Tubau: “El escepticismo es muy necesario en un momento en que vivimos enfrentados”

“La ciencia pone a prueba una hipótesis, la testa, hace experimentos y si se refuta la cambia por otra y vuelve a probar. Por eso es puro escepticismo”, afirma el escritor

Daniel Tubau (izqda.) y Jorge Álvarez Yágüez, ayer, en el Club FARO. |  
 // ALBA VILLAR

Daniel Tubau (izqda.) y Jorge Álvarez Yágüez, ayer, en el Club FARO. | // ALBA VILLAR / ágatha de santos

“No se puede ser filósofo sin ser escéptico”. Así lo aseguró ayer Daniel Tubau, escritor, guionista, director de televisión y profesor de literatura, creatividad y guion cinematográfico, que presentó en el Club FARO “Sabios ignorantes y felices. Lo que los antiguos escépticos nos enseñan” (Ariel), obra que reconstruye el pensamiento de los escépticos grecolatinos y que está dirigida tanto a iniciados como a profanos en la materia. En este libro, en el que reivindica la influencia que tienen estos pensadores, Tubau responde a cuestiones como ¿cuál es la fuente de los saberes humanos?, ¿podemos vivir sin certezas?, ¿con qué criterios podemos aceptar que lo que conocemos sea verdadero o falso?, ¿sirve el escepticismo para lograr una vida mejor?

“El escepticismo es una de las cosas más necesarias que hay en estos tiempos porque estamos enfrentados en bandos completamente irreconciliables de forma que ni siquiera escuchamos al del otro bando”, afirmó.

Tubau explicó que actualmente hay una tendencia a asociar el escepticismo con incredulidad ordinaria, cuando el escepticismo no implica una negación absoluta, sino que cuestiona los dogmas, tópicos y prejuicios. Así, explicó que el escepticismo filosófico deriva de la palabra ‘skepsis’, que significa ‘investigar’, esto es, no conformarse con una respuesta dogmática. Algunos de los exponentes de esta corriente filosófica son Pirrón, Anaxarco y Arcesilao, a quienes Tubau se refirió brevemente durante su charla.

Según Tubau, pensar con sentido implica dudar, cuestionar las aparentes certezas. “Hay razones para dudar de todo lo que creemos estar seguros”, sentenció.

Es más, animó al público a cuestionarse las verdades absolutas. “Tenemos que dudar. La certeza es peligrosa. Hitler la tenía. Stalin la tenía. La certeza es que tú crees en eso que tienes y da igual todo lo demás porque vas a hacer lo que crees porque tienes la certeza absoluta. Por eso la duda es fundamental”, remarcó.

Tubau, que estuvo presentado por el catedrático de Filosofía Jorge Álvarez Yágüez, detalló los factores que han hecho que el pensamiento escéptico no haya trascendido como lo ha hecho el estoicismo, tan de moda hoy. Uno es que sus pensadores no plasmaron en papel sus pensamientos, pero tal vez la más importante, en su opinión, fue la pérdida de obras como la que Cicerón dedicó a esta escuela de pensamiento. “Si no se hubiese perdido, nuestra visión sobre el escepticismo sería muy diferente”, afirmó Tubau, que añadió que Roma también contribuyó a la promoción del estoicismo porque esta corriente encajaba mejor con la idea de imperio.

Otra desventaja es que se asocia la suspensión del juicio –término filosófico vinculado con el escepticismo que significa no negar ni afirmar– a la inacción, algo que Tubau negó. “A pesar de las dudas y la suspensión de juicio, fueron desarrollando un pensamiento que habla de probabilidades y de apariencias. No afirman dogmáticamente, pero se guían por las apariencias, en eso que ven”, dijo.

Aun así, añadió que la influencia de esta corriente filosófica en la actualidad es muy clara. “La democracia es escepticismo porque propugna que no hay una verdad absoluta. La ciencia moderna también. La ciencia pone a prueba una hipótesis, la testa, hace experimentos, investiga y si se refuta la cambia por otra y vuelve a probar. La ciencia es escepticismo puro y lo ha hecho todo”, afirmó.

También reconoció que en ocasiones se emplea el escepticismo como un arma arrojadiza para argumentar en contra de algo para, inmediatamente después, lanzar el dogma, como sería el caso del negacionismo. “El mundo siempre ha estado en crisis, aunque desde la II Guerra Mundial hemos vivido décadas de tranquilidad que no habíamos vivido nunca. Ahora estamos en un periodo de inestabilidad muy grande, y esto da miedo y el miedo nos lleva a buscar la verdad que pueda darnos seguridad. Pero esto es peligroso”, advirtió.

Lo que los antiguos escépticos nos enseñan

Cuestionarlo todo en busca de la verdad

Reconoció Daniel Tubau que cuando decidió escribir “Sabios ignorantes y felices. ”, la duda que le asaltó fue que, al aparecer la palabra escépticos en la portada, muchos lectores se alejaran de él debido a la creencia, dijo, a identificar a los escépticos con personas que no se comprometen con nada, que desconfían de cualquier cosa, poco colaborativas, egoístas y cínicas en el sentido moderno del término. En su opinión, para conocer qué papel juegan los escépticos en la historiad e la filosofía es necesario romper con estos estereotipos y reconocerles su aportación en la búsqueda de la verdad o la sabiduría. “Sabios ignorantes y felices” es, según su autor, al mismo tiempo un trabajo de investigación y un viaje personal. “Mi vida y mi evolución han corrido en paralelo con mi descubrimiento de estos pensadores, que, a pesar de sus muchas escuelas y de sus llamativas diferencias, comparten rasgos comunes que los hacen únicos”, explica en el prólogo. Aunque el escepticismo es una herramienta imprescindible en áreas como la política y la religión, Tubau no se centra en éstas, sino en los asuntos que más inquietaron a los pensadores escépticos del mundo grecolatino con una pregunta triple: ¿cómo es la realidad?, ¿cómo podemos conocer la realidad? y ¿cómo podemos saber que conocemos la realidad? Y junto a esta cuestión, le interesa dilucidar “cómo podemos y cómo debemos” vivir una vida feliz.