“Una de las incógnitas más complicadas que tenemos ahora mismo es que el universo no solo se expande, sino que lo está haciendo de forma acelerada”. Así se refirió Enrique Joven (Zaragoza, 1964), doctor en Ciencias Físicas e ingeniero en el Instituto de Astrofísica de Canarias, a uno de los grandes retos de la astronomía, cuya historia y avances trata de sintetizar en “Estrellas por un tubo. Una historia diferente de la astronomía” (Roca Editorial), que ayer presentó en el Club FARO, en una conferencia que presentó en el MARCO de Vigo Ana María Ulla, profesora titular del Área de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de VIGO (UVigo).

Según el astrofísico y divulgador, el ser humano apenas conoce una milésima parte del cosmos. “Solo conocemos un cinco por ciento del universo. Es inconmesurable”, aseveró el conferenciante, autor y guionista de la serie de divulgación científica “Un programa estelar”.

En “Estrellas por un tubo”, Joven sintetizar la historia de esta ciencia, que se remota a 6.000 años –cuando se comienza a tener registros–, hasta hoy, En esta obra, hace un barrido por los nombres que han contribuido a crear un género científico necesario para entender el comportamiento del mundo y nuestras aspiraciones como especie, desde el primer calendario solar conocido creado por los egipcios en el 3000 A.C., hasta los más recientes Premios Nobel de Física. Sin embargo, como su autor advirtió, no se trata de una enciclopedia de astronomía, sino de un libro de “historias de astrónomos” en el contexto en el que vivieron, narradas como si se contaran en un ascensor o en la cafetería. Sin fórmulas.

Resulta paradójico tratándose de ciencia, que Joven arrancara su recorrido por estas historias de astrónomos hablando de dos mujeres. La primera, Enheduanna, hija de reyes de Mesopotamia, que fue no solo la primera astrónoma, sino el primer astrónomo de la historia. En el 2.400 A.C., esta sacerdotisa sumeria, también poetisa, ya dejó escritas sus observaciones sobre la Luna y Venus.

La otra gran protagonista con la que el astrónomo quiso iniciar su viaje por el tiempo fue Vera Rubin, una astrónoma estadounidense que en la década de los cuarenta del pasado siglo encontró la primera evidencia de la existencia de la materia oscura y que, según Joven, debería haber recibido el Premio Nobel. “No se lo quisieron dar”, se lamentó. Un telescopio que comenzará a funcionar en breve llevará el nombre de esta pionera de la astronomía.

Joven habló también de la relación entre iglesia y astronomía, tanto desde el lastre que las ideas religiosas supusieron para el avance de esta y otras ciencias –recordó el caso de Galileo, que tuvo que adjurar a la fuerza de su teoría de que el Sol y no la Tierra era e lcentro del universo–, como de la aportación a las mismas de científicos religiosos, como es el caso del sacerdote jesuita Georges Lemaître que fue el primero que propuso la teoría de la expansión del universo, que años después descubriría Edwin Hubble.

Joven también resumió la historia del telescopio, un inventó que marcó un antes y un después en la ciencia que estudia el universo. “El telescopio cambió completamente cómo conocemos la astronomía”, aseguró el autor de “Estrellas por un tubo”, quien también destacó uno de los últimos hitos: la astronomía multimensajero, que está permitiendo ver las deformaciones del espacio, y que marcará una nueva era de la astronomía.

Asimismo, aludió a los posibles fines de la vida en el planeta, entre los cuales el impacto de un meteorito es la más recurrente. “Que caiga un asteroide que acabe con la vida en la Tierra es una posibilidad remota, pero nuestra presencia en el planeta sí tiene fecha de caducidad. El Sol está a la mitad de su vida, le quedan 5.000 millones de vida, por lo que dentro de 2.000-3.000 millones de años será imposible la vida en la Tierra”, afirmó.

También advirtió de la información astronómica no fidedigna, no contrastada y sesgada que puebla red y abogó por ir al fondo de las cosas con cierta seriedad. “Hay cierta tendencia a querer saberlo todo y muy pronto. Hoy en las rede cualquiera es virólogo, vulcanólogo”, manifestó.

Autor de varias novelas históricas de misterio con trasfondo científico

Enrique Joven, autor de numerosos trabajos científicos, aprovechó el confinamiento para tratar de condensar toda la historia de la astronomía en un único volumen, cercano y ameno, concebido para inexpertos en la materia. Para ello, ha desplegado todas virtudes de un científico como la paciencia y la curiosidad, que ha aderezado con una chispa de misterio y un fino humor para desatascar los conceptos más rebuscados. Joven se dirige directamente a la persona que está leyendo sus reflexiones y datos y establece un diálogo personal con el público. Acostumbrado también a ficcionar –es autor de varias novelas históricas–, Joven hace uso de recursos variopintos para ayudar al lector a adentrarse en el mundo de las estrellas, como anécdotas personales y laborales de los protagonistas, la ironía, y el empleo de referencias literarias y cinematográficas. Otro valor añadido es que presenta a las grandes estrellas de la ciencia, desde Aristóteles y Ptolomeo a Stephen Hawking, con gran proximidad y respeto. Entre sus novelas de ficción se encuentran “El castillo de las estrellas”, que tiene el manuscrito Voynich como centro de la trama, y “El tiemplo del cielo”, ambientada en 1618 y que relata el viaje a China de un grupo de misioneros jesuitas que transporta un extraño pergamino enviado por Johannes Kepler que podría contener el secreto de la piedra filosofal.