es peor. Se calcula que en el año 2040 la enfermedad renal crónica será la quinta causa de mortalidad. Entre 2007 y 2017 se hizo un seguimiento de patologías como la cardiopatía isquémica y la enfermedad cerebrovascular y se constató que estas patologías ha disminuido su morbimortalidad. Sin embargo, en ese mismo periodo la renal crónica ha aumentado la tasa de mortalidad en 1,5%. Es decir, es una patología sigue creciendo y tenemos que intentar frenarla.

–¿Cómo?

–Hasta hace poco no teníamos ningún tipo de herramienta terapéutica realmente y, a veces, cuando no tenemos armas terapéuticas, nos dedicamos a otras batallas y ésta la habíamos dejado como el patito feo, cuando su diagnóstico es bien sencillo: basta con una analítica de sangre y de orina. En el momento actual, en un paciente con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica, intentamos tener un buen control de su glucemia, presión arterial y colesterol, y tenemos armas terapéuticas: los inhibidores de la renina, los IECAS y ARADOS, que son fármacos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA); los inhibidores SGLT2, que actúan de manera hemodinámica; y ahora también la finerenona, que actúa sobre la inflamación y la fibrosis. Esta nueva molécula actúa bloqueando el receptor de mineralocorticoides (MR), que suele estar sobre activado en esta patología, y puede suponer un importante cambio en el pronóstico de la enfermedad renal crónica asociada a diabetes tipo 2.

–¿Qué aporta esta nueva molécula al arsenal terapéutico que había hasta ahora?

–Tras la investigación de los estudios pivotales, la finerenona ha demostrado ser una herramienta clave en este tipo de patologías de escena renal crónica y diabetes, sobre todo en enlentecer la evolución renal: mejora el filtrado, mejora el cociente de la albúmina, y también demostraron, y por eso la importancia de esta molécula, que tenía también un efecto beneficioso en prevención de la morbimortalidad cardiovascular, porque realmente un paciente con enfermedad renal crónica y diabetes no se muere de enfermedad renal terminal, sino de un evento cardiovascular.

–¿De ahí que insistan ustedes en la importancia de la prevención y la detección precoces?

–Estamos muy concienciados de la importancia de hacer un diagnóstico e intervención precoces, abarcando los diferentes mecanismos fisiopatológicos que están implicados, empleando los tres fármacos con los que contamos desde el inicio de la enfermedad, porque se complementan entre ellos y se potencia su efecto beneficioso. Se ha demostrado que un tratamiento intensivo precoz con fármacos tiene un buen pronóstico en la evolución de esta enfermedad. También es importante el manejo multidisciplinar del paciente, donde estemos necrólogos, endocrinos, médicos de familia y cardiólogos.

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