Guillermo Monroy, el artista malogrado de Atlántica
El Espacio Sirvent de Vigo exhibe una selección de su obra, la gran mayoría inédita

Uno de los lienzos que forman la exposición. | // FDV / a. de santos
Coincidiendo con el cuarenta aniversario de la muerte de Guillermo Monroy (Vigo, 1954-1982), el Espacio Sirvent de Vigo inaugura mañana una selección de sus obras, en su mayoría inéditas, que muestra solo una parte de una década de dedicación plena a la pintura que truncó un desafortunado accidente. Tenía solo 28 años. Sin embargo, dejó un importante legado y de una gran madurez artística a pesar de su juventud.

Guillermo Monroy, en 1978. | // FDV / a. de santos
Según su comisario, Ángel Cerviño, esta muestra se presenta como un ejercicio de memoria y llamada de atención sobre una producción artística de extraordinaria calidad que ya forma parte indisoluble de nuestro imaginario colectivo y sobre la figura de un artista injustamente olvidado. A la inauguración de la muestra, que podrá visitarse hasta el 4 de febrero, asistirá Flor Monroy, hermana del artista y albacea de su legado.
Guillermo Monroy formó parte del núcleo fundacional del movimiento artístico Atlántica, que propició una radical renovación de las prácticas artísticas en Galicia, y fue una pieza sin la que no se podría entender este grupo de jóvenes artistas. “Según todos los testimonios de sus compañeros de aventura, el vitalismo y la generosidad de Guillermo fueron unos de los elementos integradores del grupo, el nexo cohesionador que marcará con su impronta plástica e ideológica numerosos aspectos del movimiento, hasta el punto que se llegará a afirmar que ‘Atlántica xestouse no seu estudio’”, sostiene.
Esta energía vital y la celebración de la existencia serán también las características más señaladas de su trabajo pictórico. “Una suerte de panteísmo visual en el que el más humilde objeto se verá elevado a la categoría de acontecimiento. Una obra dotada, por otro lado, de un fuerte componente analítico que arranca siempre de la estricta geometría del soporte, paralelepípedo a partir del cual se establecen las líneas compositivas básicas: el trazado arquitectónico de lo real, recubierto por juegos cromáticos de complementariedad y contraste sobre los que la dinámica del gesto traza nuevos ritmos y procesos de desarrollo y crecimiento”, explica.
El accidente que le costó la vida dejó a Galicia sin un artista que legó una “producción artística única e irrepetible” en apenas diez años. En una década de intenso trabajo y dedicación plena a la pintura, Guillermo desarrolló un proyecto artístico de inusitada madurez y coherencia, que parece desmentir su extremada juventud. “Su legado lo constituyen una gran cantidad de lienzos y dibujos sobre papel, centenares de bocetos y apuntes; pintura aplicada sobre toda clase de soporte: tela, papel, cartones y embalajes encontrados, como si –sobre todo en sus últimos años– “un oscuro presentimiento lo empujara a una infatigable actividad creadora gobernada por la voluntad de entregar su vida a la pintura”, comenta Cerviño.
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