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Faro de Vigo

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Miguel Ángel Vázquez Presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría

“A las personas mayores les toca volver a pelear, ahora contra el edadismo”

Miguel Ángel Vázquez. Ricardo Grobas

El gerontólogo Miguel Ángel Vázquez Vázquez (Baamonde, Begonte, Lugo, 1957) cesa mañana en su cargo como presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) tras dos legislaturas [los estatutos de la asociación no permiten permanecer más de dos mandatos consecutivos en el mismo cargo] y una crisis sanitaria que ha puesto el foco de atención en las residencias de ancianos, especialmente castigadas durante la primera ola, y los cuidados a las personas mayores. Ahora, este gerontólogo, que antes de ser médico soñó con ser arqueólogo –“Por eso, tal vez, me decidí por los pacientes con más antigüedad”, comenta–, le da vueltas a la posibilidad de crear una entidad que reivindique a la persona mayor como sujeto de derecho. “Tenemos que construir una sociedad que no te ponga un prospecto en letra pequeña que no puedas leer”, afirma.

–¿El envejecimiento es el gran reto social?

–Nunca en la historia de la humanidad ha habido tantas personas mayores ni tantas con tantos años. Hoy, las personas de 60 y 70 años están nucleando mucho movimiento social y como ellos mismos dicen, les toca volver a pelear otra vez, esta vez les toca hacer una revolución contra el edadismo porque hasta ahora los mayores estaban vistos como individuos ajenos que precisaban ser cuidados cuando para nada es cierto. La gente mayor está en todas partes creando vida. Uno de los grandes retos de España en lo referente a la atención sanitaria va a ser desarrollar los cuidados de larga duración porque el sistema sanitario está montado para agudos, pero estos son cada vez menos, y lo que la gente quiere son respuestas inmediatas cuando tiene una dolencia y luego la atención a la cronicidad.

–¿La sociedad es edadista?

–Hay una posición muy edadista. La revolución de la longevidad, porque esto es una revolución, tiene que ir encaminada a construir una sociedad en la que las personas mayores tengan un papel específico. Ahora mismo tienen un rol sin cometido excepto el del abuelo. Tú te jubilas y parece que lo único que puedes hacer es irte de viaje con el Imserso o apuntarte a los bailes de mayores, pero también quieres tener una participación activa en la sociedad en la que vives porque tú no te jubilas de la sociedad; te jubilas del trabajo. Esto es el envejecimiento activo, no solo practicar deporte.

–¿Contemplamos el envejecimiento con miedo?

–Todos. Hay una especie de gerontofobia. Adoramos la juventud, que tiene muchas cosas buenas, sí, pero la vejez también tiene un gran lado bueno que tiene que ver con el bienestar y con la felicidad, aunque esto no se pone sobre la mesa. Nos quedamos con el lado malo, el biológico, el de las pérdidas físicas. Hay cosas que estigmatizan el envejecimiento, que no son ciertas y que provocan ese miedo atávico a envejecer cuando es una parte de la vida. Por eso a mí no me gusta nada hablar de malos tratos a personas mayores porque no hay más maltrato en mayores que en adultos o niños, ni de pobreza y vejez cuando los mayores son los menos pobres. Tenemos que construir la sociedad del futuro y tenemos un desencaje. Esta sociedad está pensada para menos personas mayores y menos activas y de repente se encuentra con un aluvión de gente muy formada, independiente y acostumbrada a pelear que no quiere quedarse al margen.

"El cambio de modelo de residencias es un chivo expiatorio; primero tiene que cambiar la sociedad”

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–¿Cómo la construimos?

–Hay que cambiar los modelos y reconstruir a la persona mayor como sujeto de derechos. Las actitudes edadistas empiezan ya en las primeras etapas de la vida, se maman, con las bromas, los chistes y los comentarios como ‘El abuelo ya no se entera’. El reconocimiento de la entidad de la vejez como un elemento clave en el curso de vida requiere un replanteamiento muy profundo porque el edadismo está muy metido en la sociedad. Una persona mayor tiene derecho a presidir una asociación de vecinos, una comunidad autónoma o un país sin ser cuestionada solo por el hecho de ser mayor. El edadismo no debería permitirse como no se permite el racismo, el sexismo ni ningún otro ‘ismo’, y tenemos que combatirlo desde la educación y desde los derechos. Hay que cambiar la imagen que se proyecta de la persona mayor. No es infrecuente que se represente al abuelo con un bastón y encorvado ni que los políticos se refieran a ellos como “nuestros mayores” o que se hable del “abuelito” o se emplee con ellos diminutivos o la vocalización lenta. Esto es algo intencional porque si infantilizas, tú manejas.

–¿Qué papel desempeñó la SGXX durante la pandemia?

–Estos tres años hemos estado centrados en hacer propuestas técnicas, elaborar estrategias formativas... Propusimos a la Xunta, y nos hizo caso, abrir centros de cuidados intermedios para personas mayores. Fue la primera vez en España que se abría este tipo de centros y la mortalidad que tuvimos en estos durante la primera oleada de la pandemia fue de un 9% cuando en las residencias era del 21%. Evitamos 12 muertos de cada cien y que esas personas contagiaran a otras y, por tanto, también enfermasen y muriesen. Estos centros se implantaron después en el resto de comunidades, y en otros países como Portugal y Bélgica. Probablemente no porque nos imitasen, sino porque era de sentido común. No descubrimos la pólvora, solo leímos lo que se hacía en China y lo planteamos, pero creo que como asociación profesional hicimos un papel muy potente y probablemente histórico.

"Tenemos que reconstruir a la persona mayor como individuo de pleno derecho"

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–¿Hemos aprendido algo de la pandemia en lo tocante a las residencias o ya nos hemos olvidado?

–Nada. La gente busca culpables y cree que los muertos en las residencias se debieron a estas, porque eran pequeñas o grandes, privadas o públicas. Lo único que podemos sacar en positivo es que la geriatría, como ciencia médica, y todo lo que rodea los cuidados a las personas mayores se han puesto debajo de la lupa y esto va a implicar al menos una mejora aunque parte de algo erróneo porque la culpa de la mortalidad excesiva que tuvimos en las residencias no fue culpa de estas, sino de la falta de atención sanitaria. Si esta hubiese dependido del Sistema Nacional de Salud no hubiésemos tenido esta mortalidad. No puedes convertir las residencias en hospitales porque son centros de vida, pero los cuidados los debe proveer el que los provee al resto de los ciudadanos. Lo Social no puede ocuparse de los cuidados sanitarios porque no tiene los recursos. Ahora mismo no hay ni enfermeras en las residencias porque se las lleva el Sergas.

–El Ministerio de Derechos Sociales y las comunidades autónomas aprobaron ayer el nuevo plan de residencias que pone fin al actual modelo de macrorresidencias. ¿Qué opina?

–Las residencias tienen que mejorar y necesitan más personal, el doble, pero el cambio de modelo de residencias es un chivo expiatorio; primero tiene que cambiar la sociedad. Además, una vez más, se toman decisiones a espaldas de los mayores porque en ninguna comisión de expertos hay personas mayores que vivan en residencias, que son las que mejor conocen lo que necesitan. El modelo del 70% de habitaciones de uso individual es un disparate porque el usuario de la residencia no quiere vivir solo, por lo que va a generar muchísimos problemas no solo de soledad sino de aislamiento. La persona tiene que tener la oportunidad de elegir si quiere una individual o no pero yo creo que hay que construir espacios flexibles. Hay otras pequeñas cosas que pueden aportar más calidad de vida, como te llamen por tu nombre o que no dejen la puerta abierta cuando te bañan... Además, este cambio de modelo hay que dotarlo de presupuesto y la pregunta es: ¿Estamos dispuestos como sociedad a sufragarlo?

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