Cantautor gallego

Andrés Suárez: “Si me dejaran grabar desnudo, habría quedado mejor el disco”

“Estamos hasta las narices del llanto. Quien aguarde un nuevo disco para llorar, que no espere, no va de eso”, señala el cantautor que firma cedés este sábado en Vigo y A Coruña

Andrés Suárez.

Andrés Suárez. / Warner

mar mato

El cantautor gallego Andrés Suárez publica nuevo disco, “Viaje de vida y vuelta”, que tocará en directo en abril en Ourense, en mayo en Compostela, Vigo y el Wizink de Madrid, entre otras fechas. Para sumergirnos en el álbum, contactamos con él por teléfono. “¿Recuerdas cuando nos decían que íbamos a ir más despacio por lo de la pandemia? Todo mentira. Vamos más rápido. Es un desfase”, se queja para inmediatamente recordar que este sábado firma discos en la FNAC de A Coruña a las 12.00 y en la de Vigo a las siete de la tarde.Si esperan un disco lánguido, de ritmo lento, cambien el chip: aquí hay mucha luz y movimiento.

–En YouTube has ido adelantando explicaciones sobre el disco en los cortos “La casa del faro”. ¿Cómo dio el salto de las primeras composiciones depresivas a este álbum tan luminoso, de energía?

–No tiene nada que ver con lo que hice hasta ahora en mi vida. Estoy superorgulloso de este disco. Sería triste que no evolucionara. Hay gente que espera de mí un álbum melancólico pero va de lo contrario. En 2020, el 20 de marzo yo iba a sacar disco y vino el confinamiento. Se fue a tomar por saco la gira. Me puse a escribir canciones como hijo de sanitarios, de la gente que perdí que fue bastante, de la muerte, de la soledad, de lo que vivíamos aquellos días. En diciembre por un motivo de salud por el que casi no la cuento, un día volví a casa, cogí el disco duro y borré todas esas 50 canciones. Queda prohibido hablar de muerte y despedida. Sí lo trato en el último tema de este disco, “Pienso en ti”. Es un disco circular. Tiene homenaje a los sanitarios pero en el resto del álbum hay amor, sexo, Galicia... Estamos hasta las narices de la tristeza y el llanto. Ya no puedo más. Quien aguarde un disco para llorar, que no espere, no va de eso.

–Haberlo grabado en tu casa, en los estudios Moraima supongo que tuvo que incidir en esa luz.

–Absolutamente. Yo llevaba ocho discos y todos los grabé en invierno. Entrabas en el estudio con frío, mirando nevar. Pero este lo hice en mi casa de Torrelodones [Sierra de Guadarrama en Madrid] que tiene un faro, piscina y bar... La gente entraba, se bañaba, se reía y todo eso está en el disco. Tiene buen rollo. A partir de ahora creo que grabaré todos mis discos en verano.

–¿En serio es verdad que intentaste grabar desnudo en el estudio?

–No me dejó Tato de la Torre y no se lo perdono. Yo estaba en mi casa. Yo conozco a Tato desde hace cinco años y me dijo que paraba la grabación, que así no podía seguir. Me enfadó. Yo creo que hubiera quedado mejor el disco. Más natural, imposible.

–En el icono de su imagen apareces con el pelo rojo, ¿nuevo look?

–No, no es pelo rojo, pero es el color del disco. Queríamos un resurgir a la vida, volver a mi casa cuando pensaba que no iba a volver. No sabía si iba a haber noveno disco. Alguien dijo de poner todo al rojo y me marcó. Es vida, calor, fuego... Y eso que yo como gallego soy del azul. Empezaron a sacarme fotos y ponerle luz roja. Para la gira, vamos vestidos de rojo reivindicando la vida.

–¿Cómo fue eso de que pensabas que no regresarías?

–Estuvimos todos fatal durante la pandemia. Yo vi dos posibilidades: estar en una suerte de depresión o tratar de buscar el humor. Elegí lo último.

–El disco abre con “Valientes”, ¿qué historia hay detrás de este tema?

–Se basa en hechos reales. Al terminar un concierto, me dicen que dos personas no se quieren ir del recinto. Unos días después, en una firma de libros, escucho la historia real. La protagonista no se movía porque tenía 30 y pico años, tres hijos y parkinson. Decidí hacerle un reggae para bailar, para una persona valiente que no se rinde, para otra que se queda a cuidarla.

–También hay un guiño de ojos a tu zona, Serra da Capelada, con “Herveira”.

–Es mi costa, el acantilado más alto que hay. Es una canción que le hice a mi pareja. Ahí está el sexo, el paisaje. Tengo ganas de hacer un directo en el que la gente pegue saltos. En otra canción, “Teresa y Andrés”, para mis padres, al principio era una balada para llorar sobre dos currantes. Cuando se la puse me dijeron: ¿Y una de llorar no tienes? Entonces hice un tema rock que ahora lo saltan.

–¿Cómo superas los momentos en los que le cuesta escribir?

–Ya me perdoné. Uno se castiga y se odia cuando no le sale una canción. Creemos que tenemos que hacer canciones todo el rato y a poder ser buenas. No es cierto. Hay días, meses, en los que no puedes crear. Antes si no me salía una canción, tenía brotes de pánico, de ansiedad, de ira. Ahora no. Para este disco, trabajé dos años y medio de mi vida. Compuse más de 70 canciones. Se quedaron diez.

–Hay algo perverso en el mundo de la música al obligar a estar creando continuamente.

–Es horrible y hay que jugar a eso, pero ¿cómo vamos a hacer cada viernes una canción que valga la pena? Una de mierda, sí. Pero si queremos cuidar la excelencia, eso lleva tiempo. No imagino a Serrat escribiendo “Mediterráneo” en dos minutos.

–¿Realmente la gente beligerante en las redes obra así porque sufre como señala en “Por no decir tu nombre”?

–Cuando, torpe de mí, entro al trapo a los haters en el confinamiento. Lo hablé con una amiga, psicóloga, y empezó a contarme lo que pasa en la infancia esta gente que en redes es feliz haciendo el mal. De repente, lo borré y pedí perdón. Este es un tema serio, hay gente que se suicida por el bullying en las redes. Lo que me extraña es que no hay repercusión legal. ¿Cómo hemos permitido que alguien saque un disco o va a Eurovisión le mentan a sus familiares, le persigues en redes? Si vas a un restaurante y no te gusta, te vas, no le prendes fuego a la cocina. Creo yo.

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