“La clave de una historia es cómo está escrita y cada una te pide un registro”. Así lo aseguró la escritora y articulista de prensa Susana Fortes (Pontevedra, 1959) en el Club FARO, donde presentó ayer su decimocuarta novela, “Nada que perder” (Planeta), un “thriller” ambientado en Vigo y en la zona del Baixo Miño que arranca con la desaparición de tres niños –los hermanos Nico y Hugo Cadavid y Blanca Suances, el 12 de agosto de 1979– en As Covas, un pueblo ficticio. La niña es encontrada a la mañana siguiente dentro de una cesta de mimbre en la orilla opuesta del río sin recordar nada de lo ocurrido. De los niños se pierde el rastro.

Este “thriller” está escrito en primera persona, una voz narrativa poco habitual en este género literario, en el que predomina la voz omnisciente del narrador. “La voz narrativa es muy importante. A veces, no tengo la novela hasta que no tengo su voz narrativa”, reconoció. Y en esta ocasión, esta es la de su protagonista, Blanca Suances, una joven treintañera que tiene que enfrentarse a un suceso traumático que ha sufrido en la infancia cuando, veinticinco años después, son hallados unos restos óseos en un yacimiento arqueológico de Santa Tecla que podrían pertenecer a los dos hermanos desaparecidos. Es un redactor de FARO, Lois Lobo, quien le comunica por teléfono este hallazgo, que hará que los recuerdos de aquel día pujen por abandonar el rincón del cerebro donde han estado arrinconados durante decenios. Blanca decide entonces regresar a Galicia desde Copenhague, donde trabaja como “freelance” para una agencia literaria, e iniciará, junto con el periodista, una compleja búsqueda para descubrir qué sucedió a través de los caminos engañosos de la memoria. “Me gustan mucho los personajes supervivientes y la protagonista de esta historia es una superviviente que ha pasado una experiencia dura pero que ha tirado para adelante. Su lema es: tengo que seguir adelante”, afirmó.

A esta capacidad de supervivencia y de sobreponerse a lo que perdemos a lo largo de la vida –desde la inocencia infantil hasta los seres queridos– hace alusión el título de esta novela. Para Fortes, la vida es esto, una suma de pérdidas que hay que sobrellevar, y las novelas son su reflejo.

“Para contar historias tienes que tener una experiencia, una reflexión de la vida porque las novelas se nutren de la vida, de la tuya, de la vida de los otros y de las que te cuentan; de los libros que has leído, de las películas que has visto, de los viajes que has hecho...”, manifestó.

Sobre Lois Lobo, a quien definió como un “periodista todoterreno”, reconoció que tiene algo en común con el protagonista de su primera novela, “Querido Corto Maltés”: la indumentaria –los dos visten un chaquetón marinero–. “En todos los personajes masculinos de mis novelas hay parte de Corto Maltés”, reconoció durante la conversación que mantuvo con el periodista Fernando Franco.

Reconoció que, a pesar de haber crecido en una familia de amantes de los libros, de pequeña nunca se le pasó por la cabeza ser escritora. “Me parecía un oficio muy sedentario. A mí lo que me apetecía era vivir una vida de novela, no escribirla”, comentó.

Fue tras regresar de un viaje a la Bretaña francesa cuando tuvo el primer impulso de ponerse a escribir una historia. La frase con la que arranca la novela con la que inició su carrera literaria es la misma que escribió en una postal que envió desde ese país.

Desde entonces, ha sumado otras trece novelas, que marcan el mapa de su vida. “La gente se cree que las historias surgen de ideas, de conceptos, pero no es así; nacen de imágenes, de atmósferas, de una frase. En el caso de esta novela fueron las imágenes de una pista forestal, una furgoneta, un hombre con mono mirando por la ventanilla, unos niños montando en bicicleta...”, comentó.

La autora de “Nada que perder” reconoció que le aterra esa afirmación sobre que los escritores escriben siempre la misma historia. Tal vez por eso, a ella le guste navegar por distintos géneros, del histórico al “thriller”. Sin embargo, reconoció que le agrada que los lectores la reconozcan por el estilo en cada una de sus incursiones literarias.

Una escritora muy disciplinada

Susana Fortes se crio en una casa en la que se contaban historias de niños perdidos, ahogados para que fuesen precavidos y tuviesen cuidado cuando saliesen. Estos cuentos inspiran “Nada que perder”, una novela que plantea un misterio sin resolver, y que profundiza en la psicología de su protagonista, Blanca Suances, una joven que de niña sobrevivió a un suceso traumático del que nadie habla y que ella misma prefiere no recordar. Sin embargo, los recuerdos pujan por salir y la llamada de un periodista de FARO de Vigo, Lois Lobo, la obligará a enfrentarse, por fin a su pasado si quiere descubrir la verdad de lo que pasó aquel verano de 1979.

En esta novela, el pasado y el presente van tejiendo sus hilos hasta confeccionar una novela trepidante e intensa, que habla de narcotráfico, de la guerra civil en Galicia, de infancias vividas entre los montes y las playas de la zona del Baixo Miño en la España de la Transición, de niños desaparecidos y de los tabúes de una sociedad acostumbrada a que los trapos sucios se laven en casa.

Se define a sí misma como una escritora muy disciplinada, que le dedica al menos ocho horas diarias a la escritura cuando está inmersa en una novela. “Si no le dedicas tiempo a este oficio, no tienes nada qué hacer”, reconoce la escritora. Es autora de, entre otras novelas, “Querido Corto Maltés” (Premio Nuevos Narradores), “Fronteras de arena” (Finalista del Premio Primavera 2001), “El amante albanés” (Finalista del Premio Planeta 2003) y “Esperando a Robert Capa” (Premio Fernando Lara de Novela 2009).