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Faro de Vigo

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Narcotráfico

El aeropuerto de El Prat, principal punto de paso de droga enviada por correo

Para el Departamento de Seguridad Nacional, el aeropuerto de Barcelona "destaca muy por encima del resto de recintos aduaneros" rozando la tonelada anual.

Alijo de marihuana envasada para enviar por paquete postal, incautado en Marbella en julio de 2020.

El del aeropuerto de El Prat es el principal recinto aduanero español de paso de droga enviada por correo, aseveran fuentes policiales de la lucha antinarco. Y lo refrenda el notable crecimiento de las incautaciones, señal inconfundible del aumento del tráfico por esa vía.

Responsables de la Seguridad del Estado implicados en el rediseño del Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar ponen el caso de El Prat como ejemplo del impacto de la actividad narco del sur, y no solo de cultivadores de la muy numerosa industria clandestina de la marihuana instalada en sótanos y fincas de Catalunya, segunda comunidad tras Andalucía en incautaciones.

En el fenómeno se fija se fija el último informe del Departamento de Seguridad Nacional (órgano del Gabinete de Presidencia del Gobierno), que data de 2020. A sus redactores les llama la atención la gran cantidad de droga –sobre todo marihuana- enviada en paquetes postales (851 kilos) que ha sido interceptada en el aeropuerto de El Prat en tan solo un año. “Se observa un aumento en el número de atestados. La causa es el aumento de las intervenciones de pequeñas cantidades de marihuana enviadas por paquete postal, (…) Destaca, muy por encima del resto de recintos aduaneros, el aeropuerto de Barcelona”, dice el informe.

El crecimiento es notable: durante 2021 (y a la espera de datos totales) se ha registrado una media diaria de 2,6 atestados por incautación de paquete postal con droga: en 2019 habían sido 310 kilos. Teniendo en cuenta que un cogollo de marihuana apenas pesa unos gramos, se trata de mucha marihuana enviada por correo. Un cuarto, informan fuentes policiales, tenía como remitente algún señor de la droga del Campo de Gibraltar, y otro cuarto a pequeños trapicheadores de provincias aledañas. Es el caso de la red de remitentes franceses que enviaban maría a países de Europa en paquetes postales, desarticulada en Marbella en julio de 2020. Y no es solo hierba seca: también hachís pulverizado y pastillas.

El envío postal de droga registró su subida desde el confinamiento por el covid de la primavera de 2020, que obligó a los traficantes a buscar otras vías para su negocio. Este mes se sienta en el banquillo una docena de ciudadanos chinos detenidos por la Policía Nacional en diversos puntos de Cádiz en la Operación Chinatow (2019) como organización de narcotraficantes. Empaquetaban en pisos turísticos alquilados, enviaban a clientes europeos por Barcelona, y blanqueaban las ganancias en un restaurante asiático del Puerto de Santa María.

Paso de los coches 'go-fast'

El frente de las investigaciones antiblanqueo de la lucha antidroga, y también de las pesquisas en pos de narcos que huyen de la presión policial en el sur, es a menudo Catalunya. Bien por utilizarla como territorio de paso de los go-fast, los doches rápidos que, sobre todo narcos franceses, mandan al sur a recoger pequeños cargamentos de cannabinoides que intentarán pasar por La Jonquera; o bien como lugar de inversión de parte del dinero ganado con la droga; o bien como sitio de refugio donde intentar despistar a las fuerzas de seguridad.

En ello estaba Fernando E.C., para el mundillo narco “El Enano”, en Tarragona y Barcelona camuflado como empresario de hostelería; en el Estrecho, fletador de un narcosubmarino de nueve metros de eslora con el que pretendía introducir cocaína colombiana en España. Y no poca, sino “grandes cantidades, a proporción industrial”, explica una de las fuentes policiales consultadas.

En la terminal 2 del aeropuerto de El Prat cayó detenido en febrero del año pasado cuando iba a tomar un vuelo a Holanda, para contactar con clientes. De los 51 subordinados de El Enano que atrapó la Policía Nacional en las horas siguientes a la detención de este capo del Estrecho, la mayoría tenían domicilio en Catalunya.

En la guerra contra el narco no hay un frente con una localización única y precisa, advierten las fuentes policiales consultadas, ni el Plan Especial del Campo de Gribraltar tiene efectos solo en Algeciras y alrededores. De la onda expansiva a 1.116 kilómetros de distancia del Estrecho saben bien los vecinos del Poble Sec de Barcelona, que en la madrugada del pasado 14 de diciembre, atronados por el motor de un helicóptero, eran testigos de una gran operación de la Guardia Civil para capturar a Fikri Amellah, uno de los más buscados capos internacionales del hachís.

“Había pasado de darse la gran vida en Algeciras y Sotogrande a esconderse con la familia en Barcelona”, resume un miembro del operativo de 400 agentes que participaron en la persecución de este gran suministrador de mercancía para el clan de los Castaña, cártel muy señalado del sur.

Fikri se había escondido como un modesto heladero tras el mostrador del Tropicana, en el 48 de la calle Blai. Solo cuando salía de Barcelona para alguno de sus viajes de negocios, volvía a darse la gran vida: ropa, relojes, banquetes y coches de lujo.

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