Entrevista | Marta Martínez Novoa Psicóloga y autora de “El síndrome de la chica buena”
“Hay que salir de esa idea de que solo eres buena cuando te das a los demás”
“Hay que resignificar el concepto de bondad y también el de protegerse”, apunta

La psicóloga Marta Martínez Novoa. / Cedida

La psicóloga Marta Martínez Novoa (Sanxenxo, 1993) tiene una comunidad de más de 380 mil seguidores en Instagram (@martamnovoapsico). Hoy sale a la venta su segundo libro, El síndrome de la chica buena (Zenith), una auténtica guía para construir un futuro en el que seas tu máxima prioridad. “Deja de complacer a todo el mundo y piensa en ti”, reza el subtítulo de su obra.
–¿Qué es el síndrome de la chica buena?
–Es un patrón de comportamiento, de pensamiento, que les ocurre a muchas personas, principalmente mujeres –porque estamos afectadas también por los mandatos de género–, que básicamente se basan en ser muy complacientes con los demás, anteponer las necesidades de los demás a las propias, vivir desde la vergüenza, reprimiendo la ira, con el objetivo último de sentirnos válidas porque creemos que es la manera en la que no nos van a abandonar, no nos van a rechazar y no nos vamos a sentir desprotegidas.
–Un patrón que se retipe durante generaciones. ¿Sigue costando todavía romper con él?
–Cuesta mucho, sí. Hay muchos factores que influyen en que se generen en cada persona, pero los mandatos de género o mucho otros mandatos sociales que están impregnando la sociedad desde diferentes puntos hacen que sea muy difícil que desnaturalicemos esto. Es un patrón disfuncional que está muy normalizado e incluso reforzado, diría yo.
–¿Cuál sería el primer paso para cortarlo?
–Resignificar el concepto de bondad. A nivel social creo que lo tenemos bastante mal entendido, como sacrificarte todo lo que puedas en lugar de esforzarte, que no es lo mismo. Atiende primero a cuidar a los demás y luego, si eso, a ti. No destaques, porque si lo haces estás siendo prepotente... Hay que darle una vuelta a cómo entendemos la bondad. No digo que cada persona se tenga que construir su concepto de bondad , pero sí que hay que salir de esa idea de que solo eres buena cuando te das a los demás y del de que eres mala cuando te priorizas.
Vulnerable
–¿Este síndrome te hace más vulnerable?
–Lo que ocurre muchas veces cuando se construye este síndrome, que suele ser desde la infancia, es que tú te sientes desprotegida. Te dan tantos mensajes a la vez de que solo estarás protegida si priorizas a los demás que, al final, acabas sintiéndote más desprotegida, es una paradoja. Aquí el tema es aprender a protegerse de manera adecuada. Yo no me voy a proteger siendo lo que tú esperas de mí; me voy a proteger, por ejemplo, poniéndote límites sanos. Y sí, siendo responsable afectivamente contigo, escuchándote, pero también escuchándome a mí. Al igual que hay que resignificar el concepto de bondad, también hay que resignificar el concepto de protegerse.
–¿Son personas propensas a caer en relaciones líquidas, tóxicas...? De esas que no son “amor del bueno”, del que trata en su primer libro.
–Hay algo que se repite en el libro que es que las chicas buenas somos personajes secundarios de nuestras vidas. Cuando tú te relacionas contigo misma desde ahí, es imposible que construyas relaciones sanas, por lo que hay cuatro tipos principales de relaciones que se producen bajo el síndrome de la chica buena: las líquidas, las tormentosas, las basadas en la idealización y las basadas en el refuerzo intermitente.
Las chicas buenas somos personajes secundarios de nuestras vidas
–Menciona también a “las seis chicas buenas que viven en ti”: cuidadora, policía de sí misma, ingenua, moralista, escondida y farsante.
–Esas seis chicas buenas son, al final, como las defensas psicológicas que tienes dentro de ti. Son lo que las chicas buenas construyen desde que son pequeñas para sentirse protegidas y cada una de ellas es como una especie de trampa, porque lo que cree que la protege, al final, la está perjudicando. En el caso de la cuidadora, por ejemplo, la trampa sería pensar que al cuidar al otro tú te estás protegiendo porque piensas que el otro va a estar ahí para ti; pero, en lugar de eso, lo que estás haciendo es dejarte de lado.
–Como consejos apunta: priorizarte, dejarte ser y querer y mandar a la mierda.
–Efectivamente. Ojalá fuera tan fácil, pero es un capítulo muy extenso donde hay un montón de herramientas para autoconocerte, hacer instrospección y empezar a poner en práctica ciertas herramientas que te ayuden a poner el foco un poco más en ti.
Rebeldía
–¿Podría interpretarse como un acto de rebeldía?
–También hablamos en el libro sobre la diferencia entre rebeldía y libertad. Muchas veces a las chicas buenas, sobre todo en la adolescencia, les ocurre que, de tanta represión, de repente se pasan al otro extremo, al de ser la oveja negra, de querer diferenciarse de todas las maneras posibles. No les pasa a todas, pero es habitual. Rebeldía es hacer lo contrario que esperan de mí, pero libertad es hacer lo que yo quiero. A veces pueden coincidir; otras veces, no. Por eso es importante también trabajar la autoescucha para saber qué es lo quiero exactamente.
–¿Es más necesaria que nunca esta revisión de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás?
–Los problemas que hay ahora son diferentes a los de antes, pero siempre ha habido problemas. En todas las etapas vitales, en todos los contextos históricos ha sido necesario aportar un poco más en educación emocional.

Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: EFE
“Existe una fina línea entre empoderar y banalizar”
–Existe debate sobre la canción “Zorra” que representará a España en Eurovisión. ¿Qué opina al respecto?
–Mi opinión no es ni que esté mal ni que esté bien. Sí que creo que es importante resignificar ciertos conceptos, pero es verdad que puede que haya otras vías para hacerlo. Si a la cantante le sirve de algún modo y el mensaje, más allá de la palabra zorra, es un mensaje empoderador, adelante.
–Se cuestiona que se banalice como insulto, o que se popularice, por ejemplo, entre la gente joven...
–A veces hay una línea muy fina entre normalizar y resignificar ciertos conceptos que siempre se han entendido como negativos. Por ejemplo, en la comunidad gay la palabra “maricón” siempre ha sido como un insulto; pero ahora ellos, en cierto modo, se la reapropiaron para darle un significado empoderante. Lo mismo con la palabra gorda... Pero no sé hasta qué punto, con otras palabras que tienen una connotación tan de insulto, si no habrá una fina línea entre empoderar y banalizar absolutamente todo. Ahí está el debate.
–Hay mucha división de opiniones...
–Yo soy partidaria de que no se reduzca todo a una palabra, a una etiqueta, sino que haya un mensaje detrás. Y, según sea ese mensaje, veremos si nos encaja más o menos la utilización de esa etiqueta.
Suscríbete para seguir leyendo
- «Las primeras medidas para reducir las bajas laborales irán este mes. Estoy seguro de que bajarán las cifras»
- Una plantilla de 70 personas, entre ellos 30 socorristas, se ocupará este verano del parque acuático y complejo de Monterrei
- No cojas pájaros del suelo: la Sociedad Española de Ornitología recuerda lo que debes hacer si encuentras una cría fuera de su nido
- La reapertura del policlínico Cíes lleva ocho meses paralizada a la espera de una autorización de la Seguridad Social
- Aparece un hombre de Vigo ensangrentado en el enlace de la Autovía do Morrazo en Meira y dice que fue secuestrado
- La ambiciosa transformación de la avenida de Madrid de Vigo alcanza uno de sus hitos: «Ahora empezará lo más visible»
- Detenido en Vigo tras darle puñetazos a su pareja en plena calle y simular que la penetraba
- A juicio en Pontevedra por apropiarse de la herencia de 400.000 euros de su hijo de 10 años
