Entrevista | Silvia Congost Psicóloga
“Rendirnos cuando una relación no da más de sí es un éxito enorme”
“Conectamos la idea de que una relación se acabe con un fracaso y, a veces, es todo lo contrario”, asegura la autora de “Diario de una ruptura” e invitada de esta tarde en el Club FARO

La psicóloga Silvia Congost. / Cedida

En “Diario de una ruptura” (Ed. Aguilar) la psicóloga Silvia Congost (Girona, 1977), experta en relaciones amorosas, apunta las claves para superar la parte del amor que más cuesta aceptar: su final. Esta tarde, en el Club FARO (20.00 horas), hablará sobre cómo convertir el final de una relación en un nuevo comienzo.
Basada en su experiencia profesional y personal (“yo misma tuve que enfrentarme a una ruptura que no esperaba y para la que creía que no estaba preparada”, apunta), teje una luminosa historia de autoamor para analizar cada paso en la aceptación de que “la vida sigue, aunque ahora lo haga sin la persona que nos ha dejado”.
–Con esta novela aborda el tema de las rupturas de pareja.
–En general, no estamos preparados para las rupturas. De hecho, nos cuesta mucho enfrentarnos a los cambios porque nuestro cerebro trata de buscar lo rutinario, aquello a lo que está acostumbrado, donde se siente seguro y nos puede proteger. Por eso, cuando alguien nos deja y nos vemos obligados a iniciar un proceso de ruptura, nos volvemos como obsesivos, para tratar de evitar que esa ruptura, para tratar de recuperar a esa persona... Sin embargo, las rupturas son cambios y es algo de lo que está hecha la vida, por lo que todos debemos entender y saber que estamos preparados para enfrentarnos a los cambios.
–Esta vez ha optado por una historia novelada, ¿por qué?
–Decidí que tenía que escribir un libro sobre este tema, ya que tenemos poca información al respecto, y me apetecía hacerlo con un lenguaje distinto en esta ocasión, más en formato novela, y quise experimentar con ello.
–¿Cuál es el peor momento de la ruptura?
–Cuando vives una ruptura te ves obligado a enfrentarte a un duelo, y eso es lo que no queremos. Es a lo que nos resistimos. Las primeras fases, sobre todo la negación y la rabia, son de las más tortuosas. La negación es muy peligrosa porque es como que tú te niegas a aceptar que esa relación ha acabado y, al negarte a esa realidad que tienes delante, no empiezas el camino para adaptarte a esa nueva realiddad; te quedas ahí detenido, esperando a que esa persona vuelva y eso te va deteriorando porque esa persona ya no está, se ha ido, te ha dejado. Luego pasamos a la rabia, que es una emoción que, si se queda dentro, nos perjudica, nos deteriora todavía más.
–Pero, ¿es normal sentirse triste?
–La tristeza es otra fase del duelo y también es compleja. Lo importante es ser capaz de identificar en qué punto del duelo estamos en cada momento para que entendamos si lo que estamos viviendo es normal o si, tal vez, estamos quedándonos demasiado tiempo ahí atrapados y necesitamos pedir ayuda.
–¿Así que lo sano es pasar ese duelo, aunque haya quien quiera animarte?
–No es que sea lo sano, es que es obligatorio. Tenemos que pasarlo. Las personas que no lo pasan, que son normalmente esas que acaban de salir de una relación y están echas polvo y se embarcan ya en una relación nueva, es como que vuelven a subirse al carro del enamoramiento y no han experimentado ese duelo, no se han dejado caer en las profundidades de todo ese dolor. Y hay que sentirlo, es la manera de ir cerrando esas heridas, de ir integrando todo lo que nos ha pasado y de aprender también de esa experiencia.
–De ahí ese mensaje de ver la ruptura como una oportunidad para un nuevo comienzo.
–Exacto. Aunque el final de una relación pueda parecer algo dramático, no deja de ser, para mí, una historia llena de esperanza y de luz que nos conecta con la capacidad de resiliencia del ser humano, con ese increíble potencial que tenemos para reconstruirnos y resurgir otra vez y volver a ser felices una vez más, una vez entendido ese proceso, y que seamos capaces de conectar con la gratitud por todo lo que nos ha aportado esa experiencia, esa relación. Y, a partir de ahí, ser capaces de soltar y seguir.
–¿Cuando una relación no da más de sí y es más sano dar el paso de dejarla?
–Eso es muy importante. Muchas personas no quieren aceptar que su relación no da más de sí y siguen y siguen insistiendo. No se dan cuenta de que están dando vueltas todo el tiempo en el mismo círculo y que ahí no va a cambiar nada porque esa relación siempre ha sido igual. Lo que pasa es que conectamos la idea de que la relación acabe como un fracaso y, a veces, es al contrario: rendirnos cuando una relación no da más de sí es un éxito enorme. Debemos tener la capacidad de decir “hasta aquí”. Eso es muy liberador.
Debemos tener la capacidad de decir “hasta aquí”. Eso es muy liberador
–Hoy en día el fracaso está tan mal visto...
–Nos han educado con esa idea de que la situación ideal es la relación que dura para siempre y tenemos muy enraizada esa idea de que lo contrario es un fracaso, de que no podremos construir esa familia ideal que teníamos en mente. Simplemente, son cambios, no se rompe nada, no fracasa nada. Cambia de forma nuestra vida, nuestras relaciones, nuestra familia, igual que cambia todo: nuestros sentimientos, nuestro cuerpo, nuestra realidad... Como no nos educan ya desde pequeños con estas ideas, que son tan esenciales, nos cuesta hacerles frente y sufrimos más de lo necesario.
–Tiene mucho que ver con esa idea de otro libro suyo: “Si duele, no es amor”.
–Si has pensado que lo normal es no sufrir en una relación, que si duele es que hay algo ahí que es tóxico, que no es sano...; cuando te planteas todo eso, tienes el poder realmente de decidir y eres libre de verdad; mientras que las personas que no se hacen esas preguntas, y están dentro sufriendo, están atrapadas, están bajo el peso de la resignación, pero no tienen el control de su vida y es una pena.
–¿Es posible una ruptura amistosa?
–La ruptura, si se da en la situación en la que una de las dos partes decide romper pero la otra no quiere, no va a ser nunca amistosa, porque la persona que no quiere lo va a pasar mal, tendrá que atravesar ese duelo y va a sufrir. El único caso en el que realmente puede ser amistosa y no hay sufrimiento es cuando las dos personas deciden romper de mutuo acuerdo, porque se dan cuenta de que ya no hay pasión, no hay deseo, de que son amigos, compañeros de piso... Pero, si una de las dos partes no quiere romper lo va a pasar mal, por eso yo siempre recomiendo que haya un tiempo sin que haya contacto, porque es mucho más sano para quien es dejado, para poder reconstruirse, para poder mirar hacia adelante.
–¿Y pasado un tiempo?
–Cuando ya nos hemos reconstruido, cuando tenemos una nueva vida, por lo general no nos suele apetecer remover eso y volver a entrar en contacto con esa persona que también sigue su camino y quizá tenga otra relación; pero si la herida está sanada podría ser, si ambos desean retomar el contacto o la relación en forma de amistad, sería posible porque no hay dolor.
–Más difícil cuando hay hijos en común...
–Evidentemente, cuando hay hijos pequeños es más complejo porque no podemos hacer ese contacto cero, lo que lo hace más difícil para quien no deseaba esa ruptura, porque tener información de la otra persona nos duele y nos hace sufrir. Pese a todo, por supuesto, se puede superar. La clave está en intentar tener el mínimo contacto que podamos para superarlo con más agilidad.
–Lo más importante aquí será que los niños no sufran.
–Sobre todo, no hay que hablar mal a los niños sobre el otro progenitor, que no te vean como una víctima, llorando en casa... Se puede mostrar tristeza, por supuesto, pero que no nos vean mal porque sino ellos también sufren y, a veces, piensan que son los culpables o que tienen algo que ver. Hay que ser muy claros en ese sentido para mostrarles que la ruptura no es el fin de nuestros días y que es parte de la vida. Cuanto más les ayudemos, a través de nuestro ejemplo, van a ver que es algo normal más lo van a normalizar ellos.
–¿Cuándo hay que pedir ayuda?
–A veces nos quedamos atascados en alguna fase del duelo. Hay personas que están demasiado tiempo en la negación, o hay otras que, pasado un tiempo, siguen hablando mal de la que era su pareja. Eso también es una señal de que no han pasado página... Si siguen en la tristeza, si no levantan cabeza, no se cuidan, no salen, no quieren hacer nada..., deberían pedir ayuda. A veces, con una sesión o dos, ya desatascan esa situación y siguen adelante.
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