Las supercontagiadores son “la fuerza motriz de la pandemia” de COVID-19, como un incendiario que “prende fuego a un monte seco usando sustancias acelerantes como la gasolina”. Así lo aseguran los investigadores gallegos Antonio Salas y Federico Martinón en su último artículo publicado en la revista “Trends in Genetics” (tendencias en genética). El triunfo de una variante viral, defienden estos científicos de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), depende en gran medida de los eventos de supercontagio.

Un ejemplo emblemático es el de la India y la variante delta, detectada en primer lugar en este país asiático. Según informó la agencia Reuters el pasado 1 de mayo, el Gobierno indio ignoró informes científicos que alertaban sobre este nuevo subtipo viral y dejaron que se celebrasen mítines políticos y festivales religiosos multitudinarios sin ninguna restricción. La consecuencia fue una de las mayores explosiones de casos de COVID-19 de toda la pandemia y el éxito de una variante viral que desde hace meses domina en buena parte del mundo, incluida Europa y Estados Unidos.

“Existen evidencias razonables que nos permiten concluir que variantes de riesgo tan populares como alfa [británica] y delta difícilmente podrían tener el éxito poblacional que tuvieron si no fueran catapultadas por el efecto catalizador de los eventos de supercontagio”, explica el genetista Antonio Salas. Este hecho, añade, es importante por dos motivos principales: “Por una parte, significaría que el cálculo de la capacidad infecciosa de las variantes del virus podría estar sobreestimada; y, por otra, porque trasladaría la carga de la responsabilidad de la pandemia al comportamiento social, y no tanto a las variantes del virus”.

Los investigadores mantienen esta hipótesis desde el comienzo de la pandemia, en marzo de 2020, y desde entonces otros grupos de investigación han llegado a conclusiones similares. Sostienen que todas las ondas epidémicas importantes en los distintos países surgieron después de momentos de gran relajación de las restricciones y confinamientos: épocas festivas, vacaciones de verano, grandes eventos deportivos o manifestaciones de diversa índole. En España tenemos los ejemplos del fin de semana del 8 de marzo de 2020, las pasadas navidades y las fiestas estudiantiles de este verano, que precedieron a la primera, tercera y quinta olas, respectivamente.

Los profesores de la USC llegaron a esta conclusión tras analizar más de 1,4 millones de secuencias del virus, disponibles gracias a la colaboración de miles de laboratorios de genética y microbiología en todo el mundo. Por las huellas en los genomas de los virus constataron también el papel de las personas supercontagiadoras, que tienen más facilidad para transmitir el virus. Martinón explica que aunque algunos estudios trataron de aportar factores de riesgo de estos sujetos, como la edad o la obesidad, “es difícil identificar a priori al supercontagiador”.

Antonio Salas subraya que ha habido variantes virales desde el principio de la pandemia, aunque solo desde diciembre de 2020 han tenido presencia destacada en los medios. “La importancia de una variante es siempre relativa y, en el algoritmo de la pandemia, el contexto social en el que surge es fundamental”, destaca este profesor de la Facultad de Medicina. “Si una variante emerge en un momento de restricciones, probablemente no llegue a tener éxito”.