Entrevista | Lady Pink Pionera del grafiti
“Nunca acepté que me dijeran que no podía hacer algo por ser una chica”
“El arte es lo más importante, no si lo ha pintado un hombre o una mujer”, afirma la artista neoyorquina, de visita en Santiago

Lady Pink, ayer en la biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia de la USC. | // XOÁN ÁLVAREZ / M. González

Convencida de que necesitaría “una sombrilla” para intentar visitar la catedral ante el aguacero que ayer cayó sobre Santiago, la artista neoyorquina Lady Pink, considerada “la primera dama del grafiti”, participa esta tarde (18.00 horas) en un coloquio en el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC) junto a la también grafitera viguesa Sax, la comisaria del festival Delas Fest, Clara Rodríguez Cordeiro; el comisario y director de la galería “Canal Gallery” de Barcelona, Balu; y la doctoranda de Historia del Arte y comisaria de exposiciones, Amabel González Troncoso.

Cartel de la mesa redonda de hoy en el CGAC. / FdV
Además, mañana formará parte del jurado en la final de la especialidad de Arte Urbana del Xuventude Crea 2023, en la que ocho chicos y chicas realizarán sus trabajos en directo en el centro de la Alameda compostelana. “No sé qué me voy a encontrar”, dice la artista, que da las claves de cuáles son los ingredientes esenciales que debe tener una obra para que le guste: “Tiene que tenerlo todo: colores, composición, tema, interés, pasión, talento... Todo”.
Sandra Fabara, como así se llama, nació en Ecuador en 1964 y creció en Nueva York (“Yo no me identifico como ecuatoriana, yo soy americana, soy gringa”, recalca). Empezó a pintar a los 15 años y pronto se dio a conocer como la única mujer capaz de competir con los chicos en la subcultura del grafiti en el periodo de 1979 a 1985. “Hace casi 50 años que existe el grafiti y con el paso de los años ha ido cambiando muchísimo. Ahora es más aceptado, está en todos los productos comerciales, desde arquitectura, moda, televisión... Aunque también hay que destacar que todavía vive ilegal en muchos lugares por el mundo”, afirma.
Empezó a exponer sus obras en galerías desde muy joven y con 21 años realizó su primera exposición individual. Aunque es conocida como “la primera dama del grafiti”, ella rechaza todas esas etiquetas que la retratan como alguien extraordinario. “Solo soy una artista que trabaja”.
Nunca imaginó, en sus inicios, que algún día acabaría con tal reconocimiento internacional. “Cuando éramos niños no teníamos idea de nada, solo estábamos jugando como niños, sin imaginar que eso sería lo que iba a estar haciendo por el resto de la vida”, rememora.
En 1980 ya vendía sus cuadros, aunque le habían advertido que el mundo del arte era “muy cambiante, que lo que estábamos haciendo podía perder valor y dejar de interesar muy rápido”. Pero no fue así. “Estábamos gozando por lo que iba a durar y aprendimos cómo hacer negocio con nuestro arte, porque no todo es talento, uno tiene que aprender también el negocio, cómo vender... Y, los que aprendimos cómo navegar el mundo ‘arriba de los túneles’, todavía estamos aquí”.
Afirma que ya en los 70 había muchas chicas “que pintaban sus nombres”, pero que “no duraron mucho tiempo”. “Cuando crecían se tenían que ir a la universidad, a buscar trabajo o seguir son su vida”, afirma. Ella, por su parte, hizo amistad “con los muchachos correctos”, por lo que tenía el “soporte de los chicos” para seguir pintando: “Yo no aceptaba que me dijeran que no podía hacer algo por ser chica”.
Ya su nombre artístico es toda una declaración de intenciones. “Un amigo me lo puso. Llegó a la escuela un día y me lo dijo. Querían que tuviera un nombre que mostrara que yo era una chica”, explica. Su participación en la película Wild Style, en 1982, fue otro episodio importante de su carrera: “Desde entonces me consideran un hip-hop icon, pero esa no es la clase de música que yo oigo ni el mundo en el que yo ando. Yo no tengo control de los títulos que me dan”.
Tampoco fue nunca su intención de ser un icono del feminismo. “Yo no tengo intención de nada, yo solo pinto y hago lo que hago. Durante años no sabía que yo era feminista, hasta que me convencieron de que lo era. Yo no pintaba por ser activista, yo solo pinto lo que yo quiero pintar y expresar, pero nunca calculé ni me planteé serlo. Yo pinto lo que yo pinto. No me importa lo que dice la gente. Me dan tantos títulos que no me importa”, insiste.
Yo no pintaba por ser activista, yo solo pinto lo que yo quiero pintar y expresar, pero nunca calculé ni me planteé serlo
Llegó a conocer a Andy Warhol cuando tenía 17 años (“Yo no sabía quién diablos era, era todavía una niña”, recuerda de aquel momento) y colabora también con otros artistas, sobre todo con Jenny Holzer –una artista conceptual estadounidense–. En sus charlas y talleres a otros artistas jóvenes les dice “que tienen que aprender el negocio”. “Esto es mitad talento, mitad negocio: la forma en la que venden su arte, cómo ahorrar dinero y cómo sobrevivir en el mundo siendo artista y no tener que tener un trabajo bobo por el día y ser artista solo los fines de semana”, expone. “En las universidades de arte no les enseñan a los niños cómo vivir en el mundo de verdad y cómo vender sus cuadros o conseguir una exposición. Todas esas cosas no se las enseñan y no saben vivir como artistas cuando salen de las universidades. Por eso, mi consejo es que tienen que aprender negocio y si no quieren, o no saben, tienen que contratar a alguien que haga todo eso. Yo tengo cuatro asistentes que me ayudan a mí, hasta mi esposo”, afirma.
“Necesitamos todavía una ayuda con el movimiento del feminismo, necesitamos una voz, enseñar a las niñas jóvenes, pero en el arte no es bueno separar a los chicos de las chicas, pintar juntos es lo mejor”, opina: “El arte es usado como terapia, por activismo, para formar parte de un grupo... pero es más importante que se diga que algo es muy bonito pintado por un artista, no importa si es hombre o mujer; el arte es lo más importante, no si lo ha pintado un hombre o mujer”. Lady Pink está convencida de que “cuando las mujeres pintan con los hombres, sale un arte diferente, más poderoso”.
Sus obras han entrado en colecciones como el WhitneyMuseum, el el Metropolitano (MET) de Nueva York, el Brooklyn Museum, el Tate Modern de Londres, el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Boston y muchos otros. Creadora de murales por todo el mundo, también ha dejado su impronta en el mundo de la moda, con una colaboración con Louis Vuitton.
–¿Le queda algún sueño por cumplir?
–Comprarme una casa en la playa.
Por lo pronto, aunque prefiere el calor del hogar (ahora vive en el campo) seguirá viajando “allá donde está el trabajo”. Sus próximos proyectos la llevarán, a principios del próximo año, a Italia y París. “Estoy trabajando mucho para eso, pintando muchos cuadros para llenar dos galerías”, afirma la artista.
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