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Santiago Auserón / Juan Perro Músico

“La música actual es como comida basura que no dejará huella alguna en el futuro”

Santiago Auserón. lahuellasonora.com

Estudioso de la música, devoto del jazz, el son cubano y otros estilos de los que admite que sigue aprendiendo, Santiago Auserón –Juan Perro desde que se disolvió la esencial banda del rock nacional que fue Radio Futura– se muestra tan entusiasta con el oficio de músico como crítico con el negocio de las multinacionales.

–Tras las restricciones impuestas por la pandemia, ¿quién tiene más ganas de música en vivo, el público o los músicos?

–Todos tenemos las mismas ganas. Pensábamos que la precaución al salir de la pandemia iba a enfriar los conciertos, pero la respuesta es totalmente contraria. El público quiere cultura, trabajo artístico, compartir imaginación enriquecida, alegrarse con ideas y sonoridades. Los músicos, ni te cuento: hemos resistido y tenemos ganas de hacer más hermosas las canciones y mejorar el contacto con el público.

–¿Cómo ha convivido con la música en este último año y medio?

–Los músicos no hemos dejado de estudiar ni practicar, ni de escribir ni componer. Yo he hecho un disco que espero que esté en primavera, con la misma formación de Cantos de ultramar. Al no tener que viajar dediqué más horas a la escritura, a la guitarra, a canciones nuevas. Hacía mucho tiempo que no iba tan rápido con la composición.

  • Ficha personal

    Santiago Auserón (Zaragoza, 1954), también conocido como Juan Perro, es músico y doctor en Filosofía. Fundó Radio Futura, banda capital de la llamada movida madrileña y precursora en los años ochenta del rock latino. Tras su disolución en 1992, desarrolló una carrera en solitario que explora diversas tradiciones y raíces musicales. Es también escritor e investigador musical.

–Usted sabe mucho de música latina, de rock latino, y dejó su testimonio en la serie documental Rompan todo, que viaja por la historia del rock en América latina. ¿Aún le queda algo del rockero que fue?

–Me queda mucho de rockero, viejo rockero inevitablemente. Aunque me haya acercado al son cubano y ahora trabaje con músicos de jazz, no he dejado de ser rockero. El pulso, el latido básico, es de rock and roll, que es la música eléctrica que busca la intensidad de la emoción directa en la ejecución y en la escucha musical. En mi caso esa esencia viene enriquecida por la búsqueda de las fronteras, con una inclinación muy importante hacia el son tradicional cubano y el jazz.

–¿De rock está más que aprendido y de jazz aún tiene que aprender?

–Los músicos de jazz con los que trabajo son mi universidad musical. Yo no soy jazzero, pero soy un amante del jazz, como también lo soy del flamenco, el blues y otros estilos. Pero el jazz es el género musical que desarrolla el máximo de inteligencia sin salir del formato de la canción popular, o de lo popular aunque no sea canción. Y para un rockero el jazz es también una escuela formidable porque el rock tiene virtudes propias a las que el jazzero no debe volver la espalda.

–Pero hoy el rock no trasciende, no agita conciencias. Ya no mola.

–Al rock lo han echado del negocio deliberadamente. Las multinacionales, hoy reducidas a tres, Warner, Sony y Universal, han apartado la música independiente, experimental y creativa. Durante unas décadas estas músicas tuvieron la primacía en los medios y el acceso directo al público, y demostraron que se podían vender muchos discos haciendo arte con la música popular. Hoy los que quieren controlar el negocio sin preocuparse de protocolos artísticos han echado fuera al rock y al jazz para dedicarse a hacer pasta en grandes cantidades a toda velocidad con la música más facilona y banal. El negocio de la música ahora mismo es un factor de destrucción de cultura que dibuja un horizonte muy oscuro para las nuevas generaciones.

“Los músicos nos equiparamos a cualquier oficio que preserve el buen hacer y la dignidad”

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–¿No hay hoy otra música que pueda volver a tener el impacto social y cultural que tuvo el rock?

–Es que le dejan sin espacio en los medios. Esas multinacionales se prepararon con tiempo para la época de la digitalización para quedarse con el dominio absoluto de la difusión de música digital e ir eliminando formatos más costosos y echando fuera a los artistas que consideraban marginales. Si los medios de comunicación permitiesen el acceso de la audiencia a la música más interesante, las cosas serían de otro modo, pero no lo permiten. La música actual no tiene más futuro que ser mercancía. Es como comida basura que no dejará huella alguna en el futuro, más que un montón de chavales tarados [risas].

–¿Usted, además de filósofo, qué es: músico, estudioso, divulgador...?

–Un poco de todo eso. Estoy un poco tocado del ala. Necesito pensar en términos de sonoridad, necesito hacer canciones aunque los discos no se vendan. Necesito relacionarme con los músicos y con el público para acabar de construir las canciones . Y luego necesito reflexionar sobre todo ese proceso.

–¿Libre e inclasificable?

–Muy libre, sí. No se trata de clasificar, sino de hacer algo que uno se pueda llevar al oído con gusto. Los músicos nos equiparamos a cualquier otro oficio que quiera preservar el buen hacer y la dignidad. Hacer buen pan, buena pastelería, horticultura bondadosa y sin pesticidas. Hoy la palabra cultura es sospechosa. La cultura occidental son talent shows, el mainstream del negocio musical digital. Yo más que cultura prefiero hablar de cultivo.

–En una larga carrera musical como la suya y a los 67 años, ¿le quedan metas por alcanzar?

–Con avanzar un poquito me conformo. Ayer terminé de grabar guitarras en mi estudio para el nuevo disco y la tensión de preparar ese trabajo que he ensayado todo el verano no me deja dormir. Me conformo con la satisfacción de decir que a mis 67 años he mejorado con la guitarra. Y si termino un texto de investigación en el que sea capaz de alumbrar una idea nueva, a pesar del peso de los años, me doy con un canto en los dientes.

–Ha dicho en varias ocasiones que Radio Futura es algo del pasado. Aunque nunca reaparezca el grupo, ¿a qué sonaría hoy en día?

–Tendría algo de lo que Luis [Auserón, su hermano] y yo hemos hecho cada uno por su lado. Una pista de lo que seríamos la da el último tema que compusimos, para Tierra para bailar: ‘El puente azul’, que era un tipo de canción de tradición rockera con algo de baile electrónico, como una poesía eléctrica con horizonte ultramarino.

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