marina litvinenko | Viuda de Aleksándr Litvinenko

“Rusia es como un ‘Titanic’ que se dirige hacia el iceberg”

“Occidente ha seguido trabajando con Putin pese al aplastamiento de la democracia”

MARC MARGINEDAS

La viuda de Aleksándr Litvinenko, el exoficial de la KGB, escritor y periodista que fue envenenado con polonio en el 2006, reflexiona sobre la Rusia de Vladimir Putin. Logró que la muerte de su esposo mientras se encontraba asilado en Londres fuese considerada un crimen político del Estado ruso.

–¿Cómo valora la situación política de Rusia en la actualidad? ¿El régimen es fuerte?

–Lo que está ocurriendo en Rusia actualmente es la consecuencia natural de las condiciones que se han desarrollado durante los últimos 22 o 23 años bajo el Gobierno de Putin. A pesar de los asesinatos, los arrestos, el aplastamiento de la democracia, este Occidente colectivo ha continuado trabajando con Putin, comerciando con él, intentando encontrar un lenguaje común; se ha mantenido el diálogo con él y han cerrado los ojos, a pesar de lo que estaba haciendo. Esta guerra ha mostrado quién es verdaderamente Putin. Hay que conocer la historia de la Unión Soviética, que siempre presentó mejor la situación de lo que es en realidad. Las sanciones decretadas, y que en mi opinión, llegaron tarde, no pudieron destruir la economía lo suficientemente rápido para parar la guerra. Pero está claro que (el país) es un Titanic que se dirige hacia su iceberg, y no importa lo que haga, no va a poder dar media vuelta. El colapso de la economía está sucediendo, y es posible que se materialice en la desintegración del país. En Occidente, los líderes temen la desintegración de Rusia y apuestan por mantener el statu quo. Pero cuanto más tiempo Putin se mantenga en el poder, esta amenaza de desintegración será más real.

–¿Piensa usted que Occidente siempre llega tarde con Putin?

–Desgraciadamente, hasta ahora Occidente ha llegado tarde siempre. En el envío de armas, en el apoyo a Ucrania. Respecto a las sanciones contra Rusia, hay que decir que no son todo lo abrumadoras que deberían ser, siempre habrá países como Austria, que sigue recibiendo de Rusia un 50% de su gas, un dinero que se dedica luego a comprar armas con las que se matan, no solo a ucranianos, sino también a rusos obligados a ir a la guerra. Se cierran los ojos al comercio que se realiza a través de Kazajistán, Kirguistán... Todo ello ayuda a mantener la economía de Rusia y a continuar la guerra. En los prolegómenos de la invasión, cuando Rusia rodeaba a Ucrania con fuerzas militares, Occidente se limitaba a advertir sobre la imposición de sanciones. ¡Había que haberlas aplicado ya entonces! En la actualidad, que la guerra se esté prolongando no conviene a nadie. Es cierto que (las sanciones) dañan a la economía de muchos países, pero desgraciadamente, no hay otro camino. Decir que estamos cansados de apoyar Ucrania no es una opción. Porque sería actuar contra los intereses de tu propio país, sería engañar a tus propios electores.

–¿Cómo valora la situación dentro del régimen?

–Al estar fuera del país, se dice que no tengo derecho a hablar de lo que pasa dentro de Rusia. Es una crítica que viene de gente en el interior del país que está cerca del régimen. Existe un refrán ruso que dice que la cercanía se ve en la distancia. Si tú te alejas de un cuadro, ves el cuadro mejor. Lo que sucede en Rusia, es mi opinión personal, es el síndrome del secuestrado. Los que intervienen en apoyo de Putin, lo hacen por temor, están aterrorizados. Esta gente simplemente intenta sobrevivir a esta situación. Mucha gente piensa que es mejor gritar a favor de Putin, pero en realidad, en lo profundo de su ser, a la gente en Rusia la vida se le ha hecho muy difícil. Porque esta estabilidad y esas garantías que de las que siempre Putin se enorgullecía, se han desvanecido. En realidad, si observamos de nuevo la trayectoria de Putin, lo que ha hecho ha sido lanzar guerras. Y la gente ha sido obligada a creer que solo él les podía defender. Él inició la segunda guerra de Chechenia, después la de Georgia, y la guerra ucraniana, que empieza en verdad en 2014.

–¿Considera que existen problemas en el seno del régimen?

–Existen enormes problemas. Y aunque no soy politóloga, existen determinados factores que me permiten aseverarlo. En el entorno de Putin nunca hubo unidad. La única unidad residía en que Putin garantizaba a todos los clanes estabilidad, dinero y privilegios. Está claro que durante mucho tiempo, los principales beneficiados han sido los servicios secretos, en concreto el FSB, mientras que el Ejército ha sido en cierto modo apartado. Pienso que esta guerra ha sido iniciada por los militares, porque no estaban tan bien proveídos de propiedades, o de las posibilidades de transferir este dinero al extranjero. Estoy segura de que tanto en 2014, cuando de verdad comenzó la guerra de Ucrania, como en 2018, cuando Putin se eligió a sí mismo, estaba claro cuál sería el programa: el militarismo. Y le daré un ejemplo: el envenenamiento de (Serguéi) Skripal. No fue una demostración de la fuerza de Putin. Era una demostración de los militares a Putin, que le decían: tú solo serás un líder militar, un líder guerrero. Las elecciones presidenciales se celebraron en marzo, y pocos días antes, Skripal fue envenenado. Esto no beneficiaba a Putin. Pero sí a los militares que no querían que Putin iniciara conversaciones de paz o encontrara puntos de encuentro (con Occidente). Putin deseaba entonces mantener el statu quo, basado en temor. El envenenamiento de Skripal (realizado por el GRU, la agencia de inteligencia militar, NDR) era una advertencia de los militares de que con Occidente, solo existirá la confrontación. Mi punto se confirma al ver lo que ha sucedido entre el Ejército y la milicia privada de (Yevgueni) Prigozhin, y el conflicto que han mantenido.

–¿Es posible que en Rusia estalle una guerra civil?

–Un golpe no es posible anticipar, tal y como no se podía prever que la URSS se desintegraría. Durante el golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov (de 1991), el pueblo dijo no estar de acuerdo con esto. Y no era un pueblo diferente al actual. Esa gente que salió a la calle impidió que se secuestrara la soberanía. Lo más interesante es que el Ejército, entonces, no apoyó el golpe. En mi opinión, el Ejército quiere asumir todo el poder. Esto puede suceder de muchas formas, y en un periodo de tiempo muy corto. Si la situación en el frente se mantiene como hasta ahora, con pérdidas, con errores, es posible (que los mandos militares) lleguen a la conclusión de que es importante iniciar conversaciones de paz.

–¿Qué sucederá cuando la guerra se acabe y Rusia se mire en el espejo y contemple, no solo las pérdidas, sino también los crímenes cometidos en un país hermano como Ucrania?

–Fue algo que no sucedió durante la desintegración de la URSS, no se le dio a la gente la posibilidad de conocer los crímenes que se habían cometido durante 70 años (de régimen soviético), no hubo juicio al Partido Comunista, no hubo juicio a Stalin... El Partido Comunista se mantuvo y nadie habló de sus crímenes, de los genocidios cometidos contra pueblos enteros. Todo ello impidió a la gente mirarse en el espejo. Y sucedió algo horrible. Putin utilizó todo esto para crear una nueva ideología. Decía a los rusos que habían sido engañados. Sin embargo, si en lugar de esto, hubieran podido saber cómo se llevaban a su vecino (arrestado), verían las cosas de forma diferente. Los archivos solo estuvieron abiertos uno o dos años, cuando la gente podía venir y ver por sí misma, encontrar a sus familiares (desaparecidos durante la vigencia de la Unión Soviética). Desde entonces, no han dejado de cerrarse y cerrarse.