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Entrevista | Susana Fortes Escritora

“Hay luces y sombras en la infancia, no se debe ver como una foto fija feliz”

La escritora gallega asegura que la suya “no fue un paseo en barco” | La autora acaba de publicar nueva novela, “Nada que perder”, ambientada en O Baixo Miño

Susana Fortes acaba de publicar la novela “Nada que perder”.

Susana Fortes acaba de publicar la novela “Nada que perder”. / GREG. A. SEBASTIÁN

Mar Mato

Mar Mato

Vigo

“Todas las novelas nacen de una obsesión. Mucha gente piensa que tienes un plan preconcebido para las novelas. En mi caso, no es así. Yo lo que tengo son imágenes. Empiezo a escribir sin un plan, sin saber cómo va a acabar la historia”. Este fue el punto de partida de “Nada que perder” (Planeta), la nueva novela de Susana Fortes, que arranca con la desaparición de tres niños en 1979. A dos de ellos se les perderá completamente el rastro hasta que un hallazgo obliga a la tercera parte a regresar al pasado a raíz de la llamada de un periodista de FARO DE VIGO. La joven intentará cerrar un enigma en un pueblo gallego de la frontera con Portugal, con un campo de concentración en A Guarda (Pontevedra) y el narcotráfico entrecruzados con el presente.

–¿Qué imágenes sirvieron de guion para esta novela?

–Por un lado, recuerdo los cuentos que nos narraba mi abuela en el porche de las escaleras de casa. Eran historias de niños ahogados, perdidos, para que tuvieras cuidado. Nos impresionaba mucho. Otras imágenes son de un viaje con mis hermanos. Fue por la desembocadura del río Miño, la zona de A Guarda, Tui, Santa Tecla, que es la zona de la novela. Mi madre es de esa zona y para celebrar su cumpleaños fuimos por allí. El paisaje es imponente.

–¿Dónde pasó su infancia?

–Teníamos dos zonas. Una, salvaje, de monte, en la aldea de mi padre, en Cotobade (Pontevedra). Nos daban las vacaciones en el cole y nos soltaban allí con la abuela. Eran veranos de Tom Sawyer. Y también pasábamos el verano en la zona de Lapamán (Bueu). Eché mano de esos recuerdos de infancia para la novela.

–Aseguraba antes que empieza a escribir sin un plan...

–Hay escritores que escriben con un esquema previo y lo tienen todo bien atado. Yo empiezo con mis imágenes y me dejo llevar. Si tuviera todo atado de antemano me daría la ensación de trabajar al dictado y yo necesito la intriga. Necesito sentirla mientras escribo, preciso no saber qué va a pasar. Eso me hace estar en una tensión creativa que hace que yo dé lo mejor de mí. Lo que pasa es que a veces te juega malas pasadas. Por momentos, te paras de repente y te preguntas cómo salir de un callejón sin salida. El final me ha costado mucho.

–¿Ha investigado mucho sobre experiencias traumáticas en niños? En el comienzo de la historia se nos presenta a la protagonista, Blanca Suances, haciendo frente a algo muy duro.

–Me he documentado porque es un elemento fundamental para la construcción de los personajes. A mí, no me gustan las novelas de intriga por intriga donde esta es mecánica. Me gusta, como lectora, cuando consigues implicarte con lo que ha sucedido. Es decir, quiero que haya un vínculo afectivo con los personajes. Cuando se juntan la intriga, la curiosidad, el principio de incertidumbre y el amor a los personajes entonces es cuando se produce la emoción lectora.

–Hábleme un poco de la protagonista. Se cría en Galicia, le acontece algo impactante en su infancia, a punto está de morir, y de joven adulta intenta construir una vida en Copenhague, donde trabaja.

–Ella es una profesional supercurtida, culta, que intenta rehacer su vida. Pero tiene un estuche, una parte de la memoria, cerrado. La llamada de un periodista de FARO DE VIGO le hace entrar en shock. Ella tiene sus crisis de ansiedad pero nunca se había enfrentado a su infancia porque es una superviviente. Ella se ha ocultado cosas a sí misma y de mayor tiene dificultad para expresar sentimientos y emociones, por lo que establece una barrera para protegerse.Cuando se encuentra con el amor, la pone contra las cuerdas y no sabe reaccionar, porque el amor es la máxima desprotección a la que te puedes enfrentar.Tiene la dificultad emocional de gestionar los sentimientos, que nos pasa a muchos.

–En el libro señala que ella pertenece “a la primera generación de náufragos”, de hijos con padres divorciados.

–Antes no había divorcio. Ella pertenece a esa generación en la que empieza a haber padres separados. Es la pérdida de los vínculos familiares. Hablo de cómo afecta, de cómo ves a los padres de niña, como figuras casi míticas, y cómo los ves de mayores, como seres humanos con sus problemas y misterios.

–Me da la impresión de que ha tenido una infancia más o menos feliz. ¿Ha sido difícil para usted hablar de una infancia sin anclaje como la que ha tenido Blanca?

–Yo he tenido una infancia feliz, con familia numerosa, pero también complicada. Mi familia ha vivido problemas serios, de dificultades. Cuando nosotros éramos pequeños mi padre estuvo en la cárcel por el proceso de U.M.D. [su progenitor, Xosé Fortes Bouzán, fue condenado a cuatro años de prisión por fundar la Unión Militar Democrática en 1975. Cumplió uno]. No fue un paseo en barca mi infancia. Yo creo que hay una visión idealizada de la infancia y los niños son seres inteligentes, con criterio. Conocen los monstruos y se defienden como pueden. Hay luces y sombras en la infancia, no se debe ver como una foto fija de algo feliz.

–Usted escribe “siempre son los objetos los que nos salvan”. ¿De verdad lo ve así?

–Los objetos son muy importantes. Imagina una taza que usaba tu abuela. Ella está ahí. Las cosas están habitadas por seres queridos, por eso son importantes.

–El yacimiento del Monte Santa Tegra (Tecla), en A Guarda, acoge varios momentos del libro.

–Yo iba de pequeña. Ahora lo visité recientemente y hasta hay souvenirs. Antes era un sitio mágico. Sigue siéndolo porque el paisaje te descoloca porque es impresionante. Es una vista de 360 grados con Galicia a un lado y Portugal a otro. El paisaje de esa zona es una metáfora de la propia novela con entrantes y salientes sin que puedas llegar en línea recta a una zona. Tienes que dar rodeos y eso se ha traspasado a nuestra psicología, al hablar incluso.

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