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Faro de Vigo

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El tabaco, ese asesino silencioso

Unos 54.000 españoles mueren cada año a causa del tabaquismo | Expertos gallegos aseguran que no basta con legislar y que hay que hacer cumplir las medidas antitabaco

Una mujer, rechazando un cigarrillo. | // PIXABAY

El tabaquismo mata de forma sigilosa, aunque sus cifras pesan: unas 60.000 muertes al año solo en España –más de 160 cada día–, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), que reúne a más de 4.000 profesionales de la salud respiratoria. De hecho, es la principal causa de muerte evitable, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El tabaquismo es una enfermedad adictiva y crónica que en el 80% de los casos se inicia antes de los 20 años de edad y que se mantiene gracias a la dependencia que produce la nicotina. En España más de 12 millones de personas son fumadoras y un 24% de los españoles se declaran fumadores diarios. El grupo de edad entre los 25 y los 34 años es el que registra un mayor número de fumadores, según la SEPAR.

El humo del tabaco contiene más de 7.000 químicos, de los cuales se sabe que al menos 70 causan cáncer. De hecho, uno de cada cinco casos de cáncer en Europa es atribuible al tabaco, según un estudio publicado en “European Journal of Cancer”, lo que supone 750.000 tumores causado por el tabaco. De todos ellos, la mitad afectan al pulmón y un 15% están localizados en el área de cabeza y cuello, afectando sobre todo al labio, la cavidad oral, la faringe y la laringe.

Pero este producto puede ocasionar, además, accidentes cerebrovasculares; patologías cardiovasculares –producen el 27% de las muertes por tabaquismo– problemas pulmonares como EPOC o asma difícil de controlar; pérdida de la vista por riesgo de degeneración macular; problemas de erección, y esterilidad, tanto en hombres como mujeres.

Carlos Rábade, coordinador del Área Tabaquismo de la SEPAR y neumólogo del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), asegura que es necesario insistir en los efectos perniciosos del tabaquismo, adaptando el mensaje a las tecnologías del siglo XXI e individualizándolo para que llegue a los pacientes.

La Unión Europea se ha propuesto que los niños de ahora no fumen y sean la primera generación libre de humos, para lo que es necesario desincentivar el hábito al mismo tiempo que se ayuda a los fumadores a abandonarlo. La manera para conseguirlo, según los expertos, es desnormalizando su consumo. Este es uno de los principales objetivos de la ley antitabaco de 2005 y 2010, cuya tercera reforma está prevista para 2023 y que amplía los espacios públicos donde está prohibido fumar.

“La ampliación de espacios públicos sin humo tiene mucha importancia por tres razones: proteger a los no fumadores del tabaquismo pasivo; normalizar la conducta de no fumar en lugares donde está prohibido, e incentivar al fumador a realizar un intento serio de abandono del tabaco”, explica Rábade.

Para el neumólogo gallego, para acabar con el tabaquismo tiene que haber “una voluntad decidida” de todos los actores implicados: Administración, medios de comunicación, profesionales sanitarios y educativos, y pacientes. “No basta con legislar; hay que hacer cumplir las medidas que han demostrado eficacia en el control del tabaquismo, y eso es tarea de todos”, argumenta.

Con motivo del Día Mundial si Tabaco, que se celebra hoy, el especialista aconseja a quien se esté planteando abandonar este hábito que se ponga una fecha. “A partir de ahí, el objetivo es aguantar todo ese día sin fumar. Tendrá momentos de ansiedad, pero esos momentos son cortos en el tiempo”, comenta el doctor Rábade, que añade que no hay que agobiarse, ya que lo importante es intentarlo.

Para alcanzar este objetivo, recomienda buscar sustitutos al tabaco y estar distraídos. Asimismo, aconseja buscar la ayuda de un profesional sanitario que le pueda ofrecer un asesoramiento y fármacos para tratar la enfermedad. “El tabaquismo es una enfermedad adictiva y crónica”, insiste.

El vapeo duplica el riesgo de infarto

En su en su informe “Cigarrillos electrónicos: una nueva amenaza para la salud cardiovascular”, la Federación Mundial del Corazón (WHF, en sus siglas en inglés) revelaba que los consumidores de cigarrillos electrónicos tienen casi el doble de probabilidades de sufrir un infarto que los no fumadores. Recordaba, además, que el vapeo aumenta el ritmo cardiaco y la presión arterial y provoca latidos cardiacos irregulares, problemas vasculares y un posible incremento del riesgo de coágulos sanguíneos. Por ello, pedía a los gobiernos una regulación más estricta y una mayor supervisión de las estrategias de marketing y ventas de estos dispositivos.

“Los cigarrillos electrónicos y las pipas de agua se asocian a inflamación bronquial contienen agentes carcinogénicos. El daño sobre el aparato respiratorio y cardiovascular es evidente”, afirma el doctor Carlos Rábade. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) reiteró recientemente su postura contraria a estos dispositivos en la “Declaración oficial de SEPAR sobre cigarrillos electrónicos (CE) y los dispositivos que calientan, pero no queman tabaco (sistemas Heat not Burn)” que presentó en el Ministerio de Sanidad ante las dudas que existen sobre su seguridad y eficacia como método de abandono del tabaco y al mismo tiempo la expansión de su uso especialmente entre los más jóvenes. “Estos dispositivos no han demostrado ser inocuos. No han demostrado que puedan ayudar a los fumadores a minimizar el daño del tabaco o a dejar de fumar. Más que nada, lo que consiguen es perpetuar el consumo de tabaco impidiendo que el fumador haga un intento serio de abandono, reteniéndolo en el consumo del tabaco y la nicotina. Por otro, lado pueden ser una puerta de acceso de los adolescentes al consumo de tabaco”, advierte.

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