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Club FARO

Umar: “Alimentar un estómago te saca el hambre un día; la educación, cien años”

El emprendedor social Premio princesa de Asturias 2012, ofreció una charla coloquio en el Club FARO, relatando sus vivencias como inmigrante y su modelo de cooperativismo

Ousman Umar y José Luis Blanco. RICARDO GROBAS

“Cada vez que comparto la crueldad y tortura del recorrido que hice de Ghana a España siento que esa historia no me pertenece, es de los miles de compañeros que murieron en el intento y, siguen muriendo”. Con esta frase iniciaba Ousman Umar, premio Princesa de Asturias 2021 por la labor social que realiza desde su ONG Nasco Feeding Minds formando jóvenes en Ghana para darles un futuro próspero en su país y evitar la odisea que tuvo que pasar durante los cinco años que duró su travesía al país de los blancos, que él de niño identificaba con el paraíso. El autor de “Viaje al País de los bancos” y “Desde el país de los blancos” (Plaza & Janés) participó ayer en una charla coloquio conducida por el periodista José Luis Blanco, delegado de la ONG Entreculturas en Galicia, en el CLUB FARO DE VIGO, en un acto celebrado en el MARCO de Vigo.

Nacido en una aldea en la selva, Umar sorteó por primera vez la muerte nada más salir del útero de su madre, quien no sobrevivió al parto. "En mi etnia creen que el culpable es el bebé y debe de morir, pero yo me salvé por ser hijo biológico del chamán de la tribu”, explicó. Fue la primera vez que sobrevivió, pero vendrían muchas más. De niño vio un avión sobrevolar la selva que habitaba y quiso conocer a los “dioses” creadores de tal ingenio: los hombres blancos.

Con doce emprendió su soñado viaje a Europa “sin imaginar, ni de broma” lo que le iba a suceder en los siguientes cinco años hasta llegar a la costa de Fuerteventura. Víctima de las mafias que hacen caja con los sueños de los que desean mejorar sus vidas, fue abandonado y saqueado junto a 45 compañeros en el desierto del Sáhara, “un lugar mortífero” que califica como “el cementerio más grande de africanos”. Fue uno de los seis supervivientes de esta infernal travesía y llegó a Libia, donde se proponía ganar dinero para poder pagarse su viaje a Europa. “Ser un negro vivo en Libia es un delito” y por ello estuvo encarcelado en numerosas ocasiones pensando que no saldría vivo de cada una de ellas.

“Nos dieron troncos para fabricar nuestra patera, nuestra ataúd. Murieron 300”

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Umar

Umar

Pero sobrevivió y arregló su salida de África pasando previamente por Valley, una ciudad de traficantes de personas que se encuentra en tierra de nadie, entre Marruecos y Argelia, desembolsando 400 euros solo por entrar allí. Ya en las costas de Mauritania les dieron unos troncos “para fabricar nuestro propio ataúd, la patera en la que cruzaríamos a Canarias”. En dos intentos de hacerse a la mar se hundieron dos embarcaciones, ninguna de ellas en la que viajaba él, y muriendo 300 personas, entre ellas su mejor amigo, Musa, con el que inicio la aventura en Ghana. “48 horas sentado en ese ataúd, sin saber nadar es una agonía”, relata.

Y llegó a Fuerteventura, donde lo condujeron al Centro de Internamiento de Extranjeros. “En ese momento me pareció un hotel de 5 estrellas, ahora digo que es una cárcel, pasé hambre, estaba detenido y me llevaron esposado a Málaga, siendo menor y no habiendo cometido ningún delito”.

“Cuando vivía en la calle y comía de la basura comprendí que el paraíso de los blancos soñado era una farsa”

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Llega a Barcelona, la ciudad donde reside y ha estudiado, y se convierte en invisible. “Iba por la calle y saludaba a la gente, pero no me respondían, así que pensaba qué raros son estos dioses”. Vivió en la calle, rebuscando para comer entre la basura y “entendí que ese paraíso era una farsa, que me había autoengañado”. Un día algo en su interior le lleva a seguir a una viandante, Montse, que en lugar de asustarse cuando él le dio la mano y le habló en inglés, le puso al móvil con su marido, Armando. El matrimonio lo acogió y acabaron siendo sus padres adoptivos.

“Si buscas la España racista, la vas encontrar. Prefiero pensar que son un grupo minoritario de personas con falta de formación e información y miedo a lo desconocido y al pobre. Son ignorantes o no conscientes de que los españoles tuvieron que emigrar en la guerra civil y otros europeos en la Segunda Guerra Mundial”.

Ousman defiende “alimentar mentes” a través de formación informática de las aulas que ha implantado en Ghana. Y defiende un modelo de cooperación internacional, basado en que cada individuo “actúe como si fuera el presidente o ministro de educación y en tener la humildad y respeto de preguntar a los africanos cómo podemos ayudarlos.” “Alimentar un estómago te sacia un día, educar una mente te quita el hambre más de cien años”, aseguró.

El inmigrante que llegó analfabeto y estudió dos carreras y un máster universitario

“El talento no tiene color, a veces en las noticias y en las redes sociales se leen informaciones sobre que los inmigrane africanos solo valemos para recoger fruta, cuando si se nos da la oportunidad valemos lo mismo o incluso más que un blanco europeo”. Ousman Ousman es un ejemplo de ello, ya que llegó a España siendo una MENA (Menor Acompañado de un Adulto), sin saber nada de español y analfabeto.

Con 17 años empezó a leer y escribir en dos lenguas que no conocía- castellano y catalán- y una década más tarde ya había conseguido superar el sistema educativo español y empezar estudios universitarios de Química -realizó los dos primeros cursos-. Completó su formación académica con el grado de Relaciones Públicas y Marketing y un máster en ESADE. “Si fuera blanco saldría en las noticias como un niño prodigio”, pero en su caso se le presenta como el africano que logró ser uno de los supervivientes en una travesía migratoria a Europa en la que murieron más de trescientas personas, según él mismo apunta.

Dieciséis años después de haber llegado a Barcelona, este emprendedor social comenta que en su país de origen casi le ven como un blanco. “Mi abuela me dijo que me había descolorido, y aqui soy el ngrito del África tropical”, bromeó.

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