Hoy, uno de los países que cae más simpático soplará las velas para conmemorar el 60 aniversario de su independencia. Y es que el 6 de agosto de 1962 se hizo efectivo el reconocimiento del Reino Unido para que Jamaica dejara de ser una colonia británica y se convirtiera en un estado independiente de pleno derecho.

La atleta Elaine Thompson-Herah.

Jamaica siempre ha tenido unos embajadores singulares que le han dado mucha popularidad. El más conocido es el músico y gran icono del reggae Bob Marley y, más recientemente, el velocista Usain Bolt también ha ayudado a promocionar el nombre de su país.

Jamaica antes de Jamaica

Ahora bien, no todo es tan idílico como parece porque es una isla con una historia enrevesada y llena de conflictos. Inicialmente estaba habitada por el pueblo radware y poco después también llegaron los arawak. Esto ocurría aproximadamente el 800 dC, pero no se conocen demasiados detalles porque cuando desembarcó allí Cristóbal Colón en 1494, la corona castellana colonizó el territorio y esclavizó a la población autóctona. Entre los trabajos forzados y las enfermedades que les transmitieron los invasores, los indígenas prácticamente desaparecieron. Solo quedó un pequeño reducto en las zonas montañosas de la isla.

Piratas y plantaciones

En 1654, en tiempos de Cromwell, Inglaterra inició un proceso de expansión por tierras americanas. La misión era conquistar cuantas más tierras mejor y acabar con la hegemonía castellana. Fue así como en 1655 Jamaica cambió de manos. Los nuevos colonos fundaron Port Royal, que se convirtió en la principal base de operaciones para los piratas. Entre ellos destacó Henry Morgan, quien se dedicó a asaltar todos los barcos castellanos que pudo. Con el botín de los abordajes compró plantaciones de azúcar, que durante el siglo XVIII se erigió como la principal actividad económica de la isla.

La producción azucarera requería mucha mano de obra y los británicos lo solucionaron con el desplazamiento masivo y forzado de africanos. Había tantos que la proporción era de un hombre libre por 20 personas esclavas. Esto hacía que frecuentaran las revueltas contra los explotadores y con cada nuevo levantamiento grupos de fugitivos se instalaban en las montañas. Allí se mezclaron con los descendientes de los arawaks y dieron origen a lo que en inglés se llama maroons y en español cimarrones. Las autoridades coloniales les persiguieron para eliminarlos pero nunca lo lograron del todo.

Cuando en 1834 se prohibió la esclavitud, la isla vivió un período muy conflictivo marcado por la resistencia de los grandes terratenientes blancos a acatar una ley que, de facto, ponía punto final a su lucrativo negocio y por las reivindicaciones de las personas esclavizadas que defendían su libertad y reclamaban que fueran reconocidos sus derechos. Para complicarlo aún más, en 1860 el sector azucarero sufrió una crisis que empeoró más las cosas.

A partir del siglo XX, la población negra empezó a organizarse a través de formaciones políticas y sindicales. En ese proceso uno de los personajes clave fue Marcus Garvey, que ahora está considerado un héroe nacional para los jamaicanos. Poco después, durante la década de 1930, se pusieron las bases del famoso movimiento rastafari que eclosionaría después de la Segunda Guerra Mundial como fenómeno contracultural, porque conectó con el proceso de emancipación política y sirvió como un instrumento de expresión de la propia identidad frente a la impuesta por la administración colonial.

A partir de 1945, después del conflicto bélico, muchos de los territorios de ultramar que desde hacía siglos estaban ocupados por estados occidentales reclamaron y lograron su independencia. Jamaica también estaba en esa lucha pero tuvo que hacer un largo camino. Inicialmente quedó incluida en la Federación de las Indias Occidentales donde se agrupaban diferentes posesiones británicas del área caribeña. Finalmente, en 1962, reclamó la emancipación total.

De forma simbólica, antes de la primera sesión del parlamento celebrada el 6 de agosto se arrió la bandera británica para izar la del nuevo país. Sin embargo, se mantuvo a la reina Isabel II como jefe de Estado y la nueva Jamaica entró a formar parte de la Commonwealth.

La única sin azul, blanco o rojo

Para elegir la nueva bandera se convocó un concurso y se presentaron unos 360 diseños distintos. La propuesta ganadora tenía las barras horizontales pero se parecía demasiado a la de Tanganyika (hoy un estado desaparecido). Por eso las barras se transformaron en aspa. Además, es la única bandera del mundo que no tiene azul, blanco o rojo entre sus colores.