¿Retenemos mejor si leemos en papel?
Los expertos señalan que las nuevas tecnologías permiten un acceso a la información sin precedentes, pero también pueden distraer, y mermar la comprensión lectora y la retentiva

Las pantallas ofrecen todo tipo de contenido, pero también pueden dificultar el aprendizaje. / Freepik
Las nuevas tecnologías permiten un acceso a la información y al conocimiento sin precedentes. Desde el sofá de casa podemos estar siguiendo la guerra en Gaza, mientras repasamos la biografía de Ortega y Gasset o leemos el último éxito literario y, de vez en cuando, echamos un vistazo a las redes sociales y al WhatsApp. Sin embargo, esto hace que nos resulte complicado mantener el foco de atención en algo concreto, lo que merma nuestra comprensión lectora y nuestra retentiva.
La razón, según la pedagoga y maestra viguesa María Couso, es muy sencilla: el ser humano no es una especie multitarea. “No podemos focalizarnos sobre más de un estímulo al mismo tiempo. Lo que hacemos es alternar nuestra atención entre varios frentes de la mejor de las maneras. Cuando empleamos una gran velocidad en el cambio de foco atencional, nuestro número de errores se incrementa: podemos cometer más fallos cuando queremos hacer varias cosas a la vez que cuando hacemos una sola”, afirma.
Así, en los momentos de simultaneidad, la profundización sobre cada contenido es más superflua. “Es como si pasásemos de puntillas por la información. Esta superficialidad en la inmersión que realizamos nos hace también más vulnerables a las fake news: creemos información que no es veraz porque nuestra mirada crítica no se entrena en ellos y no es ayudada por el conocimiento real que tenemos sobre diversas áreas”, añade esta pedagoga.

María Couso. / FdV
“Pasar de puntillas por la información nos hace vulnerables a las 'fake news'”
Además, la conectividad constante es un factor estresante, según José Manuel Suárez Sandomingo, presidente de la Asociación Profesional de Pedagogos e Pedagogas de Galicia (APEGA). “La comunicación permanente supone también un permanente estrés, ya que la persona centra su atención no sólo en lo que tiene delante en ese momento, sino también en lo que espera o desea que le llegue más tarde”, alega.
Para la profesora Alba Alonso, la cantidad de información no siempre es sinónimo de calidad. “Existe una ‘infoxicación’, es decir, una sobrecarga informativa. Y es que tener mucha información no indica tener buena información”, señala.
Lectura digital frente a la de papel
La lectura, competencia esencial para el aprendizaje y la adquisición de conocimiento, tampoco es ajena al impacto de la revolución digital y, aunque los dispositivos electrónicos permiten el acceso a un contenido casi infinito, también introducen distracciones que pueden mermar la capacidad de comprensión lectora y así lo muestran distintos estudios.
“Eso puede ser posible por toda la carga emocional y de sensaciones que va unida a la lectura en papel. Me refiero al olor de la tinta, el tacto de las hojas al pasarlas, los colores de la portada, el peso del libro, la idea de almacenarlo en nuestra biblioteca, la sensación de que llevar un libro nos hace más inteligentes...”, comenta esta docente.

Alba Alonso / FdV
“Disponer de mucha información no indica tener buena información”
Asimismo, hay evidencias de que la capacidad de retentiva también disminuye cuando se leen textos expositivos o instructivos en formato digital -con los textos narrativos las diferencias se acortan, aunque siguen existiendo igualmente, según Couso- . La educadora explica que para aprender. no sólo memorizamos el contenido que nos transmite el texto, sino también grabamos el lugar físico que ocupa. Esto es así en el papel, donde los contenidos son estáticos en el espacio. Pero no sucede con las pantallas porque es distinto visualizar un texto en un móvil, una tableta o un ordenador: la localización del contenido varía.
“Sabemos por diferentes investigaciones que nuestra memoria se consolida peor cuando sabemos que el contenido no se va a borrar. Si percibimos que la información no va a volver a estar disponible, nuestro hipocampo, la estructura encargada de las tareas de memoria, tiende a consolidar de peor manera que si estamos ante una información que no vamos a poder consultar de nuevo”, explica Couso, para quien, basándose en estas evidencias, la idea de que los niños tengan libros de textos digitales es pésima.
Elementos que distraen
En este sentido, Suárez Sandomingo sostiene que los primeros aprendizajes han de hacerse en formato físico. “La lectura sobre el papel es más estática que la que se hace en las pantallas, donde además de tener el propio texto se pueden incorporar otros contenidos, como imágenes en movimiento o audios, que dispersan la atención y distraen la concentración. Por eso, en la actualidad, y sobre todo para los alumnos de primaria, que aún no tienen unos hábitos lectores muy entrenados, se pide que los aprendizajes escolares se realicen por medio de los libros o textos en papel”, expone el pedagogo.
Añade, además, que la lectura del texto en papel permite al lector ir a su propio ritmo y poder retroceceder en la lectura cuantas veces sean precisas, mientras que el aprendizaje audiovisual requiere de una preparación diferente, puesto que se da una sincronía entre imagen y audio que muchas veces no es acorde con la capacidad del usuario para seguirla.

José Manuel Suárez Sandomingo. / FdV
“Los aprendizajes escolares de los alumnos de primaria han de ser en papel”
Varios estudios vinculan el aumento de la prevalencia de los problemas de atención en los niños y adolescentes con el uso que hacen de los dispositivos electrónicos. “Las pantallas están anulando la focalización atencional (concentración), que se está viendo mermada porque los niños desde muy pequeños están expuestos a estímulos sobre la pantalla que van a toda velocidad. Es normal que después, en clase, con un profesor que no tiene luces de colores en la cabeza ni se mueve corriendo de un lado a otro, manifiesten que se aburren”, afirma Couso.
La clave está en el uso
Esto no quiere decir, sin embargo, que los formatos digital y físico no puedan coexistir. Es más, los expertos opinan que no sólo pueden, sino que deben coexistir, ya que se complementan. La clave está en el uso que se haga de los dispositivos y en este sentido los expertos inciden en la necesidad de marcar unas pautas. “Las nuevas tecnologías son maravillosas cuando las sabemos utilizar en forma y tiempo. El problema es que se están utilizando con edades prematuras a las que por neurodesarrollo son adecuadas o se está haciendo un uso excesivo de las mismas para numerosas actividades que sabemos que, de ser analógicas, podrían mejorar considerablemente”, afirma Couso.
A este respecto, Alonso sostiene que el acceso al móvil es un paso que ha de ser “hablado, consensuado y regulado de alguna manera” entre adultos y menores. “No sólo es cuánto tiempo, sino en qué momento, para qué uso y de qué manera”, comenta. En cualquier caso, opina que la exposición debería limitarse a cero en los primeros años del niño y nunca deberían utilizarse los dispositivos digitales para que el niño coma, para que deje de llorar o no moleste. "Para esto estamos los padres. Si no hacemos esto de pequeños será difícil conseguir limitarles más tarde su uso en la adolescencia", advierte.
Por su parte, Suárez asegura que estamos en un proceso de transición. “Todos tenemos que aprender a utilizar las nuevas tecnologías. Y mientras los adultos no aprendamos a cuándo y cómo podemos utilizarlas para los aprendizajes de los niños y jóvenes, todos estaremos situados en el caos”, manifiesta
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