Un bibliotecario huido de Rusia por negarse a retirar libros LGTBI busca refugio en A Coruña

El director de una biblioteca pública de Moscú se escapó por amenazas | Lleva quince días en el albergue de Padre Rubinos, que debe dejar el día 28 | Concello y entidades tratan de ayudarle

Vladimir Kosarevsky, ayer, junto al Obelisco de A Coruña.

Vladimir Kosarevsky, ayer, junto al Obelisco de A Coruña. / Casteleiro (Roller Agencia)

R. D. Rodríguez

“Ser gay en Rusia es un gran desafío. La homofobia y la agresividad hacia los gays es algo común”. Es lo más suave que puede decir Vladimir Kosarevsky sobre lo que para él supone vivir en su país siendo homosexual y activista LGTBI. Lo cuenta desde A Coruña, adonde llegó hará mañana quince días huyendo de la presión y persecución a la que era sometido en Rusia por ser gay y por miedo a ser reclutado para combatir en la guerra contra Ucrania. Su mayor “desafío” al Gobierno de Vladimir Putin ha sido negarse a destruir, como le exigieron, los libros de autores o temática LGBTI que guardan las estanterías de la biblioteca pública Anna Akhmatova de Moscú, en la que trabaja desde hace catorce años y de la que es director hace siete. Amenazado por sus superiores, solicitó una excedencia laboral y se escapó a España, para donde pidió un visado.

Su huida, que inició a mediados de enero, acabó llevándolo hasta el albergue de Padre Rubinos. Su tiempo de estancia aquí debe concluir el martes, 28 de febrero, porque debido a la situación en la que ha llegado a España y a que lo que solicita es protección internacional, no puede estar más de quince días. El Concello se ha puesto en contacto con distintas entidades sociales, entre ellas la ONG Accem, especializada en la atención de personas refugiadas y migrantes, para “buscar la mejor solución” para que Vladimir “no esté desamparado”.

La presión que ha sufrido Vladimir Kosarevsky en su empleo por ser gay y defender a los colectivos LGTBI en los últimos años llegó al límite con la implantación, a finales de 2022, de una ley contra la comunidad LGTBI aprobada por unanimidad en el Parlamento ruso que prohíbe promover lo que considera propaganda gay en medios de comunicación y equipara la homosexualidad a la pedofilia.

“Me manifesté contra esta ley en las redes sociales y me ordenaron confiscar libros de contenido LGTBI o de autores gays o lesbianas. Me negué a destruir libros y entonces el acoso psicológico fue mayor cada día. Me amenazaban con el despido, con procesarme penalmente o con enviarme a la guerra”, repasa Kosarevsky, de 39 años.

¿Por qué España? ¿Por qué A Coruña? “A finales del año pasado, era de los pocos países que daba visados a ciudadanos rusos. Pero me lo daban el día 17 de enero y temí que me reclutaran antes, así que escapé. España es un país amistoso con la comunidad LGTBI y algunos de mis amigos ya han estado aquí”, responde. El bibliotecario salió de su país hacia Armenia y luego viajó hasta Ferrol, donde viven dos chicos rusos que conoce. Pero en la pensión en la que se alojó no pudo permanecer mucho tiempo. “No encontré otro sitio donde vivir, no tengo contrato de trabajo, nadie quiere hacer tratos conmigo y tampoco podía vivir con mis amigos”.

Ante esta situación, Vladimir escribió cartas a distintas entidades sociales de Galicia, entre ellas Les Coruña, que en la ciudad trabaja por la igualdad y visibilidad de la comunidad lésbica. Su presidenta, Sandra López, lo ayudó a encontrar una solución temporal en Padre Rubinos, adonde llegó el 13 de febrero. Solo puede dormir allí hasta mañana, al día siguiente debería irse, según indica el reglamento de la institución social.

El panorama que tiene ante sí le obliga a esperar otra solución en España, porque a su país, de momento, donde cree que le esperaría “la cárcel”, no piensa volver. “Entre el Concello y otras entidades, como Accem, estamos tratando de encontrar una solución. No sabemos aún qué va a pasar, pero él no se va a quedar en la calle”, avanza la edil de Benestar Social, Yoya Neira.

Sin protección internacional aún, Kosarevsky pasea por la costa de A Coruña, “unos 20 kilómetros diarios”, aprende español a través de una aplicación en el Centro Ágora y escribe “sobre la guerra, la discriminación, la vida”. Una especie de diario para contar su experiencia en primera persona.

“Un gay se integra en España, en Rusia es la escoria de la sociedad”

Dice Vladimir Kosarevsky que es “una persona feliz”, pero que en Rusia no lo puede ser. “Vivir en mi país ahora se ha vuelto insoportable y peligroso. Si no apoyas al régimen, te conviertes en un enemigo”. Y peor es que seas gay. “En España, por ejemplo, un gay es un miembro integrado en la sociedad, pero en Rusia eres la escoria de la sociedad, y eres objeto de ataques, vives con miedo todos los días”, se lamenta. Su vida, por su orientación sexual, ha estado salpicada de episodios desagradables. “Desde que era muy joven, me han ridiculizado, humillado, insultado y atacado físicamente. En una comisaría, una vez en Moscú, un policía me acosó, quiso tener sexo conmigo y me chantajeó amenazándome de muerte”, recuerda. Pensar en su país, y ahora debido a la guerra con el patriotismo como argumento, le causa desesperanza: “Se ha asesinado a muchos gays y esos casos no se han querido investigar o han tenido penas leves. Se nos viola con botellas en comisarías de policía, se nos golpea la cabeza y se nos agrede hasta la muerte en sótanos, como ocurría en Chechenia. Estos son casos reales. Así es Rusia hoy”.

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