A Turquía no sólo van cientos de miles de turistas a ponerse pelo cada año. El país ha creado toda una industria nacional en torno al negocio de los injertos capilares, sí, pero también aprieta con fuerza en el negocio de las intervenciones estéticas, los arreglos dentales e incluso la cirugía contra la obesidad con tratamientos ‘low cost’ como gran reclamo, con precios de derribo frente a sus destinos rivales.

El turismo sanitario español ha perdido fuelle frente a la creciente competencia de la potencia del paquete de bajo coste y el negocio en torno a algunas especialidades médicas se ha estancado en el mercado español, pero el sector se sostiene gracias al gran filón de los tratamientos de fertilidad y reproducción asistida, un área en el que España ha conseguido consolidarse como líder internacional.

El negocio en torno al turismo sanitario (aquel que realizan personas que viajan a otros destinos en busca de tratamientos médicos a los que se someten de manera voluntaria) ha perdido fuerza y la demanda no ha recuperado los niveles previos a la pandemia del covid, al contrario de lo que sucede en el conjunto del sector turístico, lanzado a una reactivación plena y avanzando hacia un año histórico. 

Durante el año pasado viajaron a España aproximadamente 39.000 turistas internacionales con un tratamiento de salud como principal motivo del viaje, aún un 30% por debajo de los 56.000 del 2019 precovid, según las estimaciones elaboradas por Turespaña utilizando los microdatos de la encuesta de gasto turístico del Instituto Nacional de Estadística (INE) a los que ha tenido acceso El Periódico de España, del grupo Prensa Ibérica.

Las razones de la lenta recuperación y la pérdida de pujanza son múltiples, pero el sector español de la sanidad privada se queja de que, pese a la excelencia del sistema sanitario nacional, el turismo de salud no arranca de manera consistente por la falta de apoyo de la Administración, señalando tanto al Gobierno central como a los de las comunidades autónomas. Un apoyo institucional que, señalan, sí han tenido otros subsectores como el turismo de golf o el gastronómico.

La meca del turismo de fertilidad

España se ha convertido en líder europeo del turismo reproductivo. Y ser la gran meca de los viajes de la fertilidad se traduce en un negocio que mueve casi 700 millones de euros cada año. Con los últimos datos del Registro Nacional de Actividad publicados por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) y el Ministerio de Sanidad, de los 127.420 ciclos de fecundación in vitro realizados en España durante 2020 -último año con datos disponibles-, 12.171 eran de pacientes provenientes del extranjero, la mayoría para pacientes procedentes de Francia e Italia.

El gran destino es Barcelona, donde alrededor del 70% de las pacientes de las más de 300 clínicas de fertilidad que existen en la ciudad son ya de procedencia extranjera, clientes que llegan atraídas por una legislación "flexible" con la edad de la futura madre, "inclusiva", con las opciones de reproducción LGTBI, además de por la alta especialización que van consiguiendo los ginecólogos y especialistas.  

Y siguiendo los pasos de la Ciudad Condal está Valencia, donde las peticiones y las reservas para iniciar este tipo de ciclos han aumentado un 12% respecto al año anterior y un 22% en los dos últimos años, con datos registrados por la clínica Equipo Juana Crespo, especializada en medicina reproductiva de alta complejidad.

Clientes de alto valor

La patronal española de turismo sanitario se llama Spaincares. Un clúster del que forman parte la Alianza de la Sanidad Privada Española (Aspe), la Asociación Nacional de Balnearios (ANBAL) y la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) y que nació con ambiciosos objetivos para dinamizar el sector.

Sin embargo, Spaincares actualmente apenas tiene actividad, tras ir languideciendo desde el golpe de la pandemia de coronavirus. Eso no implica -según subrayan fuentes del sector sanitario- que ese turismo de salud no tenga movimiento en nuestro país, pero admiten que la actividad no es la que debería y no desde luego la que le correspondería a una potencia turística global como España.

Y es que el turismo sanitario se considera un negocio de valor añadido y que atrae a viajeros con una relativa mayor capacidad de gasto. Según los datos de la encuesta de gasto turístico (Egatur) que elabora el INE, con datos de 2022, los turistas internacionales que viajan a España para recibir un tratamiento de salud asumieron un gasto medio por persona de 1.536 euros, un 26% más que los 1.214 euros de media del conjunto de viajeros extranjeros que vinieron el año pasado. Cada día de estancia el turista de salud gastó 214 euros, frente a los 162 euros diarios de la media de todos visitantes.

Radiografía del turista sanitario

Más allá de los tratamientos de fertilidad que se han convertido en la actividad principal para el sector nacional, ¿cuál es el perfil del turista sanitario que viaja a España? David Medina, director general del Grupo Policlínica, referente en la sanidad privada en Ibiza, ofrece su propio retrato.

Hay turistas que acuden para realizar tratamientos menores de medicina o de cirugía estética, para "hacerse un retoque", pero en otras especialidades predominan intervenciones más complejas como operaciones de cataratas, algunas de traumatología o cirugía general programables, como por ejemplo hernias u otras intervenciones de columna vertebral.

¿Por qué acudir a otro país? Medina apunta a las dificultades de acceso a esos procedimientos en algunos de los países de origen, por tratarse de una sanidad con alto coste y baja cobertura pública, por exceso de listas de espera, o porque el sistema del país en cuestión es más precario. En concreto, destaca la afluencia de pacientes procedentes de Marruecos, Argelia, Túnez o Mauritania que acuden, no tanto a Baleares, pero sí a clínicas privadas de la Costa del Sol para algunas intervenciones.

Oportunidad para diversificar el turismo

El turismo español sigue concentrando una parte sustancial del negocio en los meses de temporada alta de verano y mantiene su dependencia del producto tradicional de sol y playa. El turismo sanitario se convierte en oportunidad para diversificar la oferta y para desestacionalizar la actividad.

"El paciente que quiere una intervención no busca hacerla en temporada alta turística, sino lo contrario. Es un turismo alternativo al sol y playa. El paciente va a un objetivo muy concreto, que es intervenirse y, además, pasa unos días en destino, lo que es una ventaja. Es una forma de diversificar la oferta turística que no está explotada", explica a El Periódico de España el director general del Grupo Policlínica. “Existe planta hotelera, hospitalaria, con un alto nivel de clínicas privadas con profesionales muy cualificados, y también buena comunicación aérea", indica el directivo. Pero, para explotar este filón, se "requiere inversión y promoción", advierte.

Medina habla de la excelencia de la sanidad española como oportunidad. Pero también advierte del lastre que el turismo de salud aún está muy por detrás de la pujanza del resto de la industria turística. "Estamos en el 'top 5' en cuanto a profesionales, hospitales o tecnología; en el 'top 3' en cuanto a servicios turísticos, pero no llegamos al puesto 20 en este apartado (el del turismo de salud), que nunca se ha explotado”, explica.

"La mejor posición que en que ha estado España en este terreno vino por el tremendo esfuerzo del sector sanitario privado, incluso del sector hotelero. Pero sin un apoyo por parte del Gobierno central y los regionales es imposible", mientras que otros subsectores como el turismo de golf o el gastronómico han crecido en el mercado español gracias al apoyo institucional recibido. Algunas comunidades autónomas sí han conseguido colocar su oferta de turismo sanitario en el escaparate internacional, como el caso de Navarra en los tratamientos de oncología. Pero desde la sanidad privada se advierte que las administraciones públicas españolas en su conjunto pueden aún hacer mucho más para potenciar el turismo de salud.

Riesgos y 'low cost'

El Ministerio español de Asuntos Exteriores reclamó el pasado abril la "máxima precaución" a quienes estén planteándose desplazarse a Turquía para realizarse algún tipo de operación quirúrgica de carácter estético. Una alerta que lanzaba el Gobierno tras haberse constatado la muerte de cuatro españoles en los últimos meses y tras detectarse decenas de casos de botulismo en pacientes extranjeros que habían acudido a clínicas turcas para intervenciones de cirugía estética.

"En este país, la gran mayoría de turistas españoles que se desplazan por este motivo [sanitario] lo hacen para recibir tratamientos de tipo cosmético (cirugía gástrica o implantes capilares, entre otros). El nivel de las instalaciones hospitalarias y de los tratamientos varía de manera muy relevante dentro del propio país, por lo que se recomienda encarecidamente a todos aquellos que estén considerando desplazarse para recibir tratamiento que analicen cuidadosamente tanto a los establecimientos como a los facultativos que vayan a realizar la operación”, recomendaba Exteriores, pidiendo a los potenciales pacientes españoles que "sean conscientes de que las agencias que ofrecen este tipo de servicios lo hacen por interés económico, por lo que han de valorarlas con ese pensamiento muy presente".

"No sólo no competimos con Turquía, sino que nos negamos a hacerlo por el paciente 'low cost'", señala el director general del Grupo Policlínica

Una alerta que también ha lanzado la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) acerca de casos de pacientes con obesidad grave que, por 5.000 euros, o menos, pasan por quirófano en busca de solución a un gravísimo problema de salud. El principal motivo que empuja a ese turismo médico es la "inasumible" lista de espera para la cirugía bariátrica que existe en la mayoría de los hospitales públicos en España, donde sólo se opera en torno a un 3% de los 400.000 pacientes con obesidad mórbida y en torno a 10.000 personas se encuentran en lista de espera.

"No sólo no competimos con Turquía, sino que nos negamos a hacerlo por el paciente 'low cost'", sentencia Medina, del Grupo Policlína. El sector sanitario turco empezó a destacar por su amplía oferta de bajo coste para pequeñas intervenciones, pero también se ha lanzado a competir en intervenciones de alta complejidad, como las operaciones de reducción de peso. "Estamos viendo muchas complicaciones de pacientes que han vuelto mal tratados y mal operados. Es una cirugía que tiene mucho riesgo y debe hacerse con garantías. Lo barato sale caro en todo, pero en esto te va la vida", zanja.