Pérez Ledo: “El proyecto de la bomba atómica española es un thriller que supera la ficción”

“Lo sabía muy poca gente e incluso algunos que trabajaban para ello lo desconocían: pensaban que estaban haciendo partes de un reactor”, manifestó ayer en Club FARO el escritor y guionista

José Antonio Pérez Ledo, a la izquierda, y Rubén Rey. |    // MARTA G. BREA

José Antonio Pérez Ledo, a la izquierda, y Rubén Rey. | // MARTA G. BREA / Ana Rodríguez

“El proyecto de bomba atómica española es una historia con parte de thriller y un ejemplo de cómo en ocasiones la realidad supera la ficción”. Así lo manifestó ayer en Club FARO el escritor y guionista José Antonio Pérez Ledo, autor de “Cementerio de secretos” (Plaza y Janés) , una novela inspirada en el proyecto Islero, una operación secreta que puso en marcha en 1963 el franquismo para crear un arsenal nuclear.

Presentado y entrevistado por el periodista de Onda Cero Rubén Rey, Pérez Ledo explicó que los detalles que sabemos sobre ese proyecto se encuentran en una especie de memorias que publicó antes de morir el general Guillermo Velarde, catedrático de Física formado en Estados Unidos al que el gobierno franquista le encargó en 1963 hacer un estudio de viabilidad para crear una bomba atómica. El científico entregó su informe al año y medio del encargo, presupuestó el proyecto en 20.000 millones de pesetas y lo llamó Islero, como el toro que mató a Manolete, porque sostenía que acabaría con su vida, tal y como explica Velarde en su libro y en las entrevistas que le realizaron en El País y en el programa “Documentos” de La 2. En esas fuentes, y en otra, se documentó Pérez Ledo para la parte histórica de su novela. “Muy poca gente conocía el proyecto, del que se ocupó la Junta de Energía Nuclear, incluso los que trabajaban en el proyecto lo desconocían, porque Velarde decidió, para que nadie se enterase, construir la bomba por partes que están también presentes en reactores nucleares”.

“La pretensión de Franco era defender la integridad territorial de España y pensaba usarla contra Marruecos si venían a por nosotros. El plan era hacer las pruebas en el desierto del Sáhara, donde también las hacía Francia”, explicó.

El proyecto, del que Velarde habla mucho de la fase inicial y de desarrollo pero poco del resultado final, estuvo vigente hasta 1982, un año después de que España firmase un acuerdo con la OIEA, el organismo internacional de energía atómica de la ONU, para abrir sus instalaciones nucleares a los inspectores.

“Lo más realista es que Estados Unidos supiera sobre este proyecto desde el principio y que no se creyera que España pudiera construir la bomba, versión que usé para mi novela, que es de ficción”, explicó el escritor. Lo que sí fue real, según refirió López Ledo, es que cuando se produjo el accidente del B52 con armas nucleares en la playa almeriense de Palomares, Velarde recibe la orden de robar una de las cuatro bombas que cayeron para copiarlas”. No lo consiguió, pero sí recogió una especie de restos de poliuretano que le sirvieron para saber que se trataba de armamento termonuclear y plantear a Franco que se construyeran ese tipo de bombas. Y también fue real que Carrero Blanco entregó a Kissinger un resumen de dos páginas en inglés elaborado por Velarde sobre el proyecto Islero. Fue en 1973, un día antes de que lo asesinara ETA.

López Ledo conoció los detalles de la bomba atómica española cuando en Canal Historia le pidieron ideas para un documental y les propuso dos temas: el proyecto Islero y la participación española en la llegada del Apolo XI a la luna. Optaron por la segunda, pero el guionista se quedó con la idea de plasmar la primera en alguna obra. Y lo hizo uniendo este tema con otro que le interesa: el papel de los forenses lingüísticos en la resolución de casos policiales. Con ambos ingredientes elaboró su novela “Cementerio de secretos”.

Por otro lado, Pérez Ledo respondió a las preguntas de su entrevistador sobre su faceta de guionista y creador de ficción sonora en el podcast “El gran apagón”, que suma nueve millones de descargas, “Guerra 3”, una gran producción en la que interviene Bardem, y “La Firma de dios”, Premio Ondas.

Ley de secretos oficiales de 1968, un laberinto que impide atisbar qué se ha silenciado

La Ley de secretos oficiales aprobada en 1968 por el régimen franquista continúa vigente. Su objetivo es regular cualquier información sensible cuyo conocimiento público podría suponer un riesgo para la seguridad y la defensa del Estado, pero no establece plazo de vigencia, con lo cual de facto en España algunos de esos secretos son eternos. “Es una anomalía, un laberinto burocrático perfecto, como la llama uno de los personajes de mi novela”, explicó Pérez Ledo. Y es que esa norma protege también la identidad de quién ha dictaminado que un asunto sea secreto, por qué y que proceso se ha seguido para ello. No contempla la desclasificación de secretos, pasados 25 o 30 años, como sucede en los países de la UE, lo cual a nivel práctico “impide a la inteligencia española compartir información con otros países”. “A nivel simbólico, nadie sabe cuántos secretos hay, quién ha decidido que lo sean y ni siquiera dónde están” . “Hay muchos cementerios de secretos en el CSID, La Moncloa, ministerios y hasta en casas de particulares”, aseguró López Ledo.

El último intento para derogar esa ley y sustituirla por una Ley de Información Clasificada que creaba cuatro niveles de secretos, al igual que los países de nuestro entorno, se produjo con el actual gobierno a petición del Partido Nacionalista Vasco. “El PSOE aceptó, pero solo accedió a desclasificar los documentos anteriores a 1978, pero al PNV le interesan justo los posteriores a ese año porque la lucha sucia contra ETA y los GAL están ahí. Hay mucha gente viva que aparece en esos secretos”, afirmó López Ledo. En esos informes invisibles se abordan asuntos delicados como la represión franquista, la descolonización de Marruecos o el desarrollo del 23-F.