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Carlos Mañas Presidente de Solidarios Anónimos, escritor

“He sentido la distancia social toda mi vida por tener una enfermedad mental”

Carlos Mañas. FdV

Era profesor universitario y un publicista de éxito cuando descubrió que su cabeza le hacía trampas. De periodos de euforia pasaba a episodios depresivos. Con 40 años pudo poner nombre a esta montaña rusa de emociones: trastorno bipolar. Pero lejos de esconderse, Carlos Mañas decidió “salir del armario” y contar su experiencia. Surgió así su libro “Mi cabeza me hace trampas. Historia de un trastorno bipolar”, que da título también a la serie en formato de podcasts en la que relata cómo es el día a día de una persona con este trastorno. Es, además, el fundador y presidente de la ONG Solidarios Anónimos, cuyo objetivo es ayudar a pacientes y familias en su misma situación, y romper los estigmas sobre la enfermedad mental. El próximo día 29, la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) le entregará su Distinción Honorífica durante el acto inaugural de su vigésimo cuarto congreso nacional que se celebrará en Valencia. La sociedad científica reconoce con este premio la “trayectoria profesional de comunicación sobre psiquiatría y salud mental, basada siempre en información precisa y rigurosa, contribuyendo así a la concienciación social de la enfermedad mental y la disminución del estigma asociado a la misma” del activista vigués, que se convierte así en la primera persona con trastorno mental grave que recibe este importante reconocimiento.

–Antes de nada, permítame que le felicite por esta distinción.

–Muchas gracias, porque me resulta muy atractiva, ya que es la primera vez que se otorga a un afectado con una enfermedad mental grave. El año pasado fue para la alpinista Edurne Pasabán, que reconoció públicamente que había sufrido un episodio de depresión.

–¿Que personas con una cierta proyección reconozcan públicamente que tienen una enfermedad mental puede contribuir a acabar con los estereotipos?

–Creo que hacen un gran favor a las personas que no pueden llegar a tanta gente como ellos. Pero opino que tienen que hacerlo siempre con elegancia y no para ganar unos minutos de fama. Tiene que haber siempre un ejercicio de pedagogía detrás. En mi caso, hicimos la serie de podcasts “Mi cabeza me hace trampas”, que tiene bastantes descargas y que es un ejercicio de sensibilización y de inclusión, no de integración.

"Ahora la tristeza ya no se llora, se medica"

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–¿Cuál es la diferencia?

–Cuando te integran, a mi juicio, parece que tienes que pedir permiso al grupo. La inclusión significa que ya formas parte del grupo ‘per se’, sin necesidad de que este te dé permiso. Si alguien reconoce que tiene una enfermedad mental grave, la primera reacción de su vecino, de su compañero de trabajo es de miedo porque lo que se muestra de la enfermedad mental grave son los casos de tropelías, y de gente que escucha voces y que asesina.

–¿Cómo combatir ese miedo?

–El ejercicio de pedagogía en los colegios es fundamental. Los chavales ya empiezan a tener problemas de salud mental que, desafortunadamente, en muchas ocasiones desembocan en suicidio. Tal vez sea porque antes no había una estadística, pero ahora es lamentable el número de suicidas que se da en la adolescencia y la juventud, y esto es porque no toleran la frustración y porque vivimos en un mundo en el que lo que se puede arreglar con dinero no es un problema, sino un gasto. Ahora la tristeza ya no se llora, se medica. Por eso, es importante que hablen los propios afectados y no sus familiares. Las asociaciones que velan por el colectivo lo hacen bien, pero suelen estar presididas por padres, hermanos; pocas lo están por personas con enfermedad mental. Es como si el presidente de la ONCE fuese el padre de un ciego.

“Los problemas físicos te separan de las cosas; los mentales, de las personas”

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–A veces da la impresión de que se culpabiliza hasta cierto punto al paciente de la enfermedad que padece. ¿Comparte esta percepción?

–Absolutamente El trato que se le da a una persona que sufre un infarto en la calle y el que se le da a una persona que tienen un problema mental es diferente. Los problemas físicos te separan de las cosas, pero las enfermedades mentales te separan de las personas. Una persona en silla de ruedas tiene problemas para acceder a los sitios por las barreras arquitectónicas, pero los enfermos mentales tenemos barreras sociales. Ahora que se habla tanto de la distancia social. Yo la he sentido toda mi vida por tener una enfermedad mental. Cuando uno está muy medicado, el temblor, la babilla, los ojos lunáticos te separan de las personas. Y no dos metros. Mucho más.

–¿Es más fácil establecer distancia con la enfermedad mental que reconocer que existe?

–Mantener la distancia es una postura muy cómoda. Y luego es que el índice de especialistas para tratar las flaquezas de un enfermo mental es irrisorio en España. O tienes pelas y vas a uno privado o te expones a una lista de espera que no hace otra cosa que exagerar tus flaquezas.

“Si dices que tienes un trastorno mental la primera reacción es de miedo”

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–¿Qué es lo que más miedo le dio de su diagnóstico?

–El miedo a que la gente me viera de otra manera y a no poder interactuar porque los demás viesen con doble sentido cuanto hiciese. Los enfermos mentales tenemos otro problema: cuando vamos al médico por cualquier problema, lo primero que hacen es desviarnos a salud mental porque la primera sospecha es que tu dolencia está relacionada con tu enfermedad. Vigo es una ciudad donde nunca me he sentido rechazado y donde me han dejado vivir mi vida, pero también he tenido mucha suerte porque tengo mujer e hijos, pero pobre del chaval que le coja la enfermedad haciendo la ESO, porque no la acaba.

–¿Cómo ha afectado la pandemia a las personas con trastorno mental?

–Ha afectado sobremanera a aquellas personas que tenían una calidad de vida que se venía enriqueciendo por las actividades que realizaban en centros de día, muchas de las cuales, a día de hoy, no están al cien por cien por medidas como la distancia social. Estas personas empezaban a ser felices en sus rutinas, algo que el confinamiento tiró por tierra .

–¿Qué le diría a una persona que acaba de ser diagnosticada de una enfermedad mental?

–Que no se avergüence de lo que es. El poeta y escritor Leopoldo María Panero decía: “No conozco otra revolución más urgente que la revolución de la ternura. ¿Y tú?”.

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