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Faro de Vigo

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La cooperación se escribe en femenino

Más del 70% del personal contratado y voluntariado por las ONG para el desarrollo son mujeres | Estas entidades mejoraron la vida de más de 375.000 personas en 22 países

Dos mujeres guatemaltecas, en una reunión de entrega de viviendas. / FOTO CEDIDA

Las mujeres acaparan el ámbito de la cooperación gallega en ambos lados: destinatarias y agentes. Según el último “Informe sobre el trabajo de las ONG de desarrollo gallegas 2020” elaborado por la Coordinadora de Organizaciones no Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD) de Galicia, el 63 por ciento de las personas beneficiadas por la cooperación gallega son mujeres y la mitad de los proyectos orientaron de modo directo alguna de sus acciones a la mejora de calidad de vida de las mujeres.

Asimismo, desde el lado de las ONG para el desarrollo, el 71% del personal contratado, el 70% del voluntariado y el 62% de las personas socias son mujeres. Asimismo, el 64% de los puestos de coordinación y dirección técnica de los equipos están ocupados por mujeres. El informe concluye así que el trabajo de las ONGD gallegas “nace del impulso de la sororidad entre mujeres diversas por contribuir a un mundo más justo para todos”.

ACPP Cedida

María Paz Gutiérrez, representante de la coordinadora, asegura, sin embargo, que la mayor implicación de las mujeres en la cooperación internacional no es algo de ahora, aunque sí sea más evidente. “La cooperación internacional, como tantos otros ámbitos de la acción social, se basa en los cuidados y la solidaridad, que son campos que han protagonizado históricamente las mujeres”, argumenta.

Según el “Informe sobre el trabajo de las ONG de desarrollo gallegas 2020”, las entidades gallegas englobadas en la coordinadora –un total de 43– contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de 376.365 personas (el 63%, mujeres) de en 22 países de América Latina, Asia y África. Impulsaron 68 proyectos con un coste total de 10,2 millones de euros que tuvieron como objetivos garantizar los derechos básicos con la salud y la educación, así como fortalecer la defensa de los derechos humanos. La región de Centroamérica y el Caribe fue la de mayor presencia de proyectos de ONGD gallegas: el 75% de las organizaciones con proyectos en el exterior trabajaron en estos países, 5 de cada 10 proyectos se ejecutaron en esta región, a la que se destinó el 60% de los fondos invertidos.

El estudio destaca la sororidad como impulso de trabajo de esta organizaciones

El informe destaca también el impacto de la crisis sanitaria del COVID en el trabajo que desarrollan las organizaciones de desarrollo. Durante 2020, reforzaron su actividad en acción humanitaria y ayuda en emergencia, una línea de actuación que, en el informe anterior, de 2018, ocupaba la décima posición en cuanto a los esfuerzos invertidos y que en 2020 escaló hasta el quinto lugar, con un 13% de proyectos orientados a dar respuesta a las crisis humanitarias. En este ámbito se desarrollaron ocho proyectos, seis de los cuales estuvieron directamente orientados a paliar los efectos del COVID en los países empobrecidos, que beneficiaron a 80.000 personas. Uno de los sectores prioritarios de intervención fue el de salud, con un 32% de los proyectos centrados en este campo.

Más de dos años después del estallido de la pandemia, esta sigue formando parte del día a día del trabajo de cooperación. “Continuamos trabajando en proyectos que atienden las situaciones de emergencia que se produjeron cuando estalló la pandemia, aunque con un enfoque más dirigido no a atender la emergencia, sino a restituir el orden de las cosas e intentar recuperar espacios perdidos”, afirma Paz.

“La pandemia evidenció la vulnerabilidad de muchos sectores de la población mundial, también en España”

María Paz Gutiérrez - Coordinadora de ONGD

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La pandemia, como en cualquier otro ámbito, puso patas arriba la cotidianeidad de las ONG, pero también fue una oportunidad de demostrar la importancia de las organizaciones de cooperación en la lucha de los problemas globales. “Para quienes nos dedicamos a la cooperación fue una oportunidad de visibilizar cómo un problema se hace global y cómo es enfrentado por todos y cómo, en función del lugar en que hayas nacido, tus posibilidades de enfrentarlo son unas y otras. La pandemia puso en evidencia la vulnerabilidad de muchísimos sectores de la población mundial, también aquí, en España, y nos obligó a pensar cómo podíamos seguir promoviendo desarrollo incorporando un nuevo elemento: la pandemia”, explica.

El trabajo de las ONGD gallegas en el mundo

En 2020, las ONGD gallegas ingresaron 14,3 millones de euros, de los cuales el 60% se destinaron a proyectos en empobrecidos y o 40% restante, al trabajo en Galicia a través de la acción social y de la educación para la ciudadanía global, cuyo objetivo es formar ciudadanos comprometidos. El 48% de estos recursos procedían de fondos públicos y el otro 52% de fondos privados. 

Según el informe, 3 de cada 4 euros recaudados a través de las administraciones públicas procedían de la Xunta, que ha aumentado su aportación desde 2016, aunque la coordinadora matiza que esta recuperación “es inferior al ritmo de crecimiento medio del resto de comunidades autónomas”.

MARÍA PAZ GUTIÉRREZ | REPRESENTANTE DE LA COORDINADORA DE ONGD gallegas

“La pandemia puso en evidencia la vulnerabilidad de muchísimos sectores de la población mundial, también aquí, en España”

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Más de dos años después de que estallara la crisis de la pandemia, las ONG gallegas de desarrollo continúan trabajando en proyectos que atienden las situaciones de emergencia que se produjeron cuando estalló la pandemia porque, recuerda, la pobreza y la miseria no desaparecen cuando las catástrofes o las guerras van perdiendo presencia en los medios de comunicación para cederles espacio a otros dramas humanos más recientes. Por ello, María Paz, representante de la Coordinadora de ONGD de Galicia, apela por convertir ese impulso solidario en una actitud perdurable en el tiempo, por lo que invita a cualquiera que tenga inquietudes por la cooperación a acercarse a cualquiera de las ONG de la coordinadora -son 43- para conocer cómo es su trabajo y por qué lo hacen. La coordinadora acaba de publicar el “Informe sobre el trabajo de las ONG de desarrollo gallegas 2022”, donde detalla las acciones que ha llevado a cabo en 2020 y que han contribuido a mejorar elaborado por la coordinadora, que engloba a 43 entidades gallegas, destaca que la acción de las ONGD gallegas impulsaron 68 proyectos con un coste de 10,2 millones de euros que contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de mas de 376.000 personas en 22 países de América Latina, África y Asia.

-El “Informes sobre el trabajo de las ONG de desarrollo gallegas 2022” destaca que a ambos lados de la cooperación se sitúan mujeres, ya que tanto las personas beneficiarias como los socios de las entidades y su personal, ya sea contratado o voluntario, lo son. ¿Les sorprende?

-No nos sorprende porque es una deriva casi natural. La cooperación internacional, como tantos otros ámbitos de la acción social se basa en los cuidados y la solidaridad, que son campos que ha protagonizado históricamente las mujeres. Sí que es verdad que ahora eso se va haciendo más evidente, ya no solo en las destinatarias finales, ya que entendemos que una cooperación que invierte en mejorar las condiciones de vida de las mujeres lo está haciendo indirectamente de sus familias y en sus comunidades. Por otro lado, en la medida que la cooperación internacional es un sector que, muy poco a poco, va mejorando sus recursos disponibles, esto revierte en la capacidad de contratación de las mujeres y en que estas encuentren un espacio en el que también ejercer el voluntariado.

-Destacan en dicho informe la sororidad en cooperación internacional gallega.

-Efectivamente. Una vez que empiezas a implicarte en el ámbito de la cooperación internacional y a conocer el testimonio de mujeres que en otras latitudes se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad de derechos, tú aquí, como mujer, sientes la necesidad de mostrar ese apoyo y esa colaboración, que es la solidaridad internacional.

-¿Cómo ha influido la pandemia del COVID en la acción humanitaria?

-La pandemia, como en cualquier otro ámbito, vino a revolucionar nuestra cotidianeidad de alguna manera. Por una parte, porque de repente todos los proyectos de desarrollo que teníamos en marcha en esos momentos se vieron obstaculizados por una pandemia que impedía la movilidad y que nos retuvo lejos de nuestras actividades económicas. Sin embargo, también es verdad que para quienes nos dedicamos a la cooperación fue una oportunidad de visibilizar cómo un problema se hace global y cómo es enfrentado por todos y cómo, en función del lugar en que hayas nacido, tus posibilidades de enfrentarlo son unas y otras. La pandemia puso en evidencia la vulnerabilidad de muchísimos sectores de la población mundial, también aquí, en España, y nos obligó a pensar cómo podemos seguir promoviendo desarrollo incorporando un nuevo elemento: la pandemia. También es verdad que durante la pandemia en muchos de los territorios en los que trabajamos, por ejemplo, en Centroamérica, de alguna manera y por parte de muchos gobiernos fue una oportunidad para vulnerar y a recortar derechos, aprovechando estos estados de excepción o de emergencia, que en estos momentos no han vuelto a su punto de origen.

-¿Como cuáles?

-Desde la limitación para la movilidad que no siempre tiene por qué estar justificada hasta la apropiación de la gestión de determinados servicios a los que la población dejar de tener acceso o la utilización, cuanto menos cuestionable, de un montón de fondos públicos que a priori los gobiernos anunciaron para enfrentar la pandemia y que modelos basados en la corrupción terminan haciéndolos desaparecer.

-Llevamos de pandemia más de dos años. ¿Sigue siendo necesarias las acciones de emergencia de las ONGD?

-Las organizaciones todavía continuamos en proyectos que atienden las situaciones de emergencia que se produjeron cuando estalló la pandemia. Quizá ya con otro enfoque, ya no con el de la inmediatez, aquel que responde más a una intervención de ayuda humanitaria o de emergencia, sino con el enfoque de restituir el orden de las cosas e intentar recuperar espacios perdidos y todo lo que tiene que ver con acceso a recursos económicos.

-La invasión de Ucrania tuvo una reacción de solidaridad masiva e inmediata, lo que choca con la pasividad que despiertan en general otros conflictos de larga duración.

-Esta es probablemente una de las cosas sobre las que nos gusta hacer hincapié. La guerra en Ucrania, como en otras tantas ocasiones, pone de manifiesto la solidaridad de la sociedad gallega, que rápidamente se vuelca en ayudar. Nosotros siempre apelamos a la sensatez también a la hora de ejercer esa solidaridad espontánea, natural y que nosotros, sin duda, reconocemos y agradecemos, pero creemos que de vez en cuando hay que ponerle, insisto, un toque de sensatez para evitar que se produzcan situaciones que luego son un perjuicio en vez de una ayuda, pero sobre todo lo que decimos es que esa solidaridad que se manifiesta de forma impulsiva y espontánea necesita mantenerse, consolidarse porque si no, un conflicto que hoy se considera enorme mañana deja de serlo, y que desaparezca del entorno mediático no quiere decir que las personas hayan dejado de sufrir, simplemente que ha desaparecido de nuestro foco y esto ocurre día sí y día también con muchos tantos conflictos que siguen mereciendo nuestra atención y que rápidamente desviamos cuando llega el siguiente.

-Y más en una sociedad en la que en todo exigimos cada vez más inmediatez y en la que en seguida pasamos a otra cosa.

-Efectivamente. Y es verdad que también las organizaciones tenemos un reto: cómo logramos comunicar la importancia de la cooperación internacional y cómo logramos convencer a nuestros representantes políticos de que destinen financiación pública a una política tan importante como esta. Y es verdad que tenemos herramientas y que tenemos fórmulas, como lo que nosotros llamamos educación para la ciudadanía global, que es aquella que intenta fomentar una sociedad crítica y comprometida, no solo con los problemas que suceden al lado de su casa, sino con aquellos que nos comprometen como sociedad global. Siempre ponemos el ejemplo: cada día, nuestra manera de consumir está comprometiendo el desarrollo de muchos pueblos y sociedades. Si podemos contribuir a generar esa desigualdad también podríamos contribuir a generar lo contrario. Pero para comprometerse tenemos que conocer la realidad, ser mínimamente críticos ante lo que nos rodea y después pasar a la acción. En la coordinadora somos 43 ONG en este momento, muy distintas unas de otras. Por eso, yo animo a cualquiera que lea esta entrevista y que le interese este tema a que se acerque a cualquiera de ellas, que busque aquella en la que pueda sentirse cómodo, y que se informe para conocer lo que hacemos, por qué y cómo lo hacemos.

-Hablando en general, ¿estamos más o menos comprometidos?

-En términos generales las personas jóvenes están muy comprometidas y hay dos grandísimos movimientos sociales, que son el feminismo y el ecologismo, que han logrado movilizar a una buena parte de nuestra juventud. Sin embargo, al igual que ocurre con lo que hablábamos antes de las grandes catástrofes, esas grandes movilizaciones tienen que trascender a la manifestación y convertirse en actos cotidianos y en decisiones colectivas y personales que apuesten por otro modelo político, económico y social, que la vida que yo disfruto no sea a costa de la pobreza de otros.

-¿Hay prejuicios sobre los migrantes?

-Yo creo que el miedo a lo distinto lo seguimos teniendo muy interiorizado y creemos que esto se ha agudizado a partir de ciertos discursos xenófobos que han normalizado actitudes de desprecio a la persona migrante y por eso, y vuelvo a lo de antes, ahí entra ese ejercicio de ciudadanía global que desde la comprensión de las realidades sociales que vivimos en nuestro entorno entiende, asume, comprende y participa de la inclusión, de ese ejercicio de respeto y de solidaridad.

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