Los deberes no casan con el verano
Expertos gallegos sostienen que hay otras alternativas a los convencionales cuadernillos de actividades para que los niños asienten conocimientos y adquieran competencias

Un niño, haciendo un ejercicio de un cuaderno de actividades. / FdV
Es el debate sempiterno. Cada año, cuando el curso escolar llega a su fin, miles de padres se preguntan si sus hijos deben hacer deberes durante las vacaciones de verano para reafirmar lo aprendido en el aula o si, por el contrario, es preferible que dediquen este tiempo de asueto a jugar después de un año de clases, deberes y actividades extraescolares. Los expertos gallegos consultados coinciden en señalar que si el niño ha cumplido los objetivos del curso, los deberes como herramienta de refuerzo no son necesarios y que hay otras alternativas a los clásicos cuadernos de actividades.
Para la educadora Alba Alonso Feijoo, deberes y verano sencillamente no maridan. “Las palabras ‘obligar’ y ‘verano’ no deberían ir nunca juntas. El verano es un momento para aprender muchas cosas, pero no de forma oficial ni académica”, defiende la creadora y directora de Realkiddys, plataforma de educación. Alonso sostiene que el inicio de colegio ya se emplea para repasar muchos conceptos vistos en el anterior.
Según la experta, el verano puede ser una oportunidad para que los chavales asienten otros conocimientos. “Queremos una infancia que sepa buscar la información adecuada, filtrarla, gestionarla y utilizarla de una manera ética y creativa. Tener los conocimientos no sirve de nada si no sabes qué hacer con ellos. Y estas competencias de vida no se olvidan durante el verano. Los mejores ‘deberes’ son las experiencias”, afirma.
Alonso asegura que existen multitud de opciones para aprender sin que medien los deberes. “La más sencilla, barata y accesible es la lectura. Podemos ir a cualquier biblioteca pública, pasar un rato ojeando y leer un poco todos los días, bien de manera individual, en familia o leyéndoles en alto, con mucha entonación y teatro a los más pequeños”, comenta.
Las aplicaciones móviles para jugar en familia o para realizar visitas virtuales a museos o, si se prefiere, los tradicionales juegos de mesa son otras alternativas. “La clave es que el tiempo que les dediquemos sea cien por cien real, sin nuestro móvil ni ordenador”, apunta.
El psicólogo vigués Daniel Novoa, especialista en educación emocional, recuerda que los menores necesitan recuperarse del esfuerzo que les ha supuesto superar el curso escolar. “Al igual que los adultos, los niños también deben desconectar de lo académico, de sus obligaciones, y aprovechar ese tiempo libre para desarrollar otras competencias fundamentales para la vida”, opina el experto, para quien el curso escolar debería ser suficiente para adquirir y asentar los conocimientos, sin necesidad de trabajar en ellos durante las vacaciones de verano.
“Lo académico es importante, pero el desarrollo social y emocional también. La autonomía, aprender a tolerar la frustración, las habilidades sociales y tener aficiones serán fundamentales para tener una buena salud mental”, argumenta el psicólogo.
En su opinión, existen otras alternativas a los clásicos deberes si lo que se desea es que el niño continúe aprendiendo en el verano o esté ocupado unas horas al día. “Los campamentos temáticos en forma de taller implican una pedagogía más interactiva y divertida, así como el contacto con otros iguales, por lo que pueden ser una alternativa interesante”, manifiesta Novoa.
Por su parte, María Ferreiro, directora del Instituto de la Conducta, más que obligar a hacer deberes se deben mantener ciertos hábitos o rutinas que garantizan el equilibrio familiar, aunque flexibilizados. “Por ejemplo, mantener horarios para irnos a la cama o despertarnos, aunque sean algo diferentes a los del curso escolar”, concreta la psicóloga y psicopedagoga.
Ferreiro aconseja también alguna actividad deportiva, cultural o artística que les apetezca a los niños para realizar por las mañanas. “Así reforzamos la importancia de los horarios y las responsabilidades a la vez que entrenamos otro tipo de habilidades (sociales, comunicativas, deportivas y emocionales) de nuestros hijos”, expone.
Pero, ¿y qué pasa con los chavales que no han aprobado todas las asignaturas? “Los deberes de refuerzo son imprescindibles cuando no se han alcanzado los objetivos del curso para reforzar esos contenidos que aún no han sido interiorizados; siempre respetando el ocio del verano, tan necesario para coger fuerzas y afrontar el siguiente curso”, opina María Ferreiro.
Esta experta añade que, en este caso, es importante mantener una rutina semanal, preferiblemente de mañanas. “El tiempo dependerá de los contenidos a reforzar. Una academia o un profesor nos ayuda en aquellos casos en los que no podemos plantear una supervisión parental o hay dificultad para cumplir horarios”, opina la psicóloga, que añade que el fin de semana debería dejarse de lado lo académico.
A este respecto, Daniel Novoa aconseja marcar un día o dos de descanso a la semana, y establecer el tiempo de estudio primero y el tiempo de ocio después. “Es una filosofía de vida muy interesante y que motiva más. Las rutinas en forma de horario facilitan la predisposición. Fomentar la autonomía (con supervisión) siempre es recomendable y el verano no es una excepción”, sostiene.
Para Alba Alonso, un buen momento para iniciar esta recuperación podría ser la última quincena de agosto para que el niño desconecte del año académico y disfrute del verano. La organización del trabajo dependerá, en su opinión, del ciclo escolar del niño, ya que cuanto más alto sea, mayor será la dificultad del aprendizaje.
En el caso de que sea un niño pequeño, apunta, que siempre hay otras alternativas al clásico cuadernillo de actividades, más atractivas y efectivas, para repasar alguna materia. “Si por cualquier motivo hubiese alguien que necesitase repasar en una asignatura como las lenguas o las matemáticas debería ser de la manera más lúdica posible. Menos ‘cuadernillos’ y más juegos con letras, palabras, números… Y si ese juego involucra a alguien cercano al niño (madre, abuelo, tío, padre…) mucho mejor porque sabemos que con la conexión emocional se aprende mucho más”, recuerda la docente, que añade: “Menos rutinas y más flexibilidad”.
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