El científico Santiago Grisolía, discípulo del Nobel Severo Ochoa, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1990, impulsor de la primera Conferencia Internacional sobre el Genoma Humano y promotor de los premios de investigación Rei Jaume I, falleció ayer a los 99 años en el Hospital Clínico de València, tras complicaciones por el COVID-19.

El profesor Grisolía destacó en áreas relacionadas con las bases moleculares del envejecimiento, los efectos del alcohol en el ser humano o los mecanismos de transporte de proteínas.

“Si no pedaleas, te caes” era la frase favorita del científico para destacar su necesidad de continuar una vida activa, y su interés por salir todos los días de casa a cumplir con los compromisos de su agenda, según recordó la Fundación Premios Rei Jaume I, que él impulsó. Esta fundación estaba preparando una celebración conmemorativa para el centenario de Grisolía, que en enero hubiera cumplido cien años.

Grisolía ejerció la mayor parte de su trabajo como investigador en EEUU, donde comenzó como discípulo del Premio Nobel Severo Ochoa para más tarde pasar a tener sus propios laboratorios de investigación en Wisconsin (donde conoció a su esposa, Frances Thompson) y Kansas City. Sus trabajos en estos laboratorios le llevaron a completar el ciclo de la urea, lo que le llevó a estar nominado al Premio Nobel durante algunos años.

Estas buenas relaciones con numerosos científicos internacionales consiguieron que, una vez establecido de nuevo en Valencia, desde 1976, donde dirigió el Instituto Valenciano de Investigaciones Citológicas, creara, junto a una amplia representación de empresarios valencianos, la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados.

Fue esta fundación el espacio donde se celebraron reuniones de amplio prestigio internacional, como el Proyecto Genoma Humano (1988-2000).

Grisolía fue uno de los precursores de la divulgación científica moderna en España, logró elevar a la ciencia y la tecnología a niveles internacionales, y desde sus puestos de responsabilidad supo moverse como “pez en el agua” en círculos políticos, sociales y culturales.