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El trabajo también quema

El síndrome del trabajador quemado es cada vez más frecuente. FdV

Guarda cierto paralelismo con la fatiga pandémica, un término nuevo con el que ya nos hemos familiarizado, con ese desgaste progresivo y prolongado que supone estar sometido a estresores casi crónicos. Y, como en ese caso, su origen también es ambiental. El síndrome de desgaste profesional o, más coloquialmente, del trabajador quemado, es un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por el cansancio psíquico o estrés que surge al estar expuesto durante un largo periodo a situaciones laborales que implican una sobrecarga emocional, largos horarios de trabajo o un elevado nivel de exigencia. Las personas que ejercen su profesión con mucha implicación y de manera vocacional son quienes tienen mayor un riesgo de verse afectadas por este síndrome, un proceso crónico que puede desencadenar en depresión y problemas psicosomáticos que precisen una baja laboral.

Sin embargo, y a pesar de que este síndrome fue descrito por primera vez en 1974 por Herbert Freudenberger, no es demasiado conocido. por lo que podría estar infradiagnosticado. De hecho, no hay estadísticas oficiales, por lo que no se puede establecer su prevalencia. “El hecho de no ser una enfermedad profesional hace que no se investigue ni que exista un observatorio que recoja de forma regular estos casos”, afirma Carlos Montes Piñeiro, presidente de la Sección de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG).

Sin embargo, la Fundación Europea de Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo calcula que uno de cada cinco empleados sufre este síndrome en Europa. Asimismo, el 43% de los profesionales españoles tienen cierta sensación de agotamiento o fatiga laboral y el 70% afirma que esta sensación ha aumentado durante la pandemia, según la Guía del Mercado Laboral 2022.

La inclusión, el pasado 1 de enero, del síndrome del trabajador quemado en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un problema relacionado con el trabajo puede hacer aflorar muchos casos soterrados. “Posiblemente a partir de ahora haya más casos porque el hecho de que haya mayor conocimiento sobre el desgaste profesional favorezca que las personas se identifiquen más en esa casuística”, explica el psicólogo.

Héctor Montes. FdV

“La persona no es la culpable del desgaste profesional, sino las condiciones laborales”

Héctor Montes - Psicólogo del Trabajo

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Según Montes, se trata de un síndrome bastante común entre los profesionales con grandes responsabilidades. Aunque la cara más visible es el cansancio, Montes matiza que comporta otras dos dimensiones. “Una tiene que ver con un componente social, que normalmente va asociado a la despersonalización del trabajador o el grado en que uno hace que se sienta más distante con las tareas que realiza y con las personas con la que trabaja. La otra está relacionada con el autohostigamiento, que se manifiesta en la pérdida de confianza en las capacidades de uno mismo”, expone.

A la hora de gestionarse, según su opinión, el foco ha ponerse no en la experiencia psicológica del trabajaror quemado, sino en su causa, que es externa. “Como cualquier otro riesgo psicosocial, la persona no es la culpable de que esto ocurra, sino que son la forma deficiente en la que está organizado el trabajo y las condiciones laborales las que hacen que nos quememos. Por eso es un problema que tiene que atajarse, necesariamente, desde la propia organización del trabajo”, explica.

Pero para ello, es necesario que el Ministerio de Trabajo y Economía Social lo incorpore en el cuadro de enfermedades profesionales en los términos acordados por la OMS –en la actualidad está tipificado como “accidente laboral”–, tal y como ha solicitado la Central Sindical Independiente de Funcionarios (CSIF).

Sin norma no hay cambio

Antes de la revisión, el pasado mes de enero, de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE.11) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el síndrome del trabajador quemado estaba incluido entre los “problemas relacionados con la dificultad en el control de la vida” (Z73.0), dentro de la categoría genérica de “personas que entran en contacto con los servicios sanitarios en otras circunstancias”. Con la nueva clasificación, el síndrome de desgaste profesional se incluye en el capitulo 24 “Factores que influyen en el estado de salud o el contacto con los servicios de salud” dentro de la subcategoría “Problemas asociados al empleo y el desempleo” y es codificado como QD85: “síndrome de desgaste ocupacional”.

¿Qué supone este cambio de clasificación? Para Carlos Montes, un cambio en el foco de atención, que ya no estará puesto en el individuo como responsable del problema. “Al ser un problema laboral hay que poner el foco en actividades dirigidas a cambiar la organización del trabajo. Si no, estaríamos solo actuando sobre el último eslabón de la cadena, que es el trabajador quemado, pero no estaríamos cortocircuitando el origen”, explica. Pero para ello, es fundamental, asegura, un cambio legislativo. “La norma es la herramienta que podrán utilizar tanto las empresas como los técnicos y responsables de prevención para tratar de gestionar estos riesgos de una forma más adecuada”, sostiene el especialista.

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