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Faro de Vigo

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MEDIO AMBIENTE

El cambio climático acabará en 30 años con 19.400 hectáreas de regadío en la cuenca del Segura

Los modelos más extremos para 2050 prevén una pérdida de hasta el 7,4% de la superficie de riego y una reducción de los recursos hídricos de más de 130 hm3 para la agricultura

Cultivos de regadío en la comarca del Campo de Cartagena. / F.G.

Los recursos hídricos de la cuenca del Segura se encuentran amenazados por la crisis climática. No es un problema a largo plazo pues las sequías prolongadas, los eventos de precipitación extremos o las intensas olas de calor son escenarios que se viven ahora y que nos advierten que hemos empezado a sufrir las consecuencias del calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

En la demarcación hidrográfica del Segura, la cuenca más regulada de Europa y donde se constata en muchas ocasiones y en diversos puntos del territorio la sobreexplotación del agua, se enfrenta a riesgos reales como la desertificación. Un estudio reciente sobre el impacto del cambio climático en la agricultura de regadío en el Segura advierte de que esta crisis es una de las "mayores amenazas para la disponibilidad de recursos hídricos en régimen natural en el área mediterránea".

La mayoría de las proyecciones climáticas, señalan, pronostican una muy importante reducción del agua disponible. "El sector agrícola será uno de los más afectados, ya que tiene menor prioridad de acceso al recurso agua frente a otros sectores, como el abastecimiento o la industria", explican los autores del informe e investigadores de la Universidad de Murcia, la Católica de San Antonio y la Universidad de Cádiz. Sobre el papel han planteado dos escenarios a futuro: uno más optimista y otro más pesimista, pero ambos se centran en el periodo 2040-2070.

Hasta 2070 el Trasvase del Tajo podría perder el 75 por ciento de los caudales que envía al año por el acueducto

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De entrada, el suministro a la agricultura de regadío tendría un déficit medio del 7% para el escenario más conservador y de un 11% para el más extremo, es decir, una reducción de hasta 136 hectómetros cúbicos al año. Por otro lado, para dentro de tres décadas, la cuenca del Segura habría perdido entre un 4,7% y un 7,4% de la superficie de regadío, que abarca más de 260.000 hectáreas dentro de la demarcación, según datos de la Confederación Hidrográfica del Segura. Esto implicaría que el terreno regado para cultivos hortofrutícolas podría perder hasta 19.400 hectáreas, casi una tercera parte de lo que se riega en el Campo de Cartagena.

Los datos de los que parten los investigadores son un mix de recursos hídricos empleados en 2018 (reservas, recursos propios, Trasvase Tajo-Segura, desalación o depuración), sin contar con la previsión del recorte al acueducto por los caudales ecológicos del Tajo (105 hm3 menos) o la ampliación de las desaladoras en el Levante. Sin embargo, los mismos autores ya evaluaron el impacto del calentamiento global en los envíos de agua por el Trasvase Tajo-Segura y concluyeron que habrá una disminución de entre el 70 % y el 79 % de los aportes por el acueducto.

En un nuevo análisis y empleando los modelos del cambio climático elaborados por el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, los investigadores calculan una reducción de 228 hm3 sobre un envío total por el Trasvase de 305 hm3, es decir, un 75% en el peor de los escenarios por la reducción de precipitaciones en la cuenca del Tajo. A su vez, se incrementa el agua desalada.

La CHS advierte de la pérdida progresiva de la humedad del suelo este siglo

Conforme avance el actual siglo la precipitación media anual irá disminuyendo en la cuenca del Segura. Según las previsiones de la Confederación Hidrográfica del Segura, incluidas en su próximo plan hidrológico, el suelo de la demarcación irá perdiendo humedad progresivamente. La recarga natural irá en la misma tendencia que las lluvias, con una reducción del 36% con respecto a las cifras actuales en el escenario más pesimista hasta 2070. En cuanto a la circulación del agua, la cabecera sufrirá más las consecuencias de perder recursos hídricos, lo que derivará en «repercusiones en los embalses más estratégicos para la gestión de los sistemas». Los cambios en la recarga y en la escorrentía son «indicativos de la variación en la disponibilidad de recursos subterráneos y superficiales respectivamente, y servirán de base para la definición del escenario futuro de cambio climático».

Impacto por zonas

El impacto económico en determinadas zonas de la cuenca varía en función del tipo de producción agrícola y el acceso a determinados recursos hídricos. Así, el análisis constata que la cabecera de la demarcación tendría una reducción mayor de la superficie de regadío de hasta un 16,7%, mientras que en la Vega Media y Baja el porcentaje puede llegar al 10%. Hay zonas que no varían su superficie 2ya que el agua de riego procede en su totalidad de recursos superficiales y subterráneos de coste relativamente inferior al resto de zonas". Los cultivos situados en el litoral serían un ejemplo, juntos con los del Altiplano, donde existe sobreexplotación de los acuíferos.

"La reducción en la superficie de riego también conlleva una reducción en el margen bruto (beneficio directo que se obtiene por la actividad agrícola)" en toda la cuenca. En general, los mayores descensos en este factor "tienen lugar en aquellas zonas donde el agua desalada gana una mayor participación, la cuál es creciente a medida que se reducen los recursos superficiales disponibles". Algunos resultados obtenidos como los correspondientes a la zona del litoral sugieren «una mayor especialización en cultivos de alta rentabilidad".

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