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Faro de Vigo

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Gallegas en lucha por un aborto legal: "Tenemos a niñas de 11 años violadas por hombres de su entorno familiar que son obligadas a parir"

EE.UU. ha derogado este derecho que en países como El Salvador está penado | Pontevedresas residentes en El Salvador relatan cómo viven su demanda para despenalizarlo y cómo fue la lucha para su legalización en Argentina | Una joven de 35 años narra sus dificultades para abortar en Galicia

Manifestación en El Salvador convocada por el colectivo feminista Ni Una Menos. FdV

El Tribunal Supremo de Estados Unidos tumbó el pasado viernes el derecho constitucional a la interrupción del embarazo de las mujeres estadounidenses, borrando de un plumazo medio siglo de libertad para las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y hacerlo de forma segura. La derogación del derecho al aborto en EE.UU. supone un retroceso en los derechos reproductivos de las mujeres y supone volver a reiniciar una lucha que ya había sido conquistada en el país norteamericano. A partir de ahora, el aborto pasa a ser ilegal a nivel federal y será cada estado el que definirá la normativa.

Pese a que la decisión adoptada por la corte judicial norteamericana ha hecho saltar las alarmas a nivel internacional, lo cierto es que el derecho a un aborto libre y seguro es una realidad que ni siquiera se llega a ejercer en la mitad de los países del mundo, y es que tan solo en 75 estados está permitido abortar frente a otros 127 en los que se imponen casuísticas determinadas para hacerlo. Así, en concreto, en 50 países tan solo está permitido para preservar la salud de la madre, en 43 para "salvar la vida de la mujer", en 13 por motivos socioeconómicos y en 20 ni tan siquiera justificación alguna, puesto que está terminantemente prohibido y penalizado. En otro país se desconoce la situación legal al respecto.

Solo en 75 países del mundo está permitido abortar de forma libre y segura, frente a 127 con restricciones

Una de las últimas actualizaciones en esta materia fueron las de Colombia y México. En febrero de este año, la Corte Constitucional de Colombia despenalizó el aborto hasta las 24 semanas de gestación y, meses atrás, en septiembre de 2021, la Suprema Corte de Justicia de México dictó que es inconstitucional penalizarlo. Asimismo, Colombia se sumó este 2022 a Argentina (tras años de lucha lograron la legalización a finales de 2020), Uruguay y Cuba como los únicos países de América Latina que habilitan el aborto legal a petición de cualquier mujer embarazada. 

El movimiento feminista y las activistas llevan años señalando que las leyes que prohíben la interrupción voluntaria de embarazo no implican que las mujeres vayan a dejar de abortar, sino que continuarán haciéndolo pero en la clandestinidad y de forma peligrosa para sus vidas. ¿Cómo viven las mujeres en estos países en los que no es posible interrumpir el embarazo? En 2019, FARO dio a conocer los testimonios de varias pontevedresas residentes en El Salvador y en Argentina, que de aquella peleaba por la legalización del aborto, así como de mujeres autóctonas respecto a esta cuestión. Pero también el relato de una gallega que tuvo serias dificultades para interrumpir su embarazo y vivió episodios claros de violencia obstétrica.

Una cruda realidad en El Salvador

Con 24 años se quedó embarazada sin desearlo. En su país, El Salvador, el aborto está prohibido en todas sus formas, por lo que aquella joven estudiante se vio obligada a buscar de forma clandestina la manera para interrumpir aquel embarazo no deseado. Fue de contacto en contacto hasta que un buen amigo la ayudó y la derivó a su tío, ginecólogo de profesión. Este le cobró 200 dólares por una píldora abortiva y ni siquiera le informó de las contraindicaciones, simplemente recogió el dinero de aquella atemorizada y desesperada joven e hizo como que allí nada había pasado.

Es la vivencia de Gemma (nombre ficticio para resguardar la identidad de G.P.L.), una mujer salvadoreña que en la actualidad ayuda a otras a abortar de manera segura y clandestina, dado que en su país, el aborto está penalizado llegando a casos extremos que vulneran los derechos humanos de las mujeres, pues la mayor parte son judicializados como homicidio agravado. “Se aprovecharon de que era joven y me cobraron 200 dólares por la píldora abortiva. Yo estaba estudiando y pude recolectar aquella plata gracias a algunas buenas amigas que me ayudaron. Desde entonces, formo parte de una red de apoyo para ayudar a otras mujeres a abortar sin el miedo y el temor con el que lo viví yo”, cuenta Gemma.

"Se aprovecharon de que era joven y estaba estudiando y me cobraron 200 dólares por una píldora abortiva"

Gemma P.L. - Mujer salvadoreña

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Esta joven salvadoreña forma parte del Colectivo Feminista Ni una Menos El Salvador, al que también está adherida María Domínguez García, una pontevedresa que lleva menos de un año en el país trabajando en un programa de restitución de derechos de la población migrante y desplazada a causa de la violencia en Centroamérica y México.

María aborda in situ la lucha de las mujeres salvadoreñas: “Acontece que moitísimas mulleres con complicacións obstétricas ou abortos espontáneos están sendo xulgadas por homicidio agravado. Centos de mulleres foron privadas de liberdade por emerxencias obstétricas e isto xera un contexto de criminalización e persecución para con elas que comeza xa nas salas de espera dos hospitais públicos”.

En este sentido, esta pontevedresa comenta que, en El Salvador, “nin sequera podemos falar da legalización do aborto, senón da despenalización. O Estado viola constantemente os dereitos de mulleres e nenas a ter acceso a unha asistencia sanitaria segura e de calidade, pois xa os propios profesionais evitan atendelas porque se non tamén son perseguidos”.

Criminalización

Fue en 1998 cuando se criminalizó la práctica del aborto en este país latinoamericano y es desde ese año que las mujeres llevan luchando para que, al menos, se pueda considerar en los casos de violaciones a niñas, cuando exista riesgo para la vida de la madre, cuando sea clínicamente inviable o cuando la mujer o niña haya sido víctima de trata.

"Mulleres con abortos espontáneos son xulgadas por homicidio agravado"

María Domínguez

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Las encuestas repartidas por el colectivo feminista Ni una Menos El Salvador, al que pertenece María, junto a otras asociaciones de mujeres del país, muestran cómo la opinión pública sí está a favor de una reforma del Código Penal. Así, un 80% de la población considera que el aborto debiera ser posible en el caso de las mujeres en las que el embarazo sea clínicamente inviable; un 66% considera que las interrupciones del embarazo espontáneas no deberían estar sujetas a penalización por parte del Estado, y un 60% lo ven una opción lógica cuando existe riesgo para la salud y la vida de la gestante.

Desi es otra joven salvadoreña y compañera de lucha de María, quien indica que “en múltiples casos que han sido judicializados por homicidio, las mujeres han sido víctimas de violencia sexual y el Estado no procesa a los hombres por esos actos. Existen una doble moral y en ningún momento hay reparación del daño para con la mujer, cuando es nuestra vida y nuestros derechos los que realmente corren peligro”

El caso de Argentina

A sus 40 años, Cecilia Martínez lleva media vida viviendo a caballo entre Buenos Aires y Pontevedra. En 2019, se encontraba de vuelta en su país de origen y cuando se le preguntaba de aquella por la situación del aborto en él era contundente a la hora de responder: “Que el aborto sea ilegal en Argentina es prehistórico. Que haya niñas violadas a las que los médicos se niegan a practicarle un aborto es algo sangrante”.

En su opinión, las creencias ideológicas y católicas de las instituciones vuelven esta cuestión “un tema de ideología política, cuando en realidad se trata de un problema de salud en la población femenina. El número de muertes que se están registrando en clínicas clandestinas por abortos mal practicados es aberrante”.

"Que haya niñas violadas a las que los médicos se niegan a practicarle un aborto es algo sangrante”

Cecilia Martínez

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En cuanto a la lucha incesante que estaba teniendo lugar en Argentina para lograr la legalización del aborto, que en 2018 estuviera a escasos votos de lograrse en la Cámara de senadores, Cecilia explicaba en 2019 que existían numerosos colectivos peleando por su consecución y ella los apoyaba la que más, pero prefería que, en ese caso, fueran las propias activistas las que tuvieran voz y sirvieran de enlace con uno de los más conocidos: Actrices Argentinas.

La agrupación Actrices Argentinas aúna a más de 400 mujeres de todo el país, cuyas voces tienen gran repercusión. FdV

Laura Azcurra entraba en 15 minutos en una grabación, sin embargo, no le importbaa retrasarla un poco para poder abordar desde el otro lado del charco por vía telefónica: “En la actualidad en Argentina tenemos niñas de 11 años violadas por hombres de su entorno familiar que son obligadas a parir, sobre todo amparado por la iglesia y el colectivo, mal llamado, Salvemos las dos vidas, que en realidad lo que están haciendo es bloquear los derechos y una ley que ya es ley en nuestro país desde 1921, en los casos de violación. Este tipo de situaciones no están trascendiendo en los medios y por eso estamos peleando para visibilizarlas”, explicaba Azcurra.

A finales de septiembre faltaba un mes para las nuevas elecciones y esta actriz argentina comentaba que el proyecto para la legalización del aborto que se presentó nuevamente en el Congreso está paralizado, puesto que el foco estaba en quien gobernaría: “Ahora mismo el Congreso está pendiente de quién tomará las riendas del país y es una forma de patear la pelota y no se está pendiente de elegir un nuevo presidente y el Congreso tiene parado el proyecto, es una manera de patear la pelota y no situarlo en agenda como urgente”.

“Hay niñas de 11 años violadas por hombres de su familia que son obligadas a parir”

Laura Azcurra - Actriz argentina

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Para Laura y sus compañeras de profesión la legalización del aborto no solo es una cuestión del derecho a decidir sobre sus cuerpos, sino que “es un problema de salud pública. El Estado tiene que tomar las riendas y la urgencia de la educación integral. Muchas mujeres, de lugares muy pequeños, no tienen información sobre su aparato reproductor y no saben cómo expresar una situación de abuso o violación”.

Según apuntaba Azcurra, en años previos a 2019, en Argentina, la población no tenía acceso a métodos anticonceptivos en los hospitales y tampoco se hablaba de la vasectomía como intervención para evitar un embarazo, es por ello que el lema de su campaña aquel año era muy claro al respecto: “Necesitamos educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.” La joven actriz afirmaba entonces que no cesarían en su lucha por lograr la plena libertad sobre sus cuerpos y sobre sus derechos. Y al final lo consiguieron.

“Fixéronme escoitar o latexo do corazón no centro de planificación familiar”

I.P.M. - Pontevedresa que abortó

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Acto de protesta en Vigo en defensa de la despenalización del aborto. RICARDO GROBAS

Debido a una infección por el virus del papiloma, a Iria (nombre ficticio de I.P.M.) tuvieron que realizarle una conización cervical con motivo una lesión premaligna en el cuello del útero. Poco a poco se fue recuperando de aquella intervención y retomó las relaciones sexuales con normalidad. Dado que todavía se encontraba en fase de controles periódicos, y cabía la posibilidad de que algún tejido estuviera infectado, el único método anticonceptivo que podía emplear eran los preservativos, puesto que no podía tomar hormonas.

Durante una relación íntima, un preservativo se rompió y aunque justo acababa de finalizar la menstruación y pasar todo aquel proceso de recuperación, el test de embarazo dio positivo y ahí dio comienzo su calvario por la sanidad, tanto pública como privada, para poder abortar.

“Nun primeiro momento fun á sanidade pública. En primeiro lugar a miña médica de cabeceira, cando lle contei o que acontecía, díxome que reflexionara moi ben sobre a decisión que ía tomar e faloume da Fundación Red Madre, dicíndome que por que non contactaba con elas, que poderían axudarme. Non só me sentín xulgada, senón que criticou a miña decisión e intentou redirixirme cara unha asociación que tan só lle importa a vida das crianzas o primeiro ano, e que pasa despois? Lembro que saín chorando daquela consulta”, explica Iria.

El siguiente paso que dio I.P.M. fue acudir a un centro de planificación familiar pontevedrés en el que el trato no fue mucho mejor. En primer lugar, le entregaron una encuesta con preguntas “moi invasoras”, y tras hacerle un nuevo test confirmaron su embarazo. Luego, “fixéronme escoitar o latexo do corazón, cando iso non soe facerse. E puxéronmo ben alto, para asegurarse de que o escoitaba”, comenta.

La decisión y el aborto

De aquella era el año 2016 e Iria relataba a sus 32 años, en 2019, que tenía claro que su salud estaba en riesgo y que no era el momento de ser madre. “Naquel tempo aínda estaba cos controis que se fan do virus do papiloma. Operáranme e non sabían se xa estaba todo limpo ou quedaba algún resto de infección, cuxa cepa no meu caso era a máis agresiva. Ese embarazo podería ter consecuencias graves para min e eu tampouco quería ser nai”, apunta la joven.

Continuó adelante con el proceso, pero en la sanidad pública se encontró con que estaba ya de más de ocho semanas y la solución que le daban era “sempre cirúrxica, en ningún momento farmacolóxica. Dixéronme que tiña que esperar a que houbese un quirófano libre e que xa me chamarían”.

Aínda que en España se poida abortar, non hai sensibilidade

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Finalmente, la joven pontevedresa optó por acudir a una clínica privada y a finales de diciembre, Iria tomó una píldora abortiva, lo cual le provocó continuos sangrados durante un mes. “Dixéronme que era normal e finalmente tiveron que realizarme unha aspiración”, indica I.P.M.

Iria se encontró con que el profesional facultativo que le había realizado la conización cervical en el hospital público fue el mismo que le hizo la aspiración en la clínica privada, sin embargo, el trato fue totalmente distinto. “Foi moi seco, con contestacións bordes e ademais pasei unha dor terrible porque me puxeron mal a anestesia. Nada que ver co trato na outra intervención”.

Tras esta experiencia tan desagradable, la pontevedresa confiesa que “aínda que en España se poida abortar non hai sensibilidade, non hai un acompañamento para levar a cabo o proceso e, no meu caso, non houbo un bo trato”.

Hoy en día, Iria tiene una pequeña de unos cuatros años y explica que “a min naquela ocasión non me xerou ningún trauma abortar, pero si que me sentín xulgada e tamén moi triste, por ver como nos trataban a todas as mulleres que estabamos naquela sala de espera”.

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