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Vacunas contra el coronavirus: ¿A la tercera va la vencida?

Jornada de vacunación masiva en el Ifevi de Vigo Pablo Hernández

Las dosis de refuerzo de la vacuna contra el COVID se están extendiendo en muchos países desarrollados más allá de la franja de edad de mayores de 65 años. Bélgica las inoculará a toda la población adulta. Italia, a los mayores de 40. Japón, por encima de 18 años, lo mismo que plantea EE UU con la reciente petición de autorización de Pfizer. En Francia se apuesta por extenderla a partir de los 50 años. ¿A la tercera (dosis) irá la vencida o estamos abocados a una vacunación anual? No hay unanimidad entre los expertos, que en cualquier caso apuntan que esta incógnita se resolverá en el futuro, no ahora.

Los datos de la “vida real” sobre la efectividad de las dosis de refuerzo en la población empiezan a estar disponibles gracias a países como Israel, que en virtud de su acuerdo con Pfizer estudia los efectos de la vacunación con todo detalle y transparencia. El Ministerio de Sanidad israelí (ver gráfico) constata que las dosis de refuerzo aumentan la efectividad contra la infección hasta un nivel superior al 90%. En cambio, en aquellos individuos con dos dosis pero sin refuerzo, la efectividad contra el contagio se ha visto reducida a entre el 48% y el 71%.

Los científicos coinciden en los beneficios de la vacuna y del riesgo de rechazarla. Los no vacunados, que suponen el 5% de la población española, ocupan el 70% de las camas uci por COVID. Tienen un riesgo de hospitalización 45 veces mayor. También se sabe que la protección que confiere esta vacuna no dura toda la vida y que mengua al cabo de unos 6 meses.

El célebre inmunólogo estadounidense Anthony Fauci dijo en septiembre que “el régimen óptimo” para las vacunas de ARNm “incluirá esa tercera inyección de refuerzo”, aunque opinó que probablemente no será necesario un pinchazo anual.

El virus SARS-CoV-2 muta mucho menos que el de la gripe estacional, que obliga a una actualización anual para incluir las nuevas cepas. Sin embargo, expertos como el inmunólogo norteamericano Anthony Leonardi, especialista en células T, creen que deberemos imunizarnos año tras año. “Habrá una protección menguante, ciertamente para enfermedad leve y moderada y posiblemente incluso para enfermedad grave. Por ello, la gente va a necesitar vacunarse al menos una vez al año, creo”, ha declarado a wsws.org.

En un reciente artículo en el “New England Journal of Medicine”, el doctor Arnold S. Monto, epidemiólogo y miembro del comité de vacunas de la agencia de medicamentos (FDA) estadounidense, razona que, aunque el de la gripe y el del COVID son virus muy diferentes y el SARS-CoV-2 muta mucho menos, “la revacunación será necesaria por las mismas razones por las que es necesaria la revacunación contra la gripe: variación antigénica y reducción de la inmunidad”. Añade que “la protección es relativamente corta incluso después de una infección natural”, y advierte que “será necesario determinar la frecuencia y las consecuencias de la revacunación”.

Sobre la infección natural, la viróloga del CSIC Margarita del Val apuntó ayer que “todas las personas se van a infectar antes o después por COVID-19”, pero que en los vacunados “supondrá un refuerzo de la inmunidad”. La infección, dijo, “puede refrescar y ampliar la memoria inmunitaria, dando a conocer al organismo más proteínas de las 25 del virus [más allá de la S en la que están basadas las vacunas]”, por lo que “estaremos protegidos durante más tiempo y blindados ante las variantes que puedan surgir”.

Una esperanza en esta incertidumbre serán las nuevas vacunas, como las basadas en proteínas, de las que hay pocos datos sobre la duración de la inmunidad que confieren. Es el caso de la vacuna de Novavax, cuyo antígeno fabrica Zendal en Porriño.

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