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Faro de Vigo

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Los falsos mitos que fomenta la “gripalización” del COVID

La evidencia científica contradice muchas falsas esperanzas sobre un inminente final de la pandemia

Mural sobre el coronavirus en Indonesia Reuters

Hoy entra en vigor la nueva estrategia nacional de vigilancia y control del SARS-CoV-2, en el marco de lo que se ha dado en llamar “etapa de transición”. Las directrices consensuadas por todas las comunidades, cuestionadas por no pocos científicos, eliminan los aislamientos de positivos y excluyen de las pruebas diagnósticas a la población “no vulnerable”. Aunque las autoridades políticas insisten en que este nuevo plan –para el que Galicia pedía más tiempo antes de su implantación– no significa que la pandemia haya terminado, es difícil que en la población general no cale ese evidente mensaje de relajación. Sin embargo, la ciencia desmiente muchos falsos mitos, como que el virus se está debilitando y que ya no son necesarias las medidas de salud pública. A continuación se exponen y rebaten unos cuantos falsos mitos:

“En España ha terminado la pandemia”.

Si a partir de ahora nos basamos solo en las hospitalizaciones y muertes, las cifras no parecen muy tranquilizadoras. Como se muestra en el gráfico que acompaña este reportaje, España es actualmente el tercer país de Europa con mayor número de muertes diarias por COVID-19 por millón de habitantes.

Muertes por Covid. Hugo Barreiro

“El COVID mata menos que la gripe”.

El último informe preliminar de los CDC estadounidenses señala que entre el pasado 1 de octubre y el 19 de marzo 3,1 millones de personas padecieron gripe en EE UU, de las cuales 31.000 fueron hospitalizadas y entre 1.800 y 5.200 murieron. En ese mismo periodo fallecieron por COVID-19 en el país norteamericano 269.000 personas.

“La mayoría son muertes ‘con’ COVID, no ‘por’ COVID”.

Un estudio de autopsias realizado en Alemania y publicado en “The Lancet” el pasado 17 de febrero concluyó que el 86% de las muertes fueron causadas por el COVID-19, mientras que el 14% se asoció con esta enfermedad. Además, en España los enfermos dejan de ser considerados pacientes COVID cuando negativizan. El virus causa muchas muertes mucho después de la infección, de igual forma que el tabaco provoca muchos fallecimientos, aunque no figure como causa en ningún certificado de defunción.

“Ómicron demuestra que existe una tendencia a que el virus se debilite”.

No es cierto que este coronavirus se esté volviendo progresivamente menos peligroso. Las sucesivas variantes (alfa, beta, delta...) fueron más graves, además de más transmisibles, que el virus original de Wuhan. Que ómicron cause enfermedad menos grave que delta es fruto del azar. Los virólogos evolucionistas advierten que la próxima variante que se imponga podría ser más grave, y en cualquier caso es probable que se parezca muy poco a ómicron. No hay razón científica para que la siguiente variante sea más débil simplemente porque ómicron es menos letal que delta, de la que –por cierto– no procede. El SARS-CoV-2 podría convertirse en un catarro dentro de 50 o 500 años, pero no hay forma de saberlo. La viruela fue un virus letal durante al menos 23 siglos.

“Nunca erradicaremos este coronavirus, así que no hay nada más que podamos hacer”.

Probablemente no se podrá erradicar el SARS-CoV-2, algo que en humanos solo se ha logrado con la viruela, que no tenía reservorios animales. Pero que el virus siga entre nosotros y sea muy contagioso no significa que no haya margen de mejora. En los países occidentales se ha hecho muy poco por mejorar los sistemas de ventilación en hospitales, residencias de mayores, escuelas, centros de trabajo y grandes centros comerciales. Para reducir el riesgo de contagio por aerosoles hay que mejorar la ventilación, evaluarla con medidores de CO2 con pantalla de cara al público y, si es necesario, purificar el aire con filtros de alta eficiencia (HEPA).

“No podemos vivir en una burbuja para proteger a los vulnerables”.

Un cuarto de la población mundial corre un mayor riesgo de morir a causa del COVID debido a su edad o condiciones de salud subyacentes. Eso incluye 500 millones de ancianos. Y todos estamos expuestos al COVID persistente. Nadie debe meterse en una burbuja, hay medidas razonables como el uso de mascarillas FFP2 y los filtros de aire HEPA. Como dice el exdirectivo de la OMS Edward Kelley, estas medidas “salvarán muchas vidas, reducirán las hospitalizaciones y probablemente ralentizarán las variantes para permitir que la ciencia se adelante al virus en términos de vacunas y terapias”.

“El COVID persistente no es importante y no es común”.

Kelley lo define como “un tsunami con una ola muy pequeña visible en la parte superior pero una enorme masa de agua bajo la superficie”. Es probable que afecte a entre el 10% y el 30% de todas las personas que contrajeron el coronavirus. Y es especialmente preocupante en los niños, que tienen toda la vida por delante. Recientemente, el ministro de Sanidad de Alemania, el epidemiólogo Karl Lauterbach, advirtió que “los afectados por COVID persistente pierden productividad y también calidad de vida. Se convertirá en la mayor enfermedad crónica en Alemania, especialmente en personas de mediana edad. Es inaceptable”.

“Con ómicron tenemos inmunidad de rebaño”.

No es buena idea confiar en la inmunidad por infección de un coronavirus, conocidos por su capacidad para reinfectar. “Nunca en la historia de la salud pública se ha utilizado la inmunidad colectiva como estrategia para responder a un brote. Y mucho menos a una pandemia”, dijo la semana pasada el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Un reciente estudio publicado en “Cell” sugiere que la inmunidad tras infección por ómicron sería menos intensa y prolongada que con variantes anteriores. La infección por ómicron induciría un menor título de anticuerpos, siendo menos inmunogénica, por lo que habría un mayor riesgo de reinfección.

“Es raro contraer COVID dos veces”.

Antes era inusual, pero el riesgo de reinfección con ómicron es 5,5 veces mayor que con delta, según el Imperial College de Londres. Todos conocemos personas que lo han pasado más de una vez, y entre los famosos están los casos del príncipe Carlos de Inglaterra, el rockero Bryan Adams y los presentadores Pablo Motos y Risto Mejide.

“Nuestro sistema de salud manejará bien las siguientes olas”.

Cerca del 25% de los sanitarios de todo el mundo padecen estrés. Muchos han renunciado a su trabajo. Han tenido que afrontar la muerte de 20 millones de personas –según las estimaciones–, muchas de las cuales fallecieron sin un familiar a su lado.

“No hay que contar los casos”.

Un reciente editorial de “Nature” advertía que “no es momento de dejar de rastrear el COVID-19. Para convivir con el coronavirus no podemos quedarnos ciegos a sus movimientos”. El epidemiólogo Jeffrey Lazarus, por su parte, señala que “los países están priorizando la política sobre la salud pública”, y que aquellos que no controlan la transmisión del SARS-CoV-2 deben “prepararse para tratar a muchas personas por COVID-19 y estar preparados para el COVID persistente”, advierte el experto del ISGlobal de Barcelona.

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