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Faro de Vigo

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El mejor embajador de la ría que cautivó e inspiró de Vigo hasta Alemania

Escritores, políticos y lectores lloran la pérdida prematura de Domingo Villar, un ser extraordinario

Con su amigo Xosé en Panxón en 1973. FdV

Si sus novelas borraron cualquier límite geográfico en la ría de Vigo, la hospitalización y muerte de Domingo Villar han llenado las redes sociales de mensajes de condolencia y luto. El escritor que convirtió la novela negra gallega en un éxito de ventas también cautivó a quien lo conoció por su carácter afable e incluso bromista a pesar de considerarse “frágil” a sí mismo. Y es que el padre literario del inspector Leo Caldas generó un impacto solamente comparable con las inmersiones del Capitán Nemo en las aguas del estrecho de Rande inmortalizadas por Julio Verne hace dos siglos.

El primer pésame llegaría del alcalde de Vigo, quien manifestó que se trata de un “día triste para la ciudad por una pérdida irreparable”. Abel Caballero destacó su calidad “extraordinaria, de fuera de serie” a la hora de escribir pero también “su trato personal y afabilidad magnífica” , poniendo como ejemplo la entrega del Vigués Distinguido el pasado 23 de marzo como recuerdo del merecido homenaje de la ciudad a su papel. Además de enviar su pésame y cariño a toda la familia y amigos, Caballero apuntaba a que “pasarán décadas y décadas y seguiremos leyéndolo” y aseguraba que permanecerá para siempre ya que seguramente seguirá paseando por las calles “con Laxeiro, Cunqueiro y Oroza” como uno de los nombres propios de la historia y literatura de la ciudad.

El nuevo presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, apuntaba a que las Letras Galegas quedaban de luto “por unha vida que se vai antes de tempo”. También se sumaban al duelo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, o la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, quien se declaraba una admiradora suya. Entre estas reacciones llama especialmente la atención la de Wolfgang Dold. El embajador de Alemania en España reconocía su “inmensa tristeza” al conocer la noticia ya que gracias al inspector Caldas conoció el área de Vigo y “aprendió la famosa retranca gallega”; añadiendo el deseo de que “a terra lle sexa leve”.

"Igual que los niños juegan al fútbol porque quieren ser Iago Aspas, yo escribía porque quería ser Hemingway"

"Igual que los niños juegan al fútbol porque quieren ser Iago Aspas, yo escribía porque quería ser Hemingway" FDV / M. C.

Una inspiración para todos

Ya en el mundo de las letras, fueron las editoriales con las que trabajaba –Galaxia y Siruela– las encargadas de transmitir la triste noticia. Mientras que la compañía gallega destacaba que era “bo, agarimoso, atento e como un irmán”, la encargada de traducir sus textos al castellano escogía una foto del autor en Tirán para asegurar que guardarían “como un tesoro tantos momentos compartidos”.

Además de Pedro Feijóo, Ledicia Costas o Marta Rivera de la Cruz que despiden a su amigo y compañero en estas págines, decenas de escritores gallegos y nacionales mostraban su duelo a través de mensajes en redes sociales. María Oruña, Inma López, Manuel Rivas –“Eu, como o mar, non quería morrer”– o Irene Vallejo, quien apuntaba a que escribía “novelas azules” y no negras. Iván Ferreiro desvelaba que durante años mantuvo charlas de fiesta con él que lo “han convertido en lo que soy” y lloraba a una persona sensible e inteligente.

En la orilla de la playa de la Madorra o en la Taberna Eligio lloraban de quien logró el aplauso de la crítica y lectores, compartiendo extractos de sus obras. La respuesta ciudadana también ha iniciado una recogida de firmas a través de Change.org hacia los ayuntamientos de Vigo, Nigrán y Moaña para que se dedique al malogrado escritor “una calle con vistas al mar”.

VIGUÉS, CELTISTA Y REFERENTE DE LA CIUDAD

Pese a estudiar en Santiago y residir en Madrid, Villar siempre ejerció como vigués y celtista, pasión que trasladaría a sus hijos y con la que acostumbraba a hacer paralelismos sobre su carrera como escritor. El propio club trasladaba su “afouteza” a todos los allegados de un “referente”.

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