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Faro de Vigo

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24 gallegas en el “top” científico

Figuran entre las investigadoras españolas más influyentes | Las mejor posicionadas son María José Alonso de la USC y Ángeles Domínguez de la Universidade de Vigo

Algunas de las investigadoras gallegas que se encuentran en el "top" científico

Un total de 24 científicas gallegas figuran entre las investigadoras españolas más destacadas por su influencia. Lo recoge la última edición del ranking DIH. Este realiza la clasificación evaluando su calidad aplicando una metodología diseñada por el profesor de la Universidad de California Jorge Hirsch, de ahí que se denomine índice h.

Este sistema cuantifica los artículos publicados en revistas científicas así como el impacto de dichas publicaciones, medido en la cantidad de citas que generan.

La autora gallega mejor situada –ocupa el puesto tercero-– es la catedrática de Farmacia y Tecnología Farmacéutica María José Alonso Fernández, científica gallega de la Universidade de Santiago que procura una vacuna contra el COVID-19.

Esta mujer es una de las personas dedicadas a la ciencia en Galicia más laureada en los últimos años. En 2020, por ejemplo, lograba la medalla al Mérito en Investigación y Educación Universitaria; y el pasado ejercicio se hacía con el Premio Nacional Juan de la Cierva en el área de Transferencia de Tecnología. Importante también fue el galardón más prestigioso de la Controlled Release Society, el Founders Award, otorgado por la sociedad científica más relevante del mundo en sistema de liberación de fármacos y nanomedicina.

La segunda gallega que figura mejor situada en el ranking es la profesora de la Universidade de Vigo Ángeles Domínguez Santiago, del área de Ingeniería Química en Minas y Energía. La encontramos en el puesto 18 del cómputo español, en el que se han posicionado 453 científicas.

Ángeles Domínguez: “Hay muchas investigadoras buenas que no se conocen”

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En su caso, entre sus líneas de investigación, figura recuperar contaminantes que fueron usados en actividades industriales y que están presentes en el agua. “La idea es recuperarlos, no destruirlos. Hay técnicas de depuración de agua que son destructivas pero nuestra idea es separar los contaminantes para volver a utilizarlos”, detalla.

El último proyecto que arrancaron trabaja con tintes de textiles con el fin de que se separen del agua empleada y se vuelvan a usar. “En principio, trabajaríamos sobre las aguas que salen de la industria para que ella misma pueda tratar los compuestos antes de que vayan al alcantarillado”, señala.

En estos momentos, esta investigación se encuentra en una fase inicial. “Le queda camino”, reconoce la científica viguesa que explica que están estudiando qué disolventes podrían servir o no para ser aplicados en esta investigación.

Preguntada por el interés empresarial en este tipo de proyectos basados en la reutilización, Domínguez indicó que “la idea de aprovechar compuestos lleva tiempo presente. Si es asequible, la industria lo acaba implantando porque cuantos menos desperdicios, menos costes, lo que es un beneficio para la empresa”.

Reconoce que “muchas veces los costes de los procesos dirigidos a la reutilización son elevados porque no hay una investigación que encuentre métodos sencillos para llevarlos a cabo”.

Respecto al ranking que la sitúa como la segunda científica gallega más influyentes, Domínguez Santiago intenta restarle importancia a título personal aunque reconoce que este tipo de clasificaciones pueden servir para dar a conocer la labor de las mujeres científicas a la sociedad. “Todo lo que nos visibilice viene bien porque hay muchas mujeres buenas en investigación que no se conocen”, señala esta doctora experta en Ingeniería Química.

A su juicio, “se debería intentar que las mujeres en la ciencia, arte u otras disciplinas sean conocidas. Hubo mujeres que llegaron a pintar en la Corte española y no las conocemos”.

Domínguez –que se crió en el barrio de Casablanca, en el centro de Vigo– recuerda cómo en el año 1979 empezó a estudiar en la universidad en Vigo, con 15 alumnos por clase, para después pasar los últimos cursos al campus compostelano.

“Yo tenía claro que me quería dedicar a la investigación. Empecé a hacer la tesis. En la universidad no hay puestos únicamente de investigación, entonces entré como ayudante de profesor. Con los años, la docencia me ha ido gustando más”, rememora.

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