Fito Cabrales y su grupo, Fito & Fitipaldis, tocaron el pasado 11 de junio en el estadio de San Mamés, en Bilbao, en un cita histórica seguida en vivo por más de 47.000 espectadores, y por millones de personas en el mundo y en directo a través de YouTube y La2 de TVE, en un concierto que tenía una clara conexión con Galicia.

Rodríguez, en su taller. | // I. OSORIO INAKI OSORIO

La guitarra eléctrica que Fito tocó esa noche es una pieza única y hecha en exclusiva para él por Jesús Rodríguez, un luthier autodidacta de Ourense, que utilizó para ello tablones de castaño que su abuelo Ricardo guardó en el municipio ourensano de Vilardevós mucho antes de que él naciera, “por si tenía que arreglar el piso de su casa”, y la viga de una vivienda de Toén, también en Ourense, del año 1924.

Esta filigrana emocional, que enlaza técnica, música y raíces, ha hecho que la madera que cortó en su día el abuelo, y que Jesús Rodríguez convirtió en guitarra, haya enamorado al cantante y compositor Fito Cabrales, quien, tras recibir un primer modelo realizado por el luthier ourensano y probar su estupendo sonido, decidió encargarle a Jesús otra guitarra, “pero esta dijo que la hiciera a su manera, adaptada a él. Me dio total libertad y, lo único que me pidió fue que incorporara un diapasón de ébano”, indica el ourensano.

Así que esta guitarra eléctrica con hechuras de castaño gallego y mástil del viga centenaria, con la que Fito y Leiva –uno de los artistas invitados en el concierto de Bilbao en el que recibieron la ovación de los más de 47.000 espectadores que acudieron a San Mamés–, es ya, sin duda, el reconocimiento pleno de que esa afición que Jesús, de 50 años, inició en el bajo de su vivienda hace apenas seis, de forma experimental y con mucho amor por la música, tiene la calidad suficiente para conquistar a su ídolo.

El otro apartado que hace único el proceso creativo de Jesús es que hay todo un equipo que apoya cada uno de los instrumentos que él construye. “Lo que más me gusta es la gente a la que involucras. Las pastillas las hace una persona de Valencia; el logotipo de mis guitarras es un pequeño dragón en plata que realiza un joyero ourensano; los componentes electrónicos los hace Ezequiel, desde Andalucía, y otro profesional me grabó en su láser la placa de unión al cuerpo”, explica Jesús, que pese a todo no pudo estar en el estadio del Athletic de Bilbao porque se encontraba en Santiago de Compostela en el acto de graduación como bióloga de su hija. Un día “muy grande y con mucho orgullos concentrado”, reconoce el artesano en sus redes.

Este proceso creativo de Jesús, que ha hecho posible que este hijo de emigrantes nacido en Ermua, licenciado en Periodismo, pero que un día decidió regresar a los orígenes familiares y trabaja ahora en una empresa de artes gráficas de Ourense, haya alcanzado este nivel de profesionalización como un luthier de calidad, y con encargos profesionales, tiene mucho que ver con la curiosidad del niño que hace unos seis años desmontó su guitarra eléctrica, que se había averiado, para ver qué tenía por dentro, y consiguió volver a montarla y que siguiera funcionando.

“Esto sé hacerlo yo, me dije. Compré un kit para montar una guitarra eléctrica completa”. Todo fue saliendo a la perfección, así que luego optó por hacer una Stratocaster, una guitarra mítica “como la que tocaban Jimi Hendrix o Mark Knopfler”, explica, a base de empeño, maña y tutoriales de Youtube. Y esta también funcionó. “Unos amigos se la llevaron a un concierto y ya no me la devolvieron”, bromea.

Ahora Fito, “un músico tan grande como sencillo”, dice, y el propio Jesús, hablan a menudo, y la admiración del fan y de su ídolo son mutuas.